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Debate ciudadano sobre el futuro del centro de BCN

El plan de Ciutat Vella, del apoyo al rechazo total

Vecinos y oposición instan a mantener el equilibrio entre residentes y turistas

PP y hoteleros coinciden en que el distrito mejorará con más camas

CARLOS MÁRQUEZ / HELENA LÓPEZ
BARCELONA

Ciutat Vella no deja indiferente a nadie. Todo lo que afecte a los barrios más canallas de Barcelona genera un debate, más o menos constructivo, más o menos destructivo, en el que sentimientos encontrados orbitan alrededor de una misma reflexión: ¿Hacia dónde va el distrito? La modificación del plan de usos que impulsa el gobierno de CiU ha insuflado esta discusión, aliñada por la presión turística, la coyuntura económica, la convivencia ciudadana, la identidad vecinal y la ideología política. PP y hoteleros abrazan la posibilidad de abrir el coto de camas. El resto de partidos se oponen alegando que se pone en peligro la convivencia, y los vecinos lo rechazan porque consideran que la explotación turística ya ha tocado techo.

El plan de usos que cocina Xavier Trias permitirá la instalación de nuevos hoteles en gran parte del perímetro del distrito, así como en aquellos edificios catalogados que, a cambio de facilitar la licencia, sean rehabilitados, lo que limita esta opción a alojamientos de lujo. También se permite la expansión hotelera en la Rambla, el entorno de Via Laietana, Ciutadella y la Barceloneta. En estos casos, la operación requeriría el rescate de permisos, esto es, comprar las camas a un establecimiento para trasladarlas a una nueva ubicación y con una categoría superior.

«EVITAR LOS GUETOS» / El PP fue el único partido que votó en contra del plan de usos vigente, una obra en la que la concejala independiente Itziar González trabajó intensamente con entidades y partidos políticos antes de cerrarlo en marzo de ese año. El concejal conservador Alberto Villagrasa admite que su formación «ve con buenos ojos» que se permita la instalación de nuevos hoteles, aunque considera igual de urgente «mejorar la red comercial de Ciutat Vella para dar cabida a establecimientos de calidad». «No somos partidarios de abrir según qué locales que generan guetos, como los locutorios, que en nada han ayudado a la cohesión de los barrios», sostiene. Jordi Martí, líder del grupo municipal socialista, considera que colocar más camas equivale a «poner en peligro la convivencia y el equilibrio entre vecinos y turistas», e insta a no dar manga ancha porque el sistema actual ha demostrado ser eficaz.

Ricard Gomà (ICV-EUiA) va más allá al acusar a Trias de impulsar un «plan clasista e insolidario al servicio del lobi turístico» que rompería con lo que fue «un gran acuerdo vecinal del distrito». Jordi Portabella (UpB) también apela al «fuerte consenso» que sustenta el plan de usos actual y alerta sobre «la fragilidad del ecosistema socioeconómico de Ciutat Vella». Sobre la ampliación, el líder independentista, invita al alcalde a apostar más por la «descentralización turística» que por la concentración de hoteles en el distrito.

ALEGRÍA CONTENIDA / El Gremi d'Hotels de Barcelona prefiere ser cauto y esperar a que el nuevo plan de usos cristalice. Manel Casals, secretario general de la entidad, admite sin embargo que lo que publicado «son buenas noticias» para ellos. Se muestra satisfecho con la posibilidad de ocupar fincas catalogadas -una vieja reivindicación de este influyente colectivo- y manifiesta el «poco éxito que ha tenido el rescate de licencias», puesto que, según sus cifras, solo se han producido uno o dos desde que el plan se puso en marcha.

Maria Mas, portavoz de la Xarxa Veïnal de Ciutat Vella y de la Associació de Veïns del Casc Antic, no es optimista ni ante el cambio en el plan ni ante la posibilidad de impedirlo. «Nos opondremos tanto como podamos, pero el poder del lobi hotelero es muy grande», apunta. Mas apunta también al peligro de la aparición de nuevos casos de acoso inmobiliario fruto de la agrupación de pisos turísticos por fincas, detalle que el nuevo plan mantendría. En la misma línea se pronuncia Oriol Casabella, presidente de la Associació de Veïns de la Barceloneta, quien también está preocupado por la movilidad de licencias. «El barrio ya tiene bastante con lo que tiene. No puede soportar más presión turística. No creemos en ese modelo», prosigue.

Eduard Elias, miembro de la Plataforma de Veïns de la Rambla, considera «directamente una aberración» que se permita la apertura de nuevos hoteles. «En la última reunión del Pla Cor, hace meses, se nos anunció a bombo y platillo un plan de inspección de licencias que aplaudimos. Nos sentimos engañados; no solo no han presentado ningún resultado, sino que nos encontramos ahora con que nos mandan a más turistas», censura.

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