Las arañas se enamoran siguiendo las mismas leyes de los planetas que orbitan una estrella

Las arañas se enamoran siguiendo las mismas leyes de los planetas que orbitan una estrella
3
Se lee en minutos

Una variedad de pequeñas arañas macho deben realizar una verdadera proeza para seducir y aparear a la hembra de su especie, notablemente más grande. Un mínimo movimiento erróