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COMERCIOS. OBRADORES ARTESANALES

Pasta fresca 'made in BCN'

MARINA MUÑOZ BENITO
BARCELONA

La Italiana, el comercio y obrador de pasta fresca más antiguo de Barcelona, nació en la Rambla en 1902 bajo el nombre de Il burro de Milano. «Mis bisabuelos partieron de Génova para las Américas. Tuvieron tan mala travesía que se quedaron en Barcelona, donde vieron la oportunidad de negocio», explica Carla Rivoli, de la cuarta generación y quien ahora está al mando de la empresa.

Estos últimos años, y seguramente con la visión de futuro que tuvieron los Rivoli hace un siglo, pequeñas empresas gastronómicas italianas de carácter familiar han ido estableciéndose en la capital catalana. «El consumo de pasta fresca de los supermercados había aumentado mucho, y más en Catalunya», explican los hermanos Lucca y Marco, propietarios de Pasta Luego (Casanovas, 197). Este alimento también ha llegado los mercados municipales. La parada Celentano, en el del Clot, es un ejemplo.

El obrador a la vista, que permite a los clientes ver el proceso de fabricación de la pasta y la personalización del relleno, cada vez más en boga, son dos características en alza en estos locales. La producción, al ser artesanal, se puede adaptar a las peticiones de los clientes más sibaritas.

Ante rellenos típicos tradicionales de los raviolis, como es el de carne, en Barcelona se pueden encontrar más de 40 tipos diferentes. Desde Pasta Luego proponen el de puerros y trufa. En Pili la Pasta (Girona, 85) apuestan por el producto local: relleno de pies de cerdo con chorizo y lentejas. «Como no soy italiana, no estoy sujeta a la tradición y fusiono ambas culturas», expone Pilar Palo, propietaria. Taller de Pasta, en Bruc, 85, está preparando para otoño un relleno de butifarra con ceps.

Además, este último local, regentado por Graciella Nowenstein y Sophie Rabattu, es el único de la ciudad que propone talleres prácticos. Cada miércoles, de 19.00 a 21.00 horas, los interesados aprenderán a amasar, a preparar raviolis y a cortar espaguetis. Con ello, «queremos transmitir la cultura del buen comer y que la gente lo pueda hacer ella misma en casa», explica Nowenstein.

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