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LA FALTA DE REACCIÓN DE LOS GOBIERNOS

Palabras de doble filo

Los políticos siembre han puesto paños calientes al desempleo, pero la realidad les ha desmentido

Montoro exigió al PSOE que pidiera perdón cuando se rozaban los cinco millones

Viernes, 25 de enero del 2013 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
MERCEDES JANSA
MADRID

Entre el «nunca llegaremos a cuatro millones de parados» de Celestino Corbacho (PSOE) en el 2009 y el «hay señales esperanzadoras, estamos saliendo de la crisis» de la ministra de Empleo Fátima Báñez (PP) de octubre pasado, han pasado tres años, dos gobiernos de color político distinto en España y, sobre todo, una cifra: hay 1.638.900 parados más.

Colas de parados 8 Oficina de Treball de la calle Sepúlveda de Barcelona. DANNY CAMINAL

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Información publicada en la página 6 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 25 de enero de 2013 VER ARCHIVO (.PDF)

Los políticos de todo signo han jugado, dialécticamente hablando, con los datos del paro según convenía a la coyuntura, por lo que sus palabras resisten mal el paso del tiempo en las hemerotecas. Los dirigentes del PSOE y el PP llevan todos los años de la crisis poniendo paños calientes en el tobogán del paro y retrasando la solución al segundo semestre del próximo año, sea cual sea este.

La recuperación

Celestino Corbacho, al que se consideró un ministro quemado cuando el paro no llegaba a cuatro millones, aseguraba en septiembre del 2010: «La crisis ya no es destructora de empleo por sí misma». Meses antes había fijado en el segundo semestre de ese año «no ya la salida sino la recuperación de la crisis económica».

En el 2010, la vicepresidenta del Gobierno, Elena Salgado, una de las más entusiastas seguidoras del optimismo de Zapatero, afirmaba: «Hay indicios de que nuestra economía mejora». Un año después, mayo del 2011, su entusiasmo se disparaba hasta detectar los famosos «brotes verdes».

Valeriano Gómez fue el ministro que más rápidamente se dio cuenta de que el optimismo era una impostura, pese a considerar que el paro había «tocado fondo» cuando se llegó al techo de cinco millones de desempleados. Después empezó a resituarse y en octubre del 2011 ya consideraba que el dato del paro era «malo, sin ambages». Pero un año después, en plena campaña electoral, no le quedaba más remedio que decir que la salida de la crisis estaba «más lejos».

Para entonces el PP, sintiéndose ganador, y en concreto Cristóbal Montoro, exigía al PSOE que pidiera perdón por el elevado paro mientras que el siempre cauto Mariano Rajoy señalaba que los datos eran «insoportables e inaceptables» y que acabar con el desempleo sería su «primer objetivo».

La pugna política en Catalunya, con dos elecciones en este periodo, sembró la escalada del paro de suculentas promesas rápidamente caducadas. Mas prometió reducir el desempleo «a la mitad» en los cuatro años de su primera legislatura, y su 'conseller' de Empresa i Ocupació, Francesc Xavier Mena, apostilló: «Me sentiré fracasado si no se consigue este objetivo».

Más recortes

La legislatura catalana del 2010 empezó con recortes en el sector público, como las del resto de España, que ahondaron en el paro. Al cierre del 2011 Catalunya sumó 51.500 desempleados más (9,1%), un incremento superior a la media de España, por lo que Mas no tuvo más remedio que reconocer que su promesa se iba a convertir en humo. «Veo difícil llevar el paro a la mitad», aseveró como balance del primer año de su mandato a la vez que animó a «repartir el trabajo disponible».

Mena, no obstante, mantuvo el optimismo. Ante unas 1.000 nuevas contrataciones dijo que en Catalunya se había roto «con la inercia de la destrucción de la economía catalana» y se establecía de nuevo «una tendencia positiva a medio y largo plazo».

No lo debía ver así el 'president' Mas, ya que dos meses después, en febrero del año pasado, en una entrevista en el 'Frankfurter Allgemeine' acusaba al Gobierno de Rajoy de no mostrar toda la realidad en la estadísticas del paro por lo que él se aprestaba a iluminar la oscuridad: «Las cifras están infladas por dos motivos: hay muchos españoles que trabajan en la economía sumergida y además se tiene en cuenta a colectivos que no buscan trabajo como los prejubilados».

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