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EXPERTO EN TURISMO

Ernest Cañada: "Es un gran absurdo decir que el turismo es la industria sin chimeneas"

El investigador y comunicador social habla sobre una manera de viajar cada vez más en auge

Rosa Mari Sanz

Ernest Cañada

Ernest Cañada, investigador y comunicador social, experto en turismo. / JOAN PUIG

Ernest Cañada es investigador y comunicador social. Trabaja actualmente como coordinador de Alba Sud, un centro de investigación especializado en turismo responsable con sede en Barcelona. Entre los años 2004 y 2014 vivió en Centroamérica, donde mantiene el vínculo profesional como investigador asociado al Centro de Análisis Sociocultural de la Universidad Centroamérica (UCA) en Managua, Nicaragua. Es también miembro del Grupo de Investigación en Sostenibilidad y Territorio de la Universidad de las Islas Baleares y profesor de la Escuela Universitaria de Turismo y Hotelería de Barcelona (CETT-UB). Ha publicado el libro 'Las que limpian los hoteles. Historias ocultas de precariedad laboral' (Icaria Editorial). 

Turismo sostenible, turismo ecológico, turismo responsable ¿Todo es lo mismo?
No, son conceptos que sirven para identificar diferentes formas de  plantear el turismo de un modo distinto al funcionamiento más dominante. El turismo sostenible básicamente tiene que ver con la toma de conciencia de los impactos negativos que puede tener la actividad turística sobre el medio ambiente, así como el entorno social y económico en el que tiene lugar, y la voluntad de reducir estos efectos. Es un concepto que cada vez más se usa para cualquier cosa y se desdibuja su sentido. Y cuando se habla de turismo ecológico normalmente se refiere a un tipo de actividad muy centrada en la naturaleza.

¿Entonces, qué es turismo responsable, o, si le resulta más fácil, qué no lo es?
Hay quien lo entiende como un nicho de mercado de formas alternativas de organizar el viaje que incorporan un determinado sentido ético, como el turismo solidario o el ecoturismo. Así es como lo utilizan muchas agencias de viajes. Otra concepción tiene que ver con un conjunto de buenas prácticas empresariales con el fin de reducir los impactos negativos, tomando especialmente en cuenta a las poblaciones locales. Y finalmente algunas organizaciones lo entendemos como la necesidad de la movilización social y de la incidencia en todos los actores que participan en la cadena de actividades turísticas con el fin de avanzar hacia mayores niveles de sostenibilidad y equidad en el conjunto de la actividad turística.

¿Un megacomplejo hotelero puede ser sostenible si potencia, por ejemplo, la gastronomía de la zona y cuida el medioambiente?
Depende. Estos pueden ser aspectos a tomar en cuenta, pero no son los únicos ni pueden servir como coartada para otras cosas.

¿Por ejemplo?
En muchos lugares hemos visto cómo la construcción de este tipo de complejos acaba con los medios de vida de las poblaciones locales, expulsan a población campesina y de pescadores de la zona, privatizan el acceso a las costas, o generan un fuerte presión sobre recursos como el agua, esenciales para el uso doméstico o en la agricultura de comunidades cercanas. Entonces medidas como potenciar la gastronomía local o determinadas formas de atención al entorno natural no pueden obviar el efecto que produce este tipo de complejos.

¿El precio y la falta de conocimiento por parte de muchos viajeros juegan en contra del modelo de turismo responsable?
Sí, porque así como en el comercio justo se ha logrado desarrollar un movimiento social plural que brinda información al potencial cliente de qué hay detrás de cada producto y cada vez tiene más opciones para decidir qué opciones tomar en el campo del turismo esto no se ha producido al mismo nivel.

A favor, en cambio, está la experiencia de los usuarios y la creciente concienciación. 
Por supuesto, a pesar de que no tenemos un movimiento tan fuerte como en el comercio justo, cada vez hay más turistas interesados en saber qué implicaciones puede tener su viaje sobre la gente local o sobre el medio ambiente.

