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INDIGNACIÓN SOCIAL EN BRASIL

Precios surrealistas en Río

La especulación se instala en la 'cidade maravilhosa' con motivo del Mundial de fútbol. Por un apartamento cerca de Maracaná se piden 30.000 € al mes; por una casa en una favela, 10.000

EDUARDO SOTOS / Río de Janeiro

El surrealismo se ha apropiado de Río de Janeiro. Inmersa en un tórrido ambiente de Carnaval, la ciudad vive los meses previos a la Copa del Mundo de fútbol sumida en una orgía de precios con tintes surrealistas. Tanto es así que sus habitantes, hartos de pagar precios desorbitados, han creado una moneda virtual para sustituir al real brasileño: el «surreal». Así es como el artista de Cadaqués, Dalí, se ha convertido estos días en el signo de la indignación carioca.

Pero vayamos por partes. En primer lugar hay que entender la ofensiva especulativa que atraviesa la cidade maravilhosa con motivo de la Copa del Mundo este verano y las Olimpiadas del 2016. Con un sector hotelero incapaz de absorver el aluvión de visitantes que recibirá, los precios de los alquileres por temporada se han disparado aumentando el precio de los inmuebles el 240% desde el 2008.

Así, el turista que opte por alojarse en un apartamento en las inmediaciones del mítico Maracaná durante la Copa deberá desembolsar la friolera de hasta 30.000 euros por mes, según un estudio realizado por el diario O'Globo. Mucho menos glamuroso, pero la tendencia más seguida es alquilar en una de las favelas de la zona sur de Río. Hasta 10.000 euros se piden en la favela de Rocinha, la mayor de Latinoamérica, por una casa durante el mes de la competición. Teniendo en cuenta que dista casi una hora del estadio de fútbol y que se han registrado numerosos tiroteos entre policía y narcotraficantes en la última semana, el precio parece tratarse de una broma.

Incluso las sedes de algunas oenegés en las favelas están siendo alquiladas a turistas. «Con lo que saquemos estos meses vamos a conseguir una profesora más de ballet, internet y concluiremos la obra en el campo de fútbol», asegura Quenia Aleluia, coordinadora de la oenegé Ser Alzira de Vidigal que alquila sus habitaciones, que anteriormente albergaban a voluntarios, a 13 turistas a razón de 100 euros al día por persona. Y así, se suman innumerables ejemplos en una ciudad en la que se piden 200.000 euros por un sótano sin ventanas en Copacabana o 22 millones de euros por un apartamento de 600 m2 en primera línea de playa en Ipanema. Ya en diciembre del 2013, el premio Nobel de Economía Robert Shiller comparaba la burbuja estadounidense del 2005 con la actual situación de Brasil en un ciclo de conferencias en Sao Paulo: «No quiero que mis palabras suenen alarmistas, pero en Brasil los precios han registrado una subida muy brusca. Esto puede terminar muy mal».

Sin duda, la mayor expresión del malestar generado por la llegada del «gringo», apelativo por el que se conoce aquí a los turistas, y el aumento de precios asociado es la plataforma Somos Um Rio Surreal. Con cerca de 33.000 seguidores en Facebook, y con Dalí como emblema, estos vecinos indignados se dedican a captar con su móvil y colgar en la red todos los precios abusivos que ven por la ciudad. Los «surrealistas» proponen además acciones concretas como el boicot a los alquileres de sombrillas y sillas en las playas, o la adopción del botellón o isoporzinho -nevera portátil típica de los vendedores- llegando a congregar hasta 4.000 personas en un macrobotellón en el barrio de Botafogo que se repite cada semana.

La situación es tal que el propio ayuntamiento aprobó por decreto el Frente Municipal de Combate a las Prácticas Abusivas. Funcionarios municipales recorren las playas y comercios de la zona turística sancionando con multas desde 150 euros a los que excedan las tarifas decretadas. Según la coordinadora de la Oficina de Defensa del Consumidor, Solange Amaral, las prácticas abusivas «queman a la ciudad como destino turístico», y añade: «Lo que se pretende es deshacer la imagen surrealista que viene asociándose con Río». De lo que no cabe duda es de que disfrutar de algunas de las mejores playas del mundo, de la exhuberancia de las sambistas en el Carnaval o soñar con la Roja en Maracaná será una experiencia no apta para todos los bolsillos.

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