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Canción triste de...

Una veintena de jóvenes del Raval llevan al escenario su visión del abuso policial

La obra participará en verano en un festival europeo

ÓSCAR HERNÁNDEZ
BARCELONA

Miércoles, 16 de abril del 2014

'Operación salfumán' 8 Ensayo de la escena final de la obra.

Dos chicos y una chica se disponen a bailar en una plaza cuando aparecen dos mossos. Los agentes les dicen que no pueden estar ahí. Les piden la documentación y uno de los policías se mete con el origen de los bailarines. El resultado es que acaban esposados en el suelo y con una multa de 200 euros por alterar el orden público. Es una de las escenas de la obra de teatro Operación salfumán en la que participan 17 chicos y chicas del Raval a través de la entidad Forn de Teatre Pa' Tothom (Lluna, 5).

«Con la obra queremos explicar las situaciones de abuso policial en el barrio. Por ejemplo, si eres inmigrante o hijo de inmigrantes y tienes un móvil, te lo requisan y te obligan a presentar una factura para recuperarlo», explica Jordi Forcadas, director del grupo y de la obra, que ya se ha representado en tres ocasiones en el Palau Alós y una en Can Batlló (el pasado sábado).

«Al escribir y preparar Operación salfumán hemos analizado con los jóvenes este abuso policial y vemos que la policía no es la culpable, sino la normativa municipal que persigue que el barrio sea para los turistas», añade Forcadas, que anuncia que la obra se representará en el Espai Fontana y en el Festival del Raval. «Y en Francia en un festival europeo de teatro juvenil. Debemos recaudar 3.000 euros para viajar todos, ya tenemos 500», dice el director.

Policía al rescate

En una de las salas de El Forn de Teatre Pa' Tothom los adolescentes ensayan otra escena. Una niña se ha perdido en una tienda y un mosso evita que un desconocido se la lleve. El agente se la entrega al padre. El policía y la niña, agradecida y admirada, acaban bailando y cantando El principe azul que yo soñé... No es la única canción. Una de cal y otra de arena.

«Hacer de policía en la obra mola mucho -cuenta Nabil un barcelonés de 16 años de padres marroquís-. Te sientes con más poder. De niño quería ser policía, pero ahora ya no porque los utilizan para meter miedo a la gente».

Nabil, que en el escenario apenas logra reprimir los insultos hacia los sospechosos inmigrantes cuando hace de mosso, aspira a ser profesor de educación física o bombero. «¿Eres marroquí? Eres moro y robas carteras», le suelta a otro actor antes de darle un porrazo. «Lo que hace un policía es humillar. No pega, ni insulta. La humillación no se puede comprobar, la agresión sí», apunta el director de escena a su equipo.

El marroquí Saed, de 22 años, es más tranquilo. También actúa de policía. «Hay agentes buenos y malos, como sucede en el resto de la sociedad. Nunca he tenido problemas con ellos porque no hago daño a nadie. Si hubiera estudiado más, me habría gustado ser policía. Ahora me formo en hostelería», dice sonriente vestido de mosso. «Un amigo me dijo que me apuntara a teatro. En la vida siempre actuamos y me gusta dar una imagen», añade.

Julia Rocabayera, de 18 años, es una de las pocas actrices del grupo. «Cuando la gente ve la obra recibe un mensaje contra el abuso policial. A los adultos les impresiona que esto pueda ocurrir en la calle y los jóvenes pueden ver por qué ocurre», afirma en un descanso.

Tuve la oportunidad de ver in situ el trabajo de Juan Carlos Unzué en el Numancia y su entrega a la profesión es máxima.