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EIXAMPLE

Libros para obreros

La sala de lectura del paseo de Sant Joan, que se abrió para los trabajadores, guarda miles de obras sobre masonería y anarquismo

ANNALISA PALUMBO / BARCELONA

Mármol de Italia y madera de caoba son los elementos principales de la Biblioteca Pública Arús (paseo de Sant Joan, 26), legado de Rossend Arús (Barcelona, 1845), catalanista librepensador y masón. El edificio fue la vivienda de Arús, que murió en 1891. En su testamento nombró a Valentí Almirall y Antoni Farnés como herederos para que respetaran su voluntad de dotar la ciudad de una biblioteca para la clase obrera.

La Arús abrió sus puertas en 1895 con un fondo de 24.000 volúmenes con contenidos de todo tipo además de los pensados para trabajadores. "Fue totalmente innovadora, ya que la ciudad solamente tenía el Ateneu Barcelonès y la Biblioteca Universitaria dirigidas a otro tipo de público", explica la directora gerente de la biblioteca, Maribel Giner.

"Una reproducción de la estatua de la Libertad domina la entrada, como si el edificio quisiera decirnos que el conocimiento lleva a la libertad", explica Jorge Pisa Sánchez, historiador. Para su financiación, se alquilaron los pisos superiores del edificio de tres plantas. En 1939, por falta de fondos y el momento histórico, la biblioteca cerró. Durante 30 años sus puertas estuvieron selladas para todos, incluso para los franquistas. "Cómo la biblioteca, roja y con muchos volúmenes masones en su interior, consiguió salvarse de las purgas, es un misterio", cuenta Pisa. "Aunque tenemos suposiciones", apunta Giner.

En 1940, la Jefatura Superior de Policía pidió al ayuntamiento datos sobre el fondo de libros masones. El alcalde accidental, Josep Bonet, ordenó no contestar y pasar el asunto a la Delegación Municipal de Cultura, que curiosamente dirigía el mismo Bonet, quien solicitó al conserje "que los libros masones que estuvieran muy a la vista en los estantes fueran puestos más arriba o más abajo", explica Giner.

Las purgas franquistas estuvieron muy cerca de las puertas de la biblioteca. El inquilino del piso superior era Alberto Carsí Lacasa, masón y en posesión de libros de esperantismo y espiritismo. Los franquistas requisaron todo lo que tenían en su casa, pero no entraron en la biblioteca. El alcalde era Miquel Mateu, amigo de Franco. "Era rotario, entonces un ambiente muy relacionado con la masonería", señala Giner.

Protección anónima

"Aunque no sepamos por quién, se hicieron muchos esfuerzos para proteger la biblioteca", añade Pisa. Al reabrirse en 1967, muchos anarquistas donaron sus colecciones privadas. Ya hay 70.000 volúmenes, principalmente dedicados a la masonería, el anarquismo y el movimiento obrero. "Es el único sitio en el mundo que guarda las Actas Manuscritas de la Primera Internacional, de 1864", revela Giner.

Desde el 2011, Arús custodia una importante colección de Sherlock Holmes, donada por el expresidente del Círculo Holmes, Joan Proubasta. "La aceptamos porque el autor, Arthur Conan Doyle, era masón", indica Giner.

Temas: Bibliotecas

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