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MUESTRA EN EL BARCELONÈS NORD

Un guion de película

El Museu de Badalona inaugura hoy una exposición sobre las rocambolescas aventuras del patrimonio artístico para evitar las llamas, accidentales o intencionadas, durante la guerra civil

Miércoles, 28 de noviembre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
CARLES COLS
BADALONA

En 1964, el director John Frankenheimer rodó una película extraordinaria, El tren, basada en el relato de primera mano que la historiadora y resistente francesa Rose Valland vertió en El frente del arte, una minuciosa denuncia sobre cómo la Alemania nazi organizó un sistemático saqueo de los museos de aquellos países que invadía. La película es muy emocionante, con todos esos gaugin, matisse y cézanne perfectamente empaquetados y pendientes de la intervención salvadora de Burt Lancaster. El arte como botín de guerra es una historia siempre fascinante. George Clooney dirigirá en breve la adaptación de The monuments men, con un argumento primo hermano del anterior. Dicen que el proyecto promete.

A punto Montaje de la exposición en el Museu de Badalona, ayer. RICARD CUGAT

Olot 8 'La lapidación de Sant Esteve' llega a Olot procedente de Barcelona. MUSEU DE MATARÓ

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Información publicada en la página 36 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 28 de noviembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Sobre esta materia, la de la suerte del patrimonio artístico cuando silban las balas, España tiene historias mucho mejores que contar.

Pero apenas lo hace. No tiene una industria cinematográfica como la de Hollywood. Lástima. Esta noche, el Museu de Badalona inaugura una exposición parcialmente cedida por el Museu de Mataró que esboza por sí sola un gran guion. Arte y guerra. Destrucción, expolio y salvaguarda del patrimonio durante la guerra civil. A ese largo título le acompaña una impactante fotografía de época, la del Cristo de Sant Climent de Taüll descendiendo de un camión en las afueras de París, pues allí pasó los últimos días de la guerra la pintura más célebre del románico catalán.

La exposición es pequeñita, casi sin piezas en exhibición, apenas una Virgen con un disparo en el rostro. Lo interesante es la colección de fotografías y el relato que las acompaña, fruto del trabajo de la comisaria de la muestra, Assumpta Montellà, que el Museu de Badalona ha complementado con un repaso a las pérdidas que sufrió la ciudad durante la contienda civil (en la iglesia de Santa Maria ardieron varias pinturas de Antoni Viladomat) y a las operaciones de rescate patrimonial que se organizaron entre 1936 y 1939 (como la protección de los 14.000 volúmenes de la Cartoixa de Montalegre, en la vecina Tiana), tal vez sin el palmito de Burt Lancaster pero sí con bastante decisión y arrojo.

La guerra civil, no hay que recordarlo, fue un conflicto armado realmente muy sucio. «Lanzad a la calle los objetos religiosos», ordenaba el Comité Antifascista del Departamento de Orden Público. «No veas en una imagen religiosa más que el arte. Ayuda a conservarla», respondían los más sensatos con carteles colgados en las calles. En la zona aún bajo el control del Gobierno de la República, le tocó a un entonces vecino de Badalona, Joaquim Folch i Torras, la tarea de ser el ángel custodio del patrimonio artístico catalán. Concluyó que Barcelona no era una ciudad segura y así fue como buena parte de las joyas del país terminaron almacenadas primero en la iglesia de Sant Esteve de Olot y, cuando las tropas rebeldes casi saboreaban la victoria, viajaron a París, donde fueron exhibidas en la Galería Nacional Jeu de Paume, donde por cierto trabajaba ya entonces la heroína Valland.

'Las Meninas', en Catalunya

La exposición que esta tarde se inaugura en Badalona repasa en fotos aquellas peripecias del arte catalán, pero también rememora lo sucedido en Madrid, donde equivocadamente se supuso que la aviación franquista sería incapaz de bombardear el Museo del Prado. Nueve bombas acertaron de lleno en el edificio. Se organizó así un traslado al que no le hubiera ido mal la malévola eficacia de los nazis. Camiones cargados con meninas, hilanderas y caballeros con la mano en el pecho cubren la peligrosa ruta de Madrid a Valencia. En el paso de Arganda la carretera cruza por debajo de un puente de escasa altura. Las pinturas son demasiado grandes y hay que pasarlas a mano. ¿Dónde estaba Burt ese día, ¡eh!?

Aquel gigantesco tesoro pictórico prosiguió después hasta Catalunya. Durante un tiempo el Prado estuvo almacenado en el castillo de Sant Ferran de Figueres, en Perelada y en una minas de talco de La Vajol, hasta que por fin los cuadros fueron trasladados a Ginebra.

Lo dicho. El Museu de Badalona, inaugura hoy y hasta el 27 de enero una exposición realmente pequeñita pero que merecería ser llevada al cine. Algún día, tal vez...

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