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Ignacio Escolar

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Ignacio Escolar

Periodista

El indulto: abuso de poder cotidiano

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Domingo, 25 de noviembre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto

Se supone que el indulto en un Estado democrático es una medida de gracia ocasional y puntual. Será en el extranjero, porque en España hay más indultos que días. Literalmente. En lo que va de año, el Gobierno de Rajoy ya ha aprobado 444 indultos. No es una excepción, es la norma: somos uno de los países occidentales donde el Gobierno más abusa de esta prerrogativa arbitraria. Desde 1977 ya llevamos 17.620 indultos, siempre según los datos del BOE. Entre los perdonados está lo mejor de cada casa: golpistas del 23-F, terroristas de los GAL, políticos corruptos, jueces prevaricadores, grandes empresarios y banqueros defraudadores, narcotraficantes… Es una media de 480 al año.

Imagen de archivo de un grupo de mossos ALEJANDRO GARCÍA / EFE

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Información publicada en la página 12 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 25 de noviembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Zapatero concedió 3.226 durante sus dos legislaturas mientras que Aznar -plusmarquista nacional- casi dobló este número, con 5.916 indultos. Por comparar, George W. Bush aprobó en ocho años solo 200 indultos en EEUU, un país casi siete veces más grande que España (aunque hay algunos delitos que pueden indultar los gobernadores de cada estado). Hay democracias, como Reino Unido, donde el indulto es aún más inusual y solo se concede cuando el condenado ya ha cumplido una parte de su sentencia.

Los últimos indultados han sido cuatro torturadores. El Gobierno, tan magnánimo en estos casos, les ha cambiado la cárcel por una multa de 7.300 euros, en cómodos plazos de 10 euros al día. Es la pena -por llamarla de alguna manera- que pagarán los cuatro mossos condenados por torturar a un ciudadano al que confundieron con un atracador: asaltaron su casa, le detuvieron ilegalmente, le apalearon y le pusieron una pistola en la boca amenazando con disparar. La Justicia les condenó a cárcel, pero el Consejo de Ministros ha decidido indultarlos; lo ha hecho dos veces, para dejar claro quién manda, a pesar de que la Audiencia de Barcelona insistió en que debían

ser encarcelados. Estos cuatro torturadores no solo no han pasado ni un solo día entre rejas, sino que siguen vistiendo el uniforme. Cualquier día se podrán cruzar con ellos por las calles de Barcelona.

¿Hay impunidad ante los abusos policiales? Sí, es evidente: generalizada y sistemática. Es más fácil hallar en España a un torturador indultado -entre mossos, policías y guardias civiles condenados- que a uno que haya pisado la cárcel.

¿La razón? Que la mayor parte de las denuncias no se investigan, como critican Human Rights Watch y la ONU en sus informes sobre tortura en España. Que la mayor parte de las investigaciones que llegan al juzgado no prosperan. Y que cuando al fin hay una condena, en aquellos casos en los que las pruebas son palmarias, el Gobierno saca su último as de la manga y recurre al indulto: una figura legal tan abusiva, medieval y poco democrática como el derecho de pernada.

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