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GENTE DE LES CORTS / Licenciada en Bellas Artes. Voluntaria de cáritas

Cristina Castillo: «En el lumpen hay gente maravillosa»

Cristina Castillo (Zaragoza, 1948) estudió Bellas Artes y ha trabajado siempre en educación a distancia. Ya jubilada, dedica unas horas a la semana a repartir ropa y alimentos a los que cada vez más necesitan esta ayuda.
CARME ESCALES
BARCELONA

Miércoles, 9 de enero del 2013

Altruista 8Castillo presume de sentirse bien ayudando a los demás.

Subida a un andamio junto al altar de la Mercè que restauraba en el interior de la iglesia de Sant Ramon Nonat, Cristina Castillo vio entrar a alguien. En silencio y sin ser vista, reconoció a una gitana con sombrero que había visto alguna vez bailando en la Rambla y pidiendo limosna. Aquel día, la mujer entró en el templo de Les Corts, se situó frente a la virgen de Montserrat y se puso a bailar.

-¿Qué sintió cuando vio aquello?

-Aquel día tuve una medio conversión. Yo soy católica practicante, pero también tuve, a los 24 o 25 años, mi separación de la Iglesia. En esa edad fui muy crítica y veía a la institución carca. Hasta que, ya cuando mis hijos fueron mayores, una amiga del barrio me comentó que buscaban a alguien para restaurar unas pinturas de la iglesia. Y me ofrecí para hacerlo altruistamente. Desde dentro, me di cuenta de que no siempre se ve lo que la Iglesia hace por la gente. Y el baile de aquella mujer me acabó de mostrar el sentido de la fe. Y me empecé a involucrar.

-Pero, aunque la Iglesia ayude, mucha gente es reacia a la institución.

-Sí... Eso frena y mucho. Recuerdo una nevada en la que hicimos entrar a la gente a la iglesia a refugiarse porque había una cola inmensa y fuera hacía mucho frío. Pues hubo gente que no quiso entrar.

-Su espiritualidad se ha traducido en acción.

-Yo siempre he sido mucho más activa que pasiva. Y en Cáritas encontré mi manera de poner en acción mi vida espiritual. Empecé en el programa Ayúdate ayudando, que anima a coser o pintar a mujeres mayores y lo que hacen se vende en Navidad.

-Y ayuda con ropa y comida.

-Sí. Desde hace 15 años que Cáritas reparte ropa desde esta parroquia dos días a la semana y, alimentos, todas las semanas.

-¿Todas familias son del barrio?

-Nuestra parroquia abarca el barrio de La Maternitat i Sant Ramon, en Barcelona, y una parte de la ciudad de L'Hospitalet de Llobregat. Las asistentes sociales de cada lugar y la de Cáritas nos envían a la gente. Y si llega alguna mujer embarazada, por ejemplo, que no sea de esta jurisdicción parroquial, también le damos ropa.

-¿A cuántas personas atienden?

-A unas 250 familias al mes, unas 600 personas. Cuando empecé, eran solo unas 30 o 40 familias al mes.

-¿El perfil también ha cambiado?

-Sí. Ahora en la cola no hay solo pañuelitos de mujeres árabes o latinas, hoy hay muchas personas de aquí, catalanas.

-¿Cuál es el momento que más aprecia en esta labor altruista?

-Venir aquí me anima muchísimo. Pero uno de los momentos más gratificantes es cuando entregas un cochecito de bebé a una madre que carga a su recién nacido. En eso momento le entregas una gran libertad. Esa cara de alegría emociona. También es enormemente satisfactorio cuando te vienen a contar que han encontrado trabajo. Tú te alegras con ellos, no por ello, porque tú vives sus problemas, te das cuenta de que son reales y también descubres que en el lumpen de nuestra sociedad hay gente maravillosa.

-¿No se lleva a casa los problemas de los demás?

-Es muy difícil dejarlos en la puerta. Con el tiempo, me he dado cuenta de que ahora, pensando en todos ellos, me reprimo de comprarme algunos artículos que son muy caros.

-¿Es difícil encontrar voluntarios?

-La mayoría somos jubilados. Sí hay quien quiere ayudar, pero la solidaridad también pide compromiso.

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