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"Es difícil imaginar que este país estaba partido en dos"

El Muro de Berlín se diluye a medida que crecen las nuevas generaciones

MARTA ROQUETA FERNÀNDEZ

Tres hombres abren una brecha en el muro de Berlín, en 1990.

Tres hombres abren una brecha en el muro de Berlín, en 1990. / RYSZARD KAPUSCINSKI

Melissa Spann, nacida el 1996 en Hagen, oeste de Alemania, cuenta que le cuesta pensar en un país dividido en dos bloques. Su afirmación resume lo que muchos jóvenes germanos piensan sobre la situación de su país durante la Guerra Fría. "Nuestra generación lo asume sin problemas", concluye Michael Jochimsen, nacido hace 24 años en Paderborn, también en el oeste.

Para la familia de Josefine Korbella, de 26 años y nacida en la ciudad oriental de Templin, la reunificación no fue tan apacible. Su madre perdió su trabajo como economista agrónoma y terminó trabajando como policía. Josefine vive en Berlín oeste y estudia en Hagen. Cuando llegó se quedó sorprendida de que la antigua Alemania occidental "no fuera tan próspera como cuentan", pero que, aun así, "puedes encontrar más riqueza, mejor educación y menos miedo a moverse y viajar". Reivindica que los alemanes del este son más atentos: "Si tienes un problema te ayudan enseguida".

Stefanie Simon, nacida en Schwerin (este) hace 22 años, tiene una historia similar. Su madre también perdió el trabajo tras la caída del muro y ella estudia en el oeste, en Münster. Opina que las diferencias se reducen a la economía –el paro es del 5,6% en el oeste y del 9,0% en el este–, aunque coincide con Josefine: "En el este perdura el sentimiento de comunidad".

Lukas Rapp, de 28 años, hizo el viaje contrario. Nacido en Baviera, cursó estudios universitarios en Magdeburg. Cuenta que, más que este-oeste, existe una diferencia norte-sur. El catolicismo es mayoritario en el sur y el oeste, mientras que el protestantismo tiene más seguidores en el norte y el este. En total, seis de cada diez alemanes siguen la fe cristiana.

Jana Fischer, de 24 años, puntualiza que el ateísmo es más frecuente en el este, pero está de acuerdo en que las diferencias son regionales: "Dicen que en Dortmund tenemos los pies en la tierra y un espíritu de clase trabajadora, una mentalidad más cercana a la del este que no a la de Múnich o Stuttgart". Según Jana, un sistema educativo común y los medios de comunicación han contribuido a disolver diferencias entre las dos Alemanias. Lukas y Stefanie subrayan el papel cohesionador de la red universitaria, que permite estudiar en centros de todo el Estado.

Más allá de singularidades regionales, el crecimiento económico de las últimas décadas ha traído otras identidades con las que lidiar. Hatice Kahraman, de padres turcos y nacida en Dortmund, es una estudiante de periodismo de 20 años. En su blog cuenta qué significa para ella ser una chica musulmana en Alemania. La integración de los tres millones de personas de origen turco ha sido un debate recurrente desde su llegada durante los años sesenta. Para Hatice, la clave es la voluntad: "Si quieres ser parte de una sociedad, puedes serlo. La gente lee mi blog y nos entiende mejor", asegura. Reconoce que ha sufrido algún incidente racista: "El año pasado, en un pub, unas mujeres mayores me dijeron que me fuera de Alemania".

En la antigua Alemania oriental, más habituada incluso hoy a la salida de personas que no a la llegada, también hay problemas de encaje. Sarah Schüler, nacida el 1989 en Leipzig de padre etíope y madre alemana, explica que en la escuela tuvo que enfrentarse a la incomprensión de algunos padres.

Juntar bajo un solo marco las piezas de un puzzle de culturas –internas y externas– es difícil, más en un país como Alemania, donde algunas manifestaciones identitarias podrían despertar incómodos recuerdos. "Siempre me ha gustado que hayamos limitado la identidad nacional a cosas como el fútbol", cuenta Jana. Stefanie añade la importancia de los eventos culturales, "como los fuegos artificiales de fin de año o el Carnaval de Colonia". Robin Lüdorf, de 19 años y natural de Hohenlimburg (oeste), destaca el factor histórico. Según él, Alemania puede ser un ejemplo: "Aunque pases una guerra puedes volverte a levantar, ser un líder mundial y tener una economía fuerte". También, por haberse reconciliado con la Historia: "Estamos orgullosos de nosotros mismos desde que nos hemos dejado de preocupar por el pasado".

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