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La tristeza del musulmán

Los musulmanes de BCN condenan tajantemente los atentados y dicen que les duelen igual que a cualquier vecino de la ciudad

MAURICIO BERNAL / BARCELONA

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Oración del viernes en el Centre Islàmic Camí de la Pau, en Barcelona, un día después del atentado. / FERRAN NADEU

Hay un “nosotros” y un “ellos” en el aire desde el momento en que los periodistas se dan una vuelta por las carnicerías jalal del Raval o llaman a los representantes de la comunidad musulmana después de un atentado, y esa barrera levantada a base de preguntas es lo que primero deploran los musulmanes interpelados, con cara de decir: “Usted y yo vivimos en la misma ciudad. Lo que ha pasado me duele tanto como a usted”. Si hay un “ellos” en todo esto, explican después, que sirva para designar a los “fanáticos”, los que son capaces de conducir por una Rambla de verano derribando seres humanos. “No reconozco a esta gente, no son musulmanes, un verdadero musulmán que cree en dios no hace estas cosas”.

"Sufrimos por partida doble, porque es terrible lo que pasó y porque nuestro nombre queda manchado"

Las palabras las suelta –transportan cólera, frustración, indignación, todo lo que embarga en estos momentos a los musulmanes de la ciudad castigada– Narjisse el Adnani, “marroquí criada en Canarias y vecina de Barcelona”, en una carnicería jalal de la calle de Hospital, en el corazón multicultural de la ciudad. Ha escuchado por una oreja que se habla de tema y ha querido intervenir; un día después de los atentados, los musulmanes de Barcelona saben que se enfrentan a otro momento de “ellos” y “nosotros”, y sienten la necesidad de hacerse oír. “Lo cierto es que sufrimos por partida doble, porque es terrible lo que ha pasado y porque nuestro nombre ha quedado manchado”, dice. Como casi todos cuando la conversación se va al terreno de la religión, Adnani cita el verso del Corán que reza que quien mata a un ser humano mata “a toda la humanidad”. El musulmán digno de ese nombre, dice, actúa en consecuencia.

Día de oración

Era viernes, día de oración en las cinco mezquitas del Raval. En el Centre Cultural Islàmic Camí de la Pau, en la calle de Erasme de Janer, una pequeña multitud se dispersa después de la oración, poco después de las dos de la tarde. El imán se ha ceñido al guión y ha hablado sobre la inminente fiesta del sacrificio, pero el vicepresidente de la asociación, Mohamed Iqbal, consciente de lo que puede ocurrir a partir de ahora, ha tomado la palabra al final y ha hecho un breve discurso en relación con el atentado. “La verdad es que estamos bastante inquietos por la posibilidad de la estigmatización –dice– así que he dicho que no debemos caer en trampas: que si nos insultan por la calle, nos cambiamos de acera, que si hay pintadas islamófobas, nos les prestamos atención. Son cosas que entendemos que pueden ocurrir estos días”. Ayer mismo la fachada de la mezquita de Montblanc (Conca de Barberà) amaneció pintada con mensajes islamófobos. “Todo lo que ocurre en esta ciudad nos afecta, tanto lo bueno como lo malo. Ahora estamos doblemente preocupados, uno por el atentado en sí y dos porque nos deja en una situación socialmente vulnerable”.

"Si no se cambia el discurso de 'nosotros' y 'vosotros' no vamos a lograr nada juntos"

“Somos ciudadanos de este país y practicamos la fe musulmana –declara a este diario Riay Tatary, presidente de la Comisión Islámica de España–, y lo que hace daño a este país nos hace daño a nosotros. Si no se cambia el discurso de ‘nosotros’ y ‘vosotros’ no vamos a conseguir nada juntos, nosotros nos consideramos parte de esta sociedad y la defendemos con toda nuestra fuerza”. Pronunciadas en Madrid, sus palabras encuentran eco por todo el Raval. “Son animales”, dice Mohamed Hafeez, paquistaní, dueño de varios locales en la calle de Sant Antoni Abat. “Vivimos aquí –dice Bilal Ahmed, también comerciante, en su local de la calle del Carme–. Mi mujer, mi hijo, yo. Ahora este es mi país, y lo que ha ocurrido me duele tanto como al que ha nacido aquí”. En su tienda acogió el jueves a un grupo de turistas que huían de la Rambla. En ningún momento los vio como “ellos”. Los vio como nosotros.

“Sentimos el mismo dolor que vosotros, o más. Te lo juro por mi madre”. Adam es camarero de El Rey de Istanbul, un restaurante de la calle Hospital donde se refugiaron algunos turistas tras el atentado. “La policía bajó las persianas del local y nos quedamos dentro con cinco o seis heridos”. Luego dice –informa Beatriz Pérez– que “hay sentimientos que no se pueden expresar con palabras”, pero enseguida acierta a expresar uno con claridad: “Ellos –refiriéndose al estado Islámico- nos quieren separar”. Ellos. 

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