Al no ser turismo de masas no es fácil encontrar ofertas que se ajusten a todos los bolsillos. Porque sin ser un precio low cost, es un precio justo. ¿Eso le aleja de los jóvenes? 
Hay muchas formas de viajar. Y no necesariamente hacer turismo implica desplazarse a cualquier parte del mundo. Hay mucho que se puede hacer desde la proximidad y con un coste menor. Además no todo ocio tiene porqué implicar turismo. Y cuando uno viaja lejos también puede organizar las cosas de maneras distintas. Es claro que los grandes complejos hoteleros pueden reducir sus costes por los grandes volúmenes que gestionan, pero mirando bien y primando otros elementos en la experiencia que uno busca se pueden organizar viajes de manera que no salgan tan caros y haya más coherencia con los principios éticos que uno tiene

¿Qué tipo de viajes recomendaría a los jóvenes?
Los viajes pueden aportar experiencias y vivencias muy positivas, siempre y cuando puedan conectar realmente con la gente que vive en esos lugares. Merece la pena mochilear y compartir vivencias. Además hay una amplia oferta de albergues, iniciativas familiares, turismo comunitario, de pequeñas empresas, según los lugares, que permiten este tipo de acercamiento. Pero también hay que ser consciente del impacto que tiene el turismo en esos lugares y preguntarse qué significa la presencia de uno en ese contexto. Creo que hay que incorporar más elementos éticos en la forma en la que uno decide viajar y haciendo qué.

Hacer turismo contamina. Según algunos informes transporte, hotelería y servicios suponen el 5% de las emisiones totales de CO2, el principal gas de efecto invernadero. ¿Un turismo a zonas lejanas está en contradicción con un turismo sostenible o responsable? 
Lo que está claro es que no es viable un turismo a gran escala de carácter internacional y bajo la lógica de un crecimiento ilimitado. El eslogan tan repetido de que el que turismo es la industria sin chimeneas no deja de ser un gran absurdo, cada vez más evidente. La huella ecológica que genera la industria turística es a todas luces insostenible.

¿Qué hacer ante la masificación?
Hay que pensar entonces en cómo organizar la transición socioecológica en sociedades tan dependientes del turismo. Esto supone por un lado la necesidad de diversificar las economías, potenciar fuentes energéticas renovables y asumir que en determinados lugares es necesario un decrecimiento. 

¿Y buscar otros territorios?
Ni tiene sentido la sobremasificación de algunos destinos ni tampoco la lógica de conquistar nuevos territorios para el turismo en lugares cada vez más lejanos. Y desde la perspectiva del consumidor creo que asumir esta realidad implica pensar cómo reorganizar el ocio sobre una mayor proximidad, y cuando implica vuelos internacionales a larga distancia ver cómo alargar más los tiempos de estancia en lugar de hacer varios cortos en poco tiempo.

Sin trabajo decente no es posible un turismo responsable. ¿Cómo saber que ese guía o ese camarero no trabaja en precario?
Desgraciadamente en muchos lugares el turismo está generando un empleo en exceso precario lo que implica la vulneración de derechos fundamentales y la pérdida misma de la calidad del servicio turístico. No es posible un turismo de calidad sin trabajo decente. Por lo pronto el turista lo que puede hacer es tratar de informarse a través de internet de si hay conflictos laborales en las empresas donde ha contratado un servicio o si una vez allí se da cuenta de situaciones extrañas pedir explicaciones o dejar constancia de su preocupación en el libro de reclamaciones o en los comentarios online.

¿Ve realmente al que está disfrutando de vacaciones implicado en estas lides?
Necesitamos construir esa alianza entre los trabajadores y los consumidores, y las cosas empiezan por cosas simples, de sentido común. No puede ser que el ocio y el descanso de uno se organice sobre la explotación y la miseria de los trabajadores que nos atienden. H

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