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Dani Mateo: hombre orquesta de la risa

JUAN FERNÁNDEZ / Madrid

A diferencia del ajedrez y el salto con pértiga, el humor no es cuestión de esfuerzo ni entrenamiento, sino de actitud. Puedes gastar infinitas horas de concentración buscando el chiste más audaz sin que aparezca, o levantarte de la cama con las gafas de la guasa puestas y que a todo lo que veas le encuentres un reverso chusco. Dani Mateo (Granollers, 1979) es la prueba de que el cofre secreto de la risa está en la mirada.

El lunes regresa El Intermedio a su horario habitual. Cuando el cómico catalán se asome a la pantalla de La Sexta para aportar sus gotas de sarcasmo al corrosivo informativo, a esa hora llevará trasegado un incalculable caudal de bromas, chanzas, golpes de ironía, pellizcos mordaces y gansadas varias -«tontunas» las llama él-, tanto en vivo como en la radio, en mensajes de Twitter o en vídeos de internet. Es el hombre-orquesta del cachondeo, un atleta de la risa que dice no sentirse nunca cansado de parir tanta retranca porque no considera lo suyo un trabajo, sino una forma de ir por la vida. «La clave es relajarte, no tener miedo y que las tontunas fluyan», revela.

Con esa fórmula secreta, Dani Mateo se ha ido convirtiendo en las últimas temporadas en una fábrica de humor andante. Los gags que suelta en El Intermedio no son obra suya, sino del equipo de guionistas, pero al plató llega cada noche después de estar tres horas soltando disparates en Yu, no te pierdas nada, el desenfadado programa que presenta en 40 Principales. También tiene un videoblog donde sazona con picante las malas noticias de la actualidad. Su dosis habitual de bufonadas la completa los fines de semana, días que dedica a pasear por teatros de todo el país su monólogo PK2.0, que Dios nos pille confesados.Quedan aparte sus colaboraciones en El Club de la Comedia y las gansadas que suelta compulsivamente en su cuenta de Twitter, altavoz donde se permite las dentelladas que en otros foros debe edulcorar. Sin ir más lejos, esta semana, a cuento de los ordenadores del PP, sugirió: «¿Os imagináis que lo borrado sea todo porno, pero muy sucio, rollo Bárcenas en plan 'fist fucking' con Montoro...? Sería más llevadero».

La bocina del barco

No es que él lo busque, es que no lo puede evitar. «Hay quien ha nacido para curar y se hace médico. Yo he venido al mundo para buscarle una vuelta cachonda a la realidad. Cuando he intentado ponerme serio, he acabado dando mucha risa», se justifica. Tampoco es por falta de intentos. «Un respeto, que yo he llegado a presentar un informativo sobre puertos de mar en la radio. Usaba la bocina de un barco para pasar de noticia a noticia. ¿Pero ve? Ahora lo cuento y no puedo evitar las carcajadas», explica.

Aquello fue en una emisora de Barcelona, al poco de acabar la carrera de Periodismo y antes de fichar como monologuista en Paramount Comedy y encauzar así sus pasos por el humor de manera profesional. Desde entonces su hábitat natural es la humorada. «Lo mío tiene un fuerte componente colectivo, me paso el día rodeado de gente que vive por y para la risa, y eso me inspira para aportar mis propias paridas. Funciono mucho en red», reconoce.

Ahora su principal escaparate es El Intermedio. Mañana inicia su tercera temporada en un espacio al que encuentra una decidida utilidad social. «Aportamos un filtro muy sano para liberar a la gente de toda la negatividad que lleva la actualidad. Es un programa necesario, debería cubrirlo la Seguridad Social», afirma. Su papel aquí se parece al del falso nueve de un equipo de fútbol. «Wyoming, que es un monstruo, hace humor con la parte editorial. A mí me dejan aparecer en plan cómico-cómico. Soy el mini-Wyoming», compara.

El programa terminó la pasada temporada pulverizando sus récords de audiencia. ¿Bendito Bárcenas o benditos guionistas? «Hombre, si me encuentro a Bárcenas por la calle le doy un abrazo y luego salgo corriendo, pero el éxito de El Intermedio se debe, sobre todo, a que hoy la gente tiene más ganas de comprender lo que pasa. Por eso nos buscan», razona. La explicación es consonante con su forma de entender su oficio. «El humor es terapéutico o no es humor. Te endulza la vida, te ayuda a entenderla, te la hace más llevadera. Soy como un digestivo para después de cenar».

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