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GENTE CORRIENTE

Alicia Martos: «Si quieres pillar a un embustero, hazle hablar»

Experta en comunicación no verbal, conoce trucos para detectar la mentira. El cuerpo, dice, no sabe engañar

Juan Fernández

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JOSÉ LUIS ROCA

Alicia Martos Garrido (Linares, Jaén, 1987) vive del engaño. Tras estudiar psicología y especializarse en comunicación no verbal y detección de la mentira, en los últimos años se ha dedicado a formar a jueces, policías, médicos, empresarios y hasta a vendedores de tiendas, para que sepan detectar a los embaucadores. En su blog Lo que no nos cuentan, a menudo explica cómo se las apañan los políticos para vender milongas.

–Imagino que engañarla debe ser especialmente difícil. Al final, todos tenemos una intuición que nos dice: esta persona es de fiar, aquella no. Mi trabajo consiste en ponerle nombre a esa intuición y en identificar los detalles inconscientes que delatan si un testimonio es sincero o falso.

–¿Qué detalles? A veces decimos una cosa con la boca y nuestro rostro o gestos dicen lo contrario. Cuando se da esa contradicción, hágale caso al mensaje corporal, que nunca miente porque está conectado con las emociones y el inconsciente. Las mentiras las decimos con palabras, el cuerpo siempre dice la verdad. 

–¿Cómo habla el cuerpo? No existe una correlación directa entre gestos y mensajes, hay que estudiar a la persona y tener en cuenta el contexto. Unos brazos cruzados no siempre significan oposición, a veces solo delatan cansancio. Conviene observar los cambios de conducta. Si alguien es muy gestual y una pregunta repentina le deja parado, ahí pasa algo. Las expresiones de impacto emocional revelan cuando mentimos.

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–Algún truco para saber si me engañan. En mi oficio, la máxima es: por la boca muere el pez. Si quieres pillar a un embustero, hazle hablar. Los que nos dedicamos a esto, desde el policía que interroga a un detenido hasta el encargado de selección de personal, antes trabajábamos observando de forma pasiva. Ahora, la tendencia es hacerte amigo del interlocutor para que baje la guardia y diga lo que no quiere decir, o provocarle con preguntas que no se espera. Si se desconcierta, es que esconde algo. Y hay trucos que parecen juegos, como el del dibujo. 

–Cuente, cuente. Usted llega tarde a casa y dice que viene de un bar. Su mujer no le cree y le pide un dibujo del bar. ¿A que no se lo espera? Su seguridad al trazar ese dibujo le delatará. Otro truco consiste en cansar al embustero. Mentir es agotador, obliga al cerebro a inhibir la verdad y construir una mentira. Si lo sobrecargas, al final cometerá errores. 

–Habrá quien sepa engañar mejor. La clave para mentir bien es creerte tu propia mentira. Los políticos lo saben. En eso consiste el entrenamiento que les hacen sus asesores de imagen.

–Le propongo un reto: entre la Generalitat y el Estado hay planteada una partida de póquer por el 1-O. ¿Quién va de farol? Ninguno miente, o al menos se creen sus propias mentiras. La comunicación no verbal de Puigdemont es la de alguien que cree firmemente que el referéndum se hará. Rajoy también transmite sinceridad cuando dice lo contrario. Además, le he visto especialmente irritado con este tema, como si le afectara en lo personal. 

–¿Hay alguna forma para pillar al cargo público que no dice la verdad? Dependerá de lo espontáneo que sea y lo entrenado que esté. A Albert Rivera y Pablo Iglesias se les nota que son nuevos, en seguida dejan ver sus emociones. Me llamó la atención la rueda de prensa de Trapero tras publicarse los documentos de la CIA. Le acusaban de mentir, así que debía estar enfadado y mostrarse firme, pero su mirada era evasiva, se encogía de hombros con cada afirmación y estuvo socarrón, en vez de enfadado. Su comunicación no verbal transmitía de todo menos verdad.

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