El Periódico

ESCÁNDALO EN EEUU

Agua tóxica para una ciudad pobre

Los habitantes de Flint, en Michigan, han estado expuestos a una fuente contaminada por la decisión del gobernador republicano de ahorrar dinero

Las autoridades han declarado el estado de emergencia y ahora deberán revisar el estado de salud de 8.600 niños

Agua tóxica para una ciudad pobre

AP / SARAH RICE

Efectivos de la Guardia Nacional reparten agua embotellada a los habitantes de Flint.

Viernes, 22 de enero del 2016 - 12:13 CET

 El río Flint a su paso cerca del centro de la ciudad.

Michael Moore presentó Flint (Michigan) al mundo en 'Roger & Me', el documental de 1989 en el que abordaba las terribles consecuencias sociales generadas en su ciudad natal por la decisión de General Motors de trasladar miles de empleos a México en un momento en que los beneficios del fabricante de coches estaban por las nubes.

Aquel golpe agudizó la desindustrialización de Flint, una localidad que ha perdido la mitad de su habitantes desde 1960. A medida que volaban los empleos, se marchaban las clases medias blancas y hoy es un reducto mayoritariamente negro y arruinado, donde el 41% de sus vecinos vive bajo el umbral de la pobreza. Uno de los muchos cadáveres industriales del llamado Cinturón del Óxido, como Detroit (Michigan), Gary (Indiana) o Camden (Nueva Jersey).

En medio de ese paisaje de casas abandonadas, jardines colonizados por la maleza y puentes corroídos, se ha gestado una crisis de salud pública que finalmente ha llevado al Gobierno federal y al estatal a declarar el estado de emergencia.

En abril del 2014, un gestor financiero nombrado por el gobernador republicano de Michigan para restaurar la salud financiera de la ciudad decidió cambiar la fuente del suministro de agua para ahorrar unos cuantos millones de dólares.

Flint dejó de abastecerse del lago Hurón para extraer el agua del río Flint, conocido por su contaminación. Estudios previos habían concluido que para potabilizar su caudal era necesario tratarlo con agentes anticorrosivos, pero la agencia medioambiental de Michigan decidió que los 100 dólares diarios que hubiera costado la operación de limpieza representaban un coste demasiado elevado.

VIEJAS CAÑERÍAS

Como resultado, el plomo de las viejas cañerías empezó a filtrarse en el agua que llegaba a las casas y, aunque los vecinos no tardaron en quejarse del líquido amarillento que salía de sus grifos, de su extraño sabor y de su olor punzante, las autoridades les ignoraron.

Un ayudante del gobernador Rick Snyder llegó referirse despectivamente a quienes cuestionaban la calidad del agua como “un grupo anti-todo”, mientras se acusaba a otros de convertir el tema en un “arma política arrojadiza”, según los correos y memorandos internos hechos públicos esta misma semana por el gobernador.

Su administración acabó rindiéndose a la evidencia en septiembre del año pasado, cuando un hospital local concluyó que que la proporción de niños con elevados niveles de plomo en la sangre se había doblado desde que Flint cambió su fuente de abastecimiento de agua.

Un mes después, la ciudad volvió a conectarse al lago Hurón, dependiente de la red de Detroit. Muchos piensan, sin embargo, que el daño ya esta hecho y no se descarta que la erosión causada en las cañerías esté todavía contaminando el agua.

El riesgo es considerable. Según la Organización Mundial de la Salud, el plomo afecta al desarrollo del cerebro de los niños, reduciendo su coeficiente intelectual; genera cambios de conducta como la dificultad para concentrarse, y fomenta los comportamientos antisociales.

ABORTOS NATURALES

En las madres embarazadas, “puede provocar abortos naturales, nacimientos prematuros o pérdida fetal”. Aunque no se sabe exactamente cuántos niños han sido expuestos al plomo, el departamento de Salud de Michigan considera que para hacer frente a la crisis hay que tratar a los 8.600 menores de seis años que hay en la ciudad como si hubieran estado expuestos. Flint tiene 100.000 habitantes.

El pasado 5 de enero el gobernador Snyder declaró el estado de emergencia y una semana después la Guardia Nacional empezó a distribuir agua embotellada y filtros entre la población. Más tarde lo hizo el Gobierno federal, que ha desembolsado cinco millones de dólares en ayudas. “Lo siento y lo voy a arreglar”, dijo Snyder la semana pasada en su discurso repleto de muestras de contricción. “El Gobierno os ha fallado a escala federal, estatal y local”, añadió el republicano.

Son muchos los que han pedido su cabeza a medida que la crisis se insertaba en la conversación nacional para convertirse en un símbolo de la desidia gubernamental hacia la comunidades pobres y mayoritariamente negras. O de lo que sucede cuando las agencias públicas, a menudo infrafinanciadas por la tendencia de los conservadores a recortar lo público, dejan de hacer su trabajo.

En el debate entre los candidatos demócratas a la presidencia del pasado domingo, Hillary Clinton dedicó a la crisis de Flint sus palabras finales. “Le pidieron ayuda pero básicamente se dedicó a obstruirla”, dijo refiriéndose al gobernador Snyder. “Os diré una cosa, si los niños de un suburbio rico de Detroit hubieran estado bebiendo y bañándose en agua contaminada, se hubieran tomado medidas”.

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