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a pie de calle

Un retrato de la vida en miniatura

Edwin Winkels

En la calle de Bonsuccès, número 13 hay un flamante portal pintado de un color claro, con un amplio vestíbulo y una nueva puerta de hierro. Hace un año, ahí existía aún uno de esos quioscos de escalera, pequeñísimos establecimientos en forma de cajón, largo y estrecho, con un pequeño escaparate en la calle y el mostrador en el mismo pasillo por donde los vecinos de la finca acceden a la escalera o, en pocos casos, al ascensor. Entonces actuaban ahí hasta 25 pinchadiscos barceloneses, dentro del modesto festival artístico Lilliput, «el único festival del mundo en quioscos de escalera».

Con bastante pena descubrió Patricia Ciriani, directora del Lilliput, cuando preparaba la tercera edición que arranca hoy, que aquel quiosco ha desaparecido. Un argumento más para su lucha, a través del arte, de intentar conservar esos espacios únicos, documentados en Barcelona en el siglo XIX. Ahora, en aquel portal hay colgado un cartelito de los vecinos: «Cierren la puerta».

La puerta de enfrente, del número 12, está casi siempre abierta. Porque ahí sí sobrevive aún el quiosco que, por tercera generación ya, alberga un pequeño comercio. El abuelo tenía una relojería, el padre una perfumería -palabra que aún figura en el letrero- y Montserrat Prats ahora una tienda especializada en medias. «Llevo desde los 17 años aquí, y ahora tengo 65, así que calcula...» cuenta ella, que recuerda que no tardará mucho en jubilarse, sin saber qué pasará después con este quiosco de alquiler, de renta antigua.

De momento, por unos días, actuará ahí con su The Doors Project la coreógrafa y bailarina estadounidense Eryn Rosenthal, la principal atracción de un festival más lilliput que nunca, con recortes de subvenciones y descenso de quioscos; este año, hasta el 22 de octubre, solo habrá actuaciones en cuatro de estas escaleras en Ciutat Vella. «Son espacios muy humanos, son puertas donde la gente mantiene conversaciones», dice Eryn, antes de demostrar su danza con el italiano Paolo Cingolani, que desde el quiosco le lleva a la plaza de Bonsuccès, ante la extrañeza de los transeúntes, algo a lo que la norteamericana está acostumbrada: comenzó su «proyecto de puertas» en la Puerta del Sol de Madrid, entre los indignados del 15-M.

Luz en Petritxol

3 Y si en Bonsuccès se concentra el baile, en el número 1 de la calle de Petritxol el diseñador industrial Sébastien Cordoleani instala la Lámpara Alcoba, una luz en miniatura que no ahuyentará a las prostitutas y sus clientes, sino que solo iluminará varios objetos en miniatura en el pequeño quiosco al lado de la plaza del Pi. En el pasaje en el número 31 de Sant Pere Més Alt, donde el quiosco alberga un auténtico bar, el Pasajes, vendrá de visita un tipo con traje y maletín que se hace llamar Kls Beats y que protagonizará Laptop Café: pondrá música e imágenes para retratar a los responsables de la crisis económica, bancos sobre todo.

En la calle de Ferran, 19, por último, la catalana Laia Solé mostrará en pantallas su Archivo volante, su búsqueda de anuncios clasificados sobre la venta o alquiler de quioscos de escalera en Barcelona: «A partir de los años 70, ya apenas salen estos anuncios». Una muestra más de la lenta desaparición de esta ciudad en miniatura.

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