El Periódico Sociedad

Deberes con cabeza

Los parlamentos de Madrid, Murcia, Canarias y Cantabria han abierto debates sobre la racionalización de las tareas escolares

Los maestros son cada vez más partidarios de que las vacaciones se destinen a leer o a actividades de ocio educativo en familia

Deberes con cabeza

JOSÉ LUIS ROCA

Eva Bailén, autora de 'Cómo sobrevivir a los deberes de tu hijo', en su domicilio en Madrid.

MARÍA JESÚS IBÁÑEZ / BARCELONA

Sábado, 10 de septiembre del 2016 - 18:34 CEST

Cuando a Diego, que entonces estudiaba quinto de primaria, le mandaron deberes un día en que, por la mañana, acababa de tener un examen, su madre estalló. “¡Aquello no tenía ningún sentido!”, protesta la progenitora. “Puedo comprender que hay ocasiones en que los niños necesiten repasar en casa algún tema que les hayan explicado en clase, porque tienen que reforzar los conocimientos o para acabar de dominar determinadas mecánicas... Pero después de un día de exámenes me parece que poner deberes tiene más de castigo que de beneficio pedagógico”, exclama.

La madre de Diego es Eva Bailén, la madrileña que se hizo popular el año pasado en toda España por haber recogido más de 200.000 firmas de apoyo en internet en contra de que las escuelas asignen un volumen desproporcionado de tareas a los alumnos para que las hagan en casa. Bailén, que es ingeniera en telecomunicaciones y ha hecho muchos deberes en su vida, ya ha conseguido que algunos parlamentos autonómicos, como el de la Comunidad de Madrid, el de Cantabria, el de Murcia y el de Canarias, “se estén planteando iniciativas para exigir la racionalización de los deberes”, señala.

En Catalunya, donde la iniciativa para limitar las tareas escolares que presentó en junio pasado el grupo de Ciutadans en el Parlament fue rechazada con los votos en contra de Junts pel Sí y el PP, son las propias escuelas -y muchos maestros a título particular- los que están reduciendo la presión sobre los estudiantes y sobre sus familias. A falta de datos oficiales, fuentes del sector editorial confiesan, por ejemplo, que en los dos últimos veranos las ventas de cuadernillos de deberes estivales han caído en torno al 75%.

Las editoriales calculan que las ventas de cuadernos de ejercicios estivales han descendido un 75% los últimos dos años en Catalunya

A cambio, los docentes recomiendan a los niños que aprovechen el verano realizando actividades de ocio educativo, que apliquen lo aprendido durante el curso en su día a día y que lean, sobre todo que lean. “El aprendizaje está en todas partes, los niños pueden aprender saliendo a dar un paseo, yendo a comprar a una tienda cercana o ayudando a sus padres en la cocina”, ilustraba recientemente Maria Vinuesa, maestra y miembro de la ejecutiva de la asociación Rosa Sensat.

DESACONSEJADOS POR RAZONES DE SALUD

Organismos internacionales como la OMS han llegado a emitir informes alertando de los efectos negativos (dolores de cabeza, malestar abdominal, dolores de espalda, mareos) que puede ocasionar un exceso de deberes en los menores, mientras que la OCDE avisa de que estas tareas contribuyen a aumentar las diferencias entre los alumnos ricos y los alumnos pobres. Países como Francia los tienen prohibidos y en sistemas educactivos de referencia, como Finlandia y Corea del Sur, se les dedican poco más de dos horas semanales, frente a las seis horas y media que destinan de promedio los estudiantes españoles.

“El problema es que aquí no existe un criterio o protocolo y cada profesor puede hacer y deshacer como buenamente quiera”, observa Bailén, que acaba de publicar un libro, 'Cómo sobrevivir a los deberes de tu hijo' (Editorial Planeta), donde narra su experiencia y argumenta cómo debería regularse esta cuestión. “Evidentemente, hay niños y niños, cada uno con motivaciones muy distintas, y los deberes, impuestos bajo un mismo rasero para todos, pueden tener un impacto muy distinto sobre cada persona”, reflexiona.

Los partidarios de que los escolares trabajen un rato en casa, en horario extraescolar, alegan que, en su justa medida, los deberes ayudan al niño a acabar de consolidar conocimientos adquiridos en clase. Pueden consistir, sugieren, en ciertos ejercicios mecánicos o de memorización. También ayudan a que el menor adquiera compromisos y pequeñas responsabilidades. Este proceso, agregan los expertos, ha de ser gradual, según la edad y la madurez de los chicos. Para los alumnos más mayores, con más deberes, el objetivo es también saber organizarse, "que sean capaces de distribuir su tiempo y de estudiar en solitario".

"Es que no estamos hablando tampoco de una supresión, estamos hablando de una mayor coordinación en la asignación de tareas y que no supongan, al final, un quebradero de cabeza para toda la familia", propugna Eva Bailén.

Padres que ayudan y padres que perjudican

Que un padre ayude a su hijo pequeño a aprenderse las tablas de multiplicar o que le acompañe mientras lee y le haga un pequeño dictado es, hasta cierto punto, recomendable. Pero cuando la intervención de los padres llega hasta la secundaria, la cuestión es ya preocupante.

"Hay estudiantes de ESO que solo hacen los deberes si están con sus padres... Y cuando a estos les preguntamos por qué ceden y no dejan que los chavales se espabilen por sí mismos, han respondido que llevan tanto tiempo haciendo los deberes juntos que ya no saben cómo romper con esa rutina", contaba en un reportaje publicado por este diario el pasado abril la educadora Cristina Gutiérrez, directora de La Granja Escola de Santa Maria de Palautordera, por la que pasan unos 10.000 alumnos cada año.

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