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EL MALTRATO A LOS INMIGRANTES EN GRECIA

Cárceles del tercer mundo

Los inmigrantes retenidos en centros griegos sufren vejaciones y palizas mientras malviven sin agua caliente, calefacción ni medicinas

La ONU ha condenado este «trato denigrante»

Sábado, 15 de diciembre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
ANDRÉS MOURENZA
CORINTO

Al joven argelino Fauzi le castañean los dientes al hablar. Fuera de la celda del centro de detención de Corinto en el que está preso, el mercurio oscila entre los 2 y los 15 grados; dentro la temperatura no es mucho más alta a pesar de que los reclusos tratan de cerrar los huecos de las ventanas con trozos de gomaespuma arrancados de sus colchones. No hay calefacción, ni agua caliente. «Porque no tenemos fondos y las compañías no nos fían», se defiende el policía al mando, Vassilios Stavropulos.

Cama con plásticos en Corinto. ANDRÉS MOURENZA

Desconfianza 8 Varios inmigrantes esperan para recibir turno ante las oficinas de inmigración en Atenas. ANDRÉS MOURENZA

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Información publicada en la página 14 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 15 de diciembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

No es extraño que Fauzi tenga frío. Cuando hace dos meses lo arrestaron, caminaba en chancletas y vestía pantalón corto y camisa. Sigue así, no le permitieron recoger sus pertenencias del hotel donde se hospedaba. Es la situación de la mayoría de detenidos, aunque peor lo tiene el afgano Lio Kat, de apenas 18 años: perdió su ropa y se cubre con una camiseta de tirantes y una toalla de manos.

Desde el inicio de la legislatura y tratando de contener el auge del partido neonazi Amanecer Dorado, el primer ministro conservador, Antonis Samarás, prometió mano dura contra los inmigrantes, a los que definió como «tiranos» de la sociedad griega. Así se puso en marcha la operación Zeus Patrón de la Hospitalidad bajo la cual se ha arrestado a 4.092 inmigrantes. Los detenidos, que no habían cometido otra infracción que la de no tener documentos en regla, han sido alojados, en espera de la deportación, en centros equivalentes a los CIE españoles. Pero como son muchos y Grecia no tiene dinero para casi nada -menos aún para construir nuevos edificios-, los hacinan en viejos cuarteles e incluso almacenes. «Son lugares donde uno no querría pasar más de una hora», critica el relator especial de la ONU, François Crepeau, que además denuncia que a los inmigrantes detenidos «no se les informa de sus derechos ni de lo que les va a pasar ni tienen acceso a abogados».

En el centro de Corinto -que este periodista visitó junto a una delegación parlamentaria- hay unos 800 inmigrantes que viven repartidos, en grupos de entre 60 y 80, en celdas de unos 120 metros cuadrados con un solo cuarto de baño. Allá deben permanecer encerrados 23 horas al día, pues solo les dejan una para salir al patio. «Todos estamos muy débiles o enfermos. No tenemos suficiente comida y es muy mala», se queja el bangladesí Hassan. Lo confirma el abogado, Spyros Kulojeris: «A veces los inmigrantes exageran, pero en este caso tienen razón, la comida es de muy mala calidad».

La atención médica brilla por su ausencia, a pesar de que en la visita, el jefe de policía Stavropulos asegura que un equipo de Keelpno -organismo encargado de la contención de enfermedades infecciosas- acude cada día. «Casualmente hoy no han venido», se justifica.

Réplica policial

«Tengo problemas de estómago y pedí medicinas a los policías que nos custodian», relata Mohammed: «Pero me respondieron: 'Para vosotros no tenemos nada, porque sois como animales'». Según los inmigrantes, los maltratos y vejaciones están al orden del día, incluyendo palizas ocasionales, algo que la dirección niega.

«Las condiciones de los demás centros son parecidas, incluso peores», asegura la diputada Afroditi Stambuli, de Syriza, que ha visitado varios. Según un informe de Human Rights Watch, en el centro de detención de Fylakio «las aguas residuales corren por el suelo y el olor es difícil de soportar. Los guardas griegos usan mascarilla». En los de Tychero y Vena, también en el norte de Grecia, se les hace dormir sobre cartones o en el suelo.

Otro de los problemas es que Grecia encierra en las mismas celdas a menores de edad y a adultos, lo que contraviene la Convención de los Derechos del Niño. En Corinto había varias decenas hasta que, la noche anterior a la visita parlamentaria, Stavrópulos ordenó enviarlos a Atenas.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha condenado en repetidas ocasiones a Grecia por violar en sus centros de detención las convenciones que prohíben «la tortura» y «los tratos o castigos inhumanos o degradantes», pero el Gobierno no se da por aludido. La única respuesta, del ministro del Interior, ha sido que el estado de estos centros es «excelente».

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