Con el ritmo de crecimiento actual del desempleo, en el primer trimestre de este año se llegará a un nuevo hito en el paro juvenil. El riesgo es que la tasa alcance el 50% o que incluso haya más jóvenes en paro que trabajando. De hecho, ya hay seis autonomías en las que el paro juvenil supera el 50%.
Puede ser la constatación de que España ha perdido una generación laboral, según las advertencias de los expertos y de organismos internacionales. Desde el inicio de la crisis en el 2008, la tasa de desempleo de los menores de 25 años ha pasado del 21,2% al 48,56%, un nivel calificado de "escalofriante" por el sindicato Acció Jove CCOO.
Este problema laboral y social ha causado alarma más allá de las fronteras españolas, hasta el punto de que el FMI, la OCDE y la Comisión Europea han instado al Ejecutivo a buscar soluciones para los 884.100 jóvenes en paro. La respuesta del Gobierno de Mariano Rajoy ha sido anunciar una nueva fórmula de contrato formativo, próximo a la figura del aprendiz, que se aprobará en la reforma laboral en ciernes.
Sin embargo, el reto principal será recolocar a unos 114.700 jóvenes de 20 a 24 años que solo tienen estudios primarios y a otros 7.000 que ni siquiera los han acabado. Otros 244.700 jóvenes han llegado a la primera etapa de la enseñanza secundaria. Una buena parte de todos ellos se dejaron seducir por unas nóminas generosas conseguidas en los tiempos de bonanza del sector de la construcción. Al pinchar la burbuja inmobiliaria, se han quedado colgados, sin empleo y sin formación, al ser víctimas también de un abultado índice de abandono escolar del 30% de los alumnos. Solo Malta y Portugal tienen peores resultados en los índices de abandono temprano de los estudios, según destaca un estudio sobre el paro juvenil del BBVA.
"Abandonar el sistema educativo antes de completar la enseñanza secundaria superior dificulta la transición al empleo de los jóvenes y conlleva repercusiones negativas y persistentes sobre su carrera laboral", advierte el estudio.
Entre las pocas políticas activas que el informe considera útiles, se encuentran los programas de cualificación profesional inicial, una fórmula mixta entre la formación reglada y la destinada a los parados. Las escasas plazas disponibles en estos programas reciben una gran cantidad de solicitudes que obligan a seleccionar a los candidatos. El centro de formación Cal Molins, del Ayuntamiento de Sabadell, forma este año a 64 jóvenes, de 16 a 21 años, escogidos entre 350 solicitantes.
La tarea principal es conseguir que dejen de ser unos ni-ni, jóvenes que ni estudian ni trabajan, para invertir en su futuro aprendiendo un oficio con un título de grado formativo de nivel uno. "Aquí los jóvenes aprenden a trabajar con hábitos básicos y se reenganchan con los estudios abandonados de una forma más dinámica", afirma Francis Zanuy, responsable de formación en el consistorio de Sabadell.