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Cuando el miedo mutila el arte

Las amenazas obligan al sirio Nassouh Zaghlouleh a anular la proyección de un video en Barcelona

Natàlia Farré

La sala en la que debía proyectarse el video de Nassouh Zaghlouleh con la pared en blanco y las octavillas en el suelo.

La sala en la que debía proyectarse el video de Nassouh Zaghlouleh con la pared en blanco y las octavillas en el suelo. / RICARD CUGAT

“Laisse tomber”, que es como decir olvídalo, déjalo, aunque no sin cierta desazón y hastío, es lo que le soltó Nassouh Zaghlouleh a Cecilia Lobel cinco  días antes de la inauguración de “Un jour syrien ordinaire’. La exposición la organizaba Lobel para dar a conocer en Barcelona la obra de Zaghlouleh. Pero el fanatismo y las amenazas entraron en juego. Y el miedo se impuso. “En Siria las imágenes se consideran armas de guerra, no se pueden sacar del país”, explica la galerista. De manera que la muestra se inauguró cuando tocaba: el 26 de noviembre, y donde tocaba: en L&B Contemporay Art. Pero lo hizo mutilada y así seguirá hasta su cierre, el 15 de enero.

La cinta visionaba la vida cotidiana de Damasco con el ruido de las bombas como banda sonora

La parte amputada es el vídeo que da nombre a la exposición y que  Zaghlouleh se ha visto obligado a autocensurar. Y muestra, eso, lo que su título indica, “un día normal y corriente de gente normal y corriente en Damasco”, apunta Lobel. Niños que juegan, jóvenes que leen, mujeres que riegan, hombres que cuidan palomas... actos cotidianos que ocurren en las azoteas de Damasco filmados clandestinamente por Zaghlouleh la pasada primavera. Unas imágenes casi poéticas salvo por la banda sonora que las acompaña: el ruido de las bombas cayendo no muy lejos. El artista sirio publicitó la exposición en su muro de Facebook. Y empezaron las llamadas para disuadirle. Primero intimidadoras, luego amenazantes. Zaghlouleh vive en Damasco, su familia también. El vídeo no vive. El temor lo hace en todas partes. “No es censura, es miedo”, se defiende Lobel. “Je suis desolé”, murmura desde la distancia Zaghlouleh.

 

L&B mantiene la muestra con obras del autor refugiadas en la ciudad desde que estalló la guerra

Fundido en negro o mejor en blanco porque esto es lo que muestra la no-proyección. Una pared con un rectángulo blanco vacío y la banda sonora de las bombas. En el suelo, octavillas: ‘Nassouh Zaghlouleh se ha visto obligado a no proyectar su vídeo por miedo a represalias’. “No quería que lo que ha pasado quedara invisible. Hemos hecho una instalación contundente que refleja la realidad que se vive en Siria. Evidencia la castración a nivel creativo, y de otras índoles, que sufre la población”, sentencia Lobel. Y evidencia también lo reñidos que están cultura y fanatismo, sea de la clase que sea. 

AYUDA A LOS REFUGIADOS Y EL PATRIMONIO

Esta es, aunque mutilada, la primera exposición de Zaghlouleh en Barcelona, ciudad en la que las piezas que sí se exponen -22 fotografías- llevan refugiadas cinco años. Son imágenes que se vieron en Reus y Sevilla en el 2010 pero que no pudieron volver a casa. Al poco estalló el conflicto y su traslado era desaconsejable. Lobel se las quedó en custodia con el beneplácito del artista. No en vano la galerista había comisariado ambas muestras. Tras cinco años protegiéndolas y coincidiendo con la participación del creador en la última Bienal de Venecia, Lobel y Zaghlouleh tuvieron el deseo de hacer algo con ellas: exponerlas. También venderlas y generar una colaboración: un 20% de lo recaudado se destinará a ayudar a los refugiados sirios y a Heritage for Peace, una oenegé que trabaja para la protección del patrimonio cultural de Siria.

Las imágenes valen lo suyo. Son únicas. En principio debían ser la primera copia de un tiraje de siete, pero difícilmente se harán las otras seis. Zaghlouleh no tiene acceso a los originales. Su estudio está precintado desde hace tres años, y el estado del material es un misterio. Además, pertenecen a una serie muy apreciada en el mundo árabe: ‘Damas Carré’. Un trabajo que  el artista realizó en el 2006 y que muestra un Damasco atemporal. Lo hace jugando con la abstracción y captando la luz de la ciudad en un momento muy concreto: el mediodía. Y lo hace como solo alguien que conoce muy bien un lugar puede hacerlo: “Tardé 20 años en recoger buenas fotos en París, en Damasco tardé 20 minutos en encontrar aquello que estaba buscando”, afirma el creador que hasta el 2003 vivió en Francia.

 ‘Un jour syrien ordinaire’, sin el vídeo que le da nombre, forma parte de la Open Night: Poblenou Urban District. Quizá la menos comercial y más artística de las incontables iniciativas prenavideñas. 

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