El Periódico

Impulso a dos zonas castigadas de Ciutat Vella

Los nuevos porches de Xifré

El futuro plan de usos permitirá ampliar la oferta de restauración y hoteles pero veta pisos turísticos

Los propietarios de los edificios se organizan para impulsar un proyecto de mejora integral de la zona

CARLOS MÁRQUEZ DANIEL
BARCELONA

Viernes, 22 de marzo del 2013

  • Un imagen virtual de la propuesta de los propietarios para una de las calles.

  • Un imagen virtual de la propuesta de los propietarios para una de las calles.

  • La manzana de los porches de Xifré ahora un desierto sin comercio ni turismo.

El barcelonés medio conoce esta manzana por sus bazares tecnológicos low cost. En los años 70 y 80, muchos la frecuentaban para comprar la radio Blaupunkt del coche, el reloj calculadora Casio o el juego de la Game Boy, sin detenerse lo más mínimo en ese entorno tan peculiar. Hubiera bastado con subir la mirada para darse cuenta de que los porches de Xifré tienen una historia que merecía algo más de curiosidad. El auge de los centros comerciales en los 90 ninguneó este oasis electrónico, que hoy apenas sobrevive a pesar de su política de precios agresivos. Los propietarios de las fincas colindantes, hartos de contemplar cómo la ciudad avanza mientras ellos siguen anclados en la época preolímpica, se han organizado para revitalizar la zona y convertirla en un foco del creciente ocio de Ciutat Vella.

La idea es simple, pero su ejecución -y aceptación- no será un largo río tranquilo. Laura Balcells ejerce de portavoz de las familias que impulsan este proyecto que han bautizado como Porches del Puerto, el nombre que quieren dar al nuevo barrio que surja de una reforma que considera «muy urgente». Basta con darse una vuelta para mascar esa necesidad. Las calle de Llauder y Reina Cristina están desiertas. Sus aceras, descuidadas. Las tiendas, vacías. La iluminación es del todo insuficiente. Una parada de autocares turísticos se come la foto de las fachadas en Isabel II. El Pas de Sota Muralla, la puerta hacia el mar, está ocupada por una zona azul caótica, coronada por un horrible edificio del puerto. Nadie entra si no es porque vive aquí o tiene cita en una conocida marisquería, cuyo servicio de aparcacoches consiste en dejar los vehículos en hilera en la misma calzada o sobre los corredores peatonales.

Esta no es, insiste Balcells, una operación «especuladora» que busque aprovecharse de la reciente aprobación de la marina de lujo del Port Vell. Su receta requerirá un fuego lento de «varios años» en los que, además de arreglar la vía pública, los propietarios se comprometen a mejorar las fachadas, incluidos los deteriorados techos de los arcos de los porches que van de Pla de Palau hasta el inicio de Via Laietana.

En el frontis callejero, los promotores, asesorados por varios despachos de arquitectos, proponen armonizar la imagen de los bajos comerciales, donde se ampliaría la oferta de restauración, ahora limitada a un par de restaurantes y una tasca. La modificación del plan de usos de Ciutat Vella, que CiU ultima con apoyo del PP, pretende convertir esta isleta en zona de tratamiento específico, lo que permitiría abrir comedores sin límite alguno. Tal y como ya avanzó este diario el 28 de febrero, el gobierno de Xavier Trias planea que todos los edificios catalogados con nivel B de protección puedan albergar un hotel, lo que en este caso equivale a decir que casi todas las fincas de los Porches del Puerto puedan adaptarse a este uso, empezando por el edificio más emblemático, el que Josep Xifré Casas, el hombre más rico de España en su momento, mandó construir en 1836. Por ahora ya funciona un hotel y se está construyendo otro, de la cadena H10, con cerca de 50 habitaciones, que podría estar terminado antes de verano. A pesar de lo permisivo que resulta el nuevo reglamento, la coyuntura económica no invita a prever que empezarán a llover los empresarios ansiosos de instalar sus estrellas hoteleras en el barrio.

Los pisos turísticos, a falta de que se cierre el documento definitivo, se mantienen en el límite establecido en el 2010, aunque Balcells insta a CiU a tener en cuenta «la peculiaridad de la zona». La regulación actual, una de las herencias que la exconcejala Itziar González dejó en el distrito antes de abandonar el cargo por desavenencias sobre la licencia del hotel del Palau, no permite un solo metro cuadrado más de pisos turísticos. La propuesta de los promotores pasa por replantear este veto, hasta permitir un parque de vivienda para extranjeros del 17% del total de metros cuadros, manteniendo el 43% para pisos residenciales, un 14% para el comercio y el 26% (12 puntos porcentuales más que ahora) para los hoteles.

ESPERANDO AL DISTRITO / La decisión está en manos del distrito, que conoce bien el proyecto porque su concejala, Mercè Homs, ya ha visitado el lugar y ha escuchado a sus promotores. Arreglado el tema de restauración y el hotelero, parece que el principal escollo serán los pisos turísticos, que siguen siendo sinónimo de jaleo vecinal. Es previsible que quien acabe por desempatar sea el PP, que es el único grupo municipal que en el 2010 se opuso al plan de usos que, en cambio, sí contó con el voto de CiU.

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