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Gente corriente

«Paso visita igual que si fuera un ambulatorio»

Neus Domènech ha trabajado en instituciones penitenciarias durante 25 años. Hoy es su último día en Brians 1

Olga Merino

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DANNY CAMINAL

Ha trabajado en Brians 1, en el centro de mujeres de Wad-Ras y montó un servicio de toxicomanías en Brians 2. Neus Domènech Santos (Barcelona, 1959) se traslada ahora a un CAP de Girona a ejercer de médico rural.

-Después de 25 años, el cuerpo me pide una transformación profesional. Es un cambio buscado, muy meditado. He dado lo máximo y necesito crecer de otra manera.

-¿Lo echará de menos? Sí, segurísimo. Llevo semanas despidiéndome de mis pacientes y créame que ha sido muy emotivo: una de las internas me ha hecho una manualidad de cerámica, otra me ha escrito una carta... Siento que en ambas partes hay pena por dejarnos.

-Ya. He aprendido mucho de los internos. Creo que la clave está en compartir humanidad: la tuya y la de otras personas a quienes quizá las cosas no les han ido tan bien. Todo el mundo tiene algo que enseñar… ¿Conoce la canción Change, de Christina Aguilera?

-Me suena, sí. La menciono porque la letra define mucho mis principios. Dice algo así: «A quién amas, el color de tu piel o el lugar donde naciste y creciste no deberían decidir cómo serás tratado, porque todos somos iguales».

-¿Sería fácil caer en el otro lado? Cuando pensamos en la prisión, imaginamos delitos muy graves, como el asesinato, pero a la prisión se llega por muchos otros caminos. A veces, por estar en el lugar equivocado con la persona inadecuada. Todo ser humano se equivoca.

-Antes de encender la grabadora, decía que nunca pregunta por el delito. Jamás, porque no me parece relevante. A mí no me interesa; a mí me pagan por atender su salud lo mejor que sepa y dentro de un marco ético. Paso visita igual que si estuviera en un ambulatorio, solo que en la ventana de mi despacho hay rejas.

-¿Ve diferencias de género en los reos? Sí, por la gestión de las emociones. Una mujer es madre o es hija que tiene padres mayores. Esa carga que la mujer arrastra socialmente sigue teniendo una importancia vital dentro de la prisión.

-¿Qué dolencias son más frecuentes? No es que haya unas enfermedades con más incidencia carcelaria, sino que se trata de una población muy castigada, con problemas de marginalidad, de drogas, con patologías derivadas de su consumo.

-¿Como cuáles? Sida, hepatitis, tuberculosis y patologías psiquiátricas, como el trastorno de la personalidad.

-Es una gran especialista en hepatitis. Soy una especialista, sin más; no querría ser tan soberbia. Digamos que el medio en que trabajas hace que dirijas tu formación hacia unas patologías que detectas con más asiduidad.

-Las habrá visto de todos los colores. Quizá el caso más complicado, por el riesgo que entrañaba, fue el de un recluso con un edema agudo de pulmón que se complicó con un infarto.

-¿Cómo se blinda ante el dolor ajeno? Bueno, casi todos los médicos que he conocido tienen muy desarrollada la parte humanista. Hay quienes pintan o tocan algún instrumento, como válvula de escape cuando tienen que enfrentarse con la muerte. En mi caso, escribo; acabo de terminar una novela juvenil inspirada en el folclore y las leyendas de Navarra.

-¿Por qué se hizo médico? Lo quise desde los 5 años. A mis muñecos los forraba de tiritas en mi clínica, que era el sofá. Desde siempre, aunque nadie en la familia estudió Medicina.

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