Abierto de Tenis de EEUU

Las angustias de Nadal

  • El jugador español supera a Fognini por 2-6, 6-4, 6-2 y 6-1 y se medirá este sábado a Richard Gasquet en tercera ronda del Abierto de EEUU

  • Recuerda que se sobrepone a “muchas cosas que a veces son difíciles de gestionar”

Las angustias de Nadal

EFE / JASON SZENES (Efe)

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Idoya Noain
Idoya Noain

Periodista

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Los marcadores y los cuadros solo cuentan una parte de la historia. Los de Rafael Nadal a estas alturas del Abierto de Estados Unidos dejan por detrás dos partidos ganados a cuatro sets, uno frente a Rinky Hijikata y otro con Fabio Fognini. Lo sitúan ya en tercera ronda, donde este sábado se mide a Richard Gasquet, un buen amigo al que se ha impuesto en sus 17 encuentros anteriores y que es la siguiente prueba que el balear tiene que superar en este camino de cemento que podría acabar en su quinto título en Nueva York, el grande número 23 de su inigualado palmarés. 

Hay, no obstante, otra parte de la historia. Posiblemente es la más importante en este momento para Nadal. Y es la que mejor explica lo visto hasta ahora en Flushing Meadows y, especialmente, en el partido inusualmente tosco que disputó el jueves por la noche frente a Fognini. Porque tras un principio que reconoció un “desastre”, uno que en la pista le llevó incluso a decirle a su equipo que estaba con “ansiedad”, siguió adelante y acabó resolviendo, desplegando esa capacidad suya para “no frustrarse y no desesperarse”, aceptando “con humildad los errores” y sin castigarse. 

Pero en ese encuentro accidentado, y no solo por un desafortunado golpe con la raqueta en la nariz, cobraron forma los “momentos difíciles” que reconoce estar atravesando el mallorquín.

Problemas físicos

Están, por supuesto, las cuestiones físicas. Son, como dice, “muchas cosas que no te permiten tener continuidad”. Y ahí puede enumerar: la costilla rota, el pie que le tenía “destrozado” antes de conquistar Roland Garros y que solucionó “más o menos”, la rotura del abdominal que le obligó a retirarse en Wimbledon... 

Esa última lesión ha dejado más que esquelética su preparación en competición, con solo un partido en Cincinnati antes de llegar a Nueva York. Le ha impuesto ajustes, como un cambio en el servicio, tirando la bola un poco más baja para poder evitar un gesto mucho más agresivo que ponga en riesgo la recuperación. Y le obliga a ir “con pies de plomo”. 

“Situaciones difíciles de gestionar”

Pero Nadal no lo oculta. Hay más. Y más vital. Lo que para el público o los medios son noticias sobre el ingreso hospitalario de su esposa, María Francisca Perelló, por complicaciones en el embarazo mientras él estaba ya en Estados Unidos, para él es una situación personal compleja. Porque su esposa “está bien”, como dice saliendo al paso a “según que tipo de informaciones en la prensa acerca de su estado”, pero “al final son situaciones que a veces son más difíciles de gestionar cuando uno está lejos de casa”.

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Todo suma, todo resta. Y por eso Nadal va “paso a paso”. Intenta estar “con calma, con la máxima ilusión posible” y “centrado en lo que tengo que estar”. Pero “a veces”, como explicaba el jueves de madrugada, “tampoco las cosas son tan fáciles”. “Para mí es un reto y asumo el reto”, decía.

Por ahora sigue en competición en Nueva York. Sabe que “significa mucho seguir con vida” después de un partido como el de Fognini, donde solo la determinación y algo de suerte le permitieron escapar “de una situación en que estaba al límite”. Y hace lo que responde a su naturaleza de persona “positiva”. “Las cosas salen a veces, y a veces no”, dice, “pero la confianza, o mejor dicho, la esperanza, no la pierdo hasta que estemos fuera”. Y ahora, incluso en estos momentos difíciles, no lo está..

Las lecciones de Nadal

El partido de Rafael Nadal ante Fognini posiblemente no será el que vea alguien que estudie a los grandes para intentar mejorar su juego. Pero las lecciones de Nadal no siempre son visibles sobre la pista. Y el jueves ya de madrugada, en la sala de prensa, cuando un periodista le preguntó qué trabajo mental hace para reconducir un partido como el que acababa de disputar, dónde se refugia para superar un bache en la pista, ofreció una explicación que sí deberían posiblemente leer quienes quieren coger una raqueta y competir.

 

“No soy muy de refugiarme ni de darle muchas vueltas. Al final, yo no soy una persona de buscar el interior o de meditar mucho, el deporte es simple y al final aunque se le quiera dar una complejidad que muchas veces no existe, el deporte en general es básico. Lo único que yo intento hacer en esos momento sobre todo es no desesperarme, al final es tener la humildad para aceptar los errores”, dijo.

 

“Al final cuando uno no se considera exageradamente bueno se tolera y se perdona los fallos y esa es una de las cosas que he hecho en mi carrera, la capacidad de decir bueno, estoy haciendo un desastre, pero puedo hacer un desastre, no me considero tan bueno como para no hacer desastres. Partiendo de esta premisa”, continuó, “aceptar las cosas y tener la cabeza lo suficientemente abierta para decir: es lo que hay en este momento. ¿Cómo se puede solucionar?”

 

La fórmula tenística, según su planteamiento, es “tirar al centro”. “Cuando las cosas van mal y no sientes la pelota, tiras al centro, que el otro te gane los puntos. Así al menos tú tienes la sensación de no error. Desde ahí puedes ir construyendo poco a poco, generar desde la confianza”.

 

En su caso, ante Fognini, le costó tiempo poder hacerlo. “Había calentado bien, me había preparado para salir a jugar bien, con lo cual decía, en algún momento me va a salir el tenis. Pero claro se iba alargando el partido, se iba alargando el estado horrible en el que estaba. Así que apunta al centro, tres cuatro pelotas dentro, que el otro me la gana y a ver si poquito a poco voy”…

 

Costó, pero funcionó. Y Nadal, que tampoco elude el factor “suerte”, escapó “de una situación en que estaba al límite”. Y se ha dado otra oportunidad.