El Periódico

Binyamin Netanyahu, el puño de hierro de Israel

Con la destrucción de Gaza, el primer ministro certifica el fin del plan de los dos estados.

JOAN CAÑETE BAYLE
BARCELONA

Domingo, 27 de julio del 2014

No puede hablarse de Binyamin Netanyahu (Tel-Aviv, 1949) sin hablar de Benzion Netanyahu (Varsovia, 1910-Jerusalén, 2012) el historiador cuya feroz visión del sionismo forjó a fuego la figura política de su hijo. Especialista en la Inquisición y la expulsión de los judíos en España y discípulo de Zeev Jabotinsky, Benzion Netanyahu fue un destacado sionista revisionista, corriente ideológica de extrema derecha que sostiene que solo la fuerza garantizará la existencia de Israel. Jabotinsky lo plasmó en su teoría del Muro de Hierro: ya que los palestinos no aceptarán nunca la colonización sionista, hay que usar la violencia tan fuerte y durante tanto tiempo como sea necesario para someterlos, hasta que vean que la resistencia es fútil. Lo de Gaza -el castigo colectivo, las muertes, la destrucción- no es más que la plasmación práctica de la doctrina.

Nada dice más sobre la radicalización de Israel que el hecho de que hoy pueda escribirse sin (excesivo) sonrojo que Netanyahu (hijo) no es el más radical y belicista de los políticos que forman el Gobierno. Tras servir en el Ejército como capitán de una unidad de élite (la misma en la que moriría su hermano Jonathan en la operación de rescate de rehenes de un avión secuestrado en Entebbe) y formarse en EEUU, la carrera de Netanyahu fue meteórica: en 1996 fue el primer ministro más joven de la historia de Israel. Tras volver al cargo en el 2009, Netanyahu va camino de ser el primer ministro más longevo en el cargo, superando a Ben Gurion.

Manipulador

Si uno les pregunta por Netanyahu a israelís de todo pelaje el retrato no suele ser halagüeño: egocéntrico, manipulador, enamorado de sí mismo, elitista («el rey de Israel», lo llamó una vez la revista Time)... Quién es en realidad Netanyahu ha sido una pregunta recurrente en la arena política israelí durante años, dada su tendencia al politiqueo. Conservador, durante un tiempo coqueteó con los neocon, pero su ideología no es estadounidense: es eminentemente israelí. Netanyahu se ve a sí mismo como el guardián de Israel, y a Israel como un Estado bajo eterna amenaza en la vanguardia de la lucha contra el fanatismo islámico. Por ese motivo se opuso a los acuerdos de Oslo en los 90 (pese al desafortunado acuerdo de Hebrón con Arafat) , a la retirada de Gaza en el 2005 y ha maniobrado toda su carrera para impedir la creación de un Estado palestino. Lo de los israelís con él tal vez no sea amor verdadero, pero hoy Netanyahu es el rostro que mejor representa un país en deriva extremista y sin complejos a la hora de ejercer su puño de hierro, en Gaza y en el día a día de la ocupación de los territorios.

Todo político israelí es hábil en los regates retóricos. Bajo presión de Washington Netanyahu dijo aceptar en el 2009 los dos estados. Ahora bien, añade, esa solución no es posible. No lo es entre otros motivos porque a través de la construcción sin parar de asentamientos en Cisjordania y el puño de hierro de la ocupación, el proceso negociador impulsado por el voluntarista John Kerry no llegó a ningún lado. Netanyahu no mató la solución de los dos estados: la remató, la enterró y echó las llaves al Mediterráneo frente a la costa de Gaza. Misión cumplida: nadie quiere, argumenta, que Cisjordania se convierta en otra Gaza desde donde los palestinos atacan Israel.

La pregunta, claro, es qué será de Israel sin los dos estados. Un estado de apartheid con ciudadanos de primera (judíos) y de segunda (árabes), advierten propios (el centroizquierda sionista) y extraños (John Kerry). No parece importarle esto a Netanyahu: para eso está el muro de hierro.

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