El Periódico Sociedad

UN INVIERNO ATÍPICO

Las cigüeñas renuncian a emigrar

La disponibilidad de alimento en basureros y regadíos y las temperaturas suaves cambian los hábitos de la especie

Al menos 30.000 ejemplares pasan todo el año en España sin necesidad de invernar en África

Las cigüeñas renuncian a emigrar

RAMON GABRIEL

Cigüeñas en la catedral de Lleida, a principios de febrero. En el edificio habita de forma permanente una nutrida colonia.

Sábado, 13 de febrero del 2016 - 21:02 CET

La mayor disponibilidad de alimento, especialmente en basureros y cultivos de regadío, y las temperaturas suaves de los últimos años han cambiado las pautas migratorias de las cigüeñas en España: muchos ejemplares, especialmente los adultos, ya no realizan su tradicional viaje de ida y vuelta a África para pasar el invierno, sino que se desplazan solo unos pocos kilómetros o incluso se quedan siempre en el mismo lugar.

Tradicionalmente, las cigüeñas blancas (Ciconia ciconia) llegaban a la Península en febrero y se instalaban muy a menudo en el mismo nido, situado en un campanario, chimenea o edificio elevado. Empezaban el periodo de celo, criaban y en otoño regresaban a sus cuarteles de invernada en Senegal, Mali, sur de Mauritania y de Chad y otros países del Sahel, donde la abundancia de langosta y otros insectos les garantizaba la alimentación. Sin embargo, ahora les resulta más práctico permanecer en Europa que aventurarse a una migración de miles de kilómetros que incluye “los pasos del estrecho de Gibraltar y especialmente del Sáhara, que son unos 2.000 agotadores kilómetros con poco alimento”, explica Ana Bermejo, especialista del Centro de Migración de Aves de la asociación SEO-Birdlife. “Las cigüeñas son aves que pueden vivir 20 o 30 años -añade-. Y con la experiencia van aprendiendo que el viaje es un riesgo”.

Un análisis de SEO-Birdlife con 22 cigüeñas nidificantes en España, equipadas con un radiotransmisor, ha observado que 17 ejemplares, prácticamente el 80%, ya no realizan el paso del Estrecho, sino solo recorridos menores. “Por ejemplo -explica Bermejo-, hemos visto que una cigüeña marcada en Álava, bautizada como Felicia, pasa el invierno junto al vertedero de Valdemingómez, en Madrid. Y otra, de nombre Alba, que vuela desde León hasta Cádiz”. Violeta, por su parte, marcada en Huesca, inverna habitualmente en el vertedero de Montoliu, muy cerca de Lleida, a tan solo 50 kilómetros de su nido. Incluso ha habido dos ejemplares que no se han movido de su lugar de cría. En la catedral de Lleida, por ejemplo, está presente de forma permanente una nutrida colonia de cigüeñas “que se resisten a dejar el lugar pese a todos los esfuerzos del obispado por echarlas”, como explica la asociación Ipcena.

DE EUROPA A SEVILLA

En total, aunque no hay un censo reciente, se estima que puede haber actualmente unas 30.000 o 40.000 cigüeñas que pasan el invierno en España, 10 veces más que hace 20 años, aunque la cifra incluye también varios miles de los ejemplares que crían en el centro de Europa y que antiguamente invernaban en África (y ahora lo hacen en las Marismas del Guadalquivir, por ejemplo).

Sevilla es la provincia con más cigüeñas invernantes, seguida de Cádiz, Badajoz y Cáceres. En el caso de Catalunya, y al margen del núcleo de Lleida (Segrià y Pla d'Urgell), se observan ejemplares 'sedentarios' en los Aiguamolls de l'Empordà y zonas próximas, así como casos esporádicos en el delta del Ebro, Bages, Ribera d'Ebre, Gironès y Pla de l'Estany.

SEO mantiene una web donde es posible seguir los movimientos de numerosos ejemplares marcados. Para la asociación, estudiar con detalle los movimientos de las especies es "vital para el conocimiento y conservación, pues ayuda a detectar cambiar negativos en los ecosistemas y a mejorar la gestión de los espacios".

A diferencia de las golondrinas y otras aves muy sensibles al frío, las cigüeñas están acostumbradas a las heladas tardías de febrero y marzo. Su plumaje las protege. “Más que las temperaturas y el cambio climático, la clave es la disponibilidad de alimento, aunque obviamente hay más comida cuanto mejores son las condiciones climáticas”, dice Bermejo.

ALIMENTACIÓN POCO SELECTIVA

En su dieta destacan todo tipo de vertebrados pequeños, desde lagartijas hasta sapos y ratones, así como gusanos y crustáceos. “El cangrejo rojo americano, introducido en España hace pocas décadas, ahora muy habitual en los arrozales y otras zonas húmedas, se ha convertido en parte importante de su alimentación”, concluye la especialista de SEO-Birdlife. Tampoco le hace ascos a cualquier trozo de comida que pueda aparecer en basureros, instalaciones en las que es posible llegar a ver juntas centenares de cigüeñas.

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