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Gente corriente

Elisabet Fitó: "Nada estresa más que ver tu apellido en el envase"

Empresaria. Es la cara más social del negocio familiar de semillas que su tatarabuelo inició en 1880.

Sábado, 22 de noviembre del 2014

La pequeña de la estirpe de los Fitó tiene su despacho en la sede de la empresa familiar, que se levanta sobre los antiguos campos del Poblenou de Barcelona donde su tatarabuelo inició un pequeño negocio de venta de semillas. Hoy Semillas Fitó tiene 500 trabajadores y factura 80 millones. Sus semillas de berenjena, pimiento, tomate, melón, pepino y calabacín abastecen desde Europa hasta los países árabes, Turquía y México y el césped de los campos de la Liga de primera división procede de sus laboratorios.

-Dirige la línea de hobby de la empresa de su padre. ¿Le ha dado algún consejo?

-Él me ha dado el ejemplo de su compromiso, pero quizá me ha marcado más mi madre como mujer que ha tenido cuatro hijos estando en una posición directiva. Los dos me han transmitido que el éxito profesional va ligado al personal. Su prioridad era la familia. Pasara lo que pasara, a las ocho en punto siempre cenábamos todos juntos.

-¿Cómo le influye trabajar en el mismo lugar donde empezó su tatarabuelo?

-Soy la quinta generación y me siento llamada a continuar la saga familiar. Siempre he tenido una inclinación social y al terminar Esade trabajé en un proyecto de desarrollo en Bolivia y en Médicos sin Fronteras. Estoy convencida de que buscar la rentabilidad económica es compatible con producir un impacto social positivo.

-¿La ética no es un gancho para vender?

-Obviamente no somos una oenegé, pero la óptica a largo plazo y la responsabilidad social forman parte del ADN de la empresa familiar. Competimos con multinacionales en las que el compromiso y la responsabilidad están diluidos. Tú no sabes quién es el señor Monsanto, pero nuestros clientes saben que siempre nos pueden llamar. ¡Nada estresa más que ver tu apellido en el envase!

-¿Trabajan con transgénicos?

-No, mi padre apostó por la mejora vegetal a través de la selección manual y con ayuda de la biotecnología. Le contaré una historia simpática... Después de la guerra civil, en España había escasez de alimentos y Argentina nos envió barcos cargados de judías verdes. Era una variedad más corta y sabrosa que la que se consumía aquí y la gente empezó a pedir «mongeta perona». Era como se llamaba popularmente, por Perón.

-Caramba, no tenía ni idea.

-Mi padre empezó a seleccionar la judía perona. Se plantaban las semillas, se cultivaban las plantas y se guardaban las mejores vainas para replantar. Y así un año tras otro hasta lograr el mejor producto, que patentó con el nombre de judía perolar.

-¿Y por qué los tomates no tienen sabor?

-Durante años la selección se ha hecho pensando en el agricultor, que quería sacar el máximo rendimiento de sus plantas y obtener tomates duraderos. En este proceso se ignoró al consumidor y se sacrificó el sabor. Nosotros somos una de las empresas que investigamos para recuperarlo.

-¿Qué diría su tatarabuelo si viera los kits de iniciación a la jardinería que ha sacado al mercado bajo el nombre de Sembra?

-No lo sé, pero cuando planteé la idea a la empresa causó algo de alboroto porque nuestro mercado son los invernaderos de Almería. Pero yo veía que había gente novata de ciudad que quería iniciarse en la jardinería y no sabía cómo. Por eso puse en una caja todo lo que usa un agricultor profesional: tierra, semillas y recipientes, más un manual de instrucciones. ¡Las plantas salen de verdad! Es un producto que permite trabajar valores como la paciencia y la constancia y sería muy útil en personas con trastornos psiquiátricos y alimentarios.

-Fuera del sector, Fitó es poco conocido.

-La discreción es propia de la empresa familiar catalana. Este tipo de entrevista personal es insólita en esta casa. Yo soy el primer miembro de la familia que lo hace.

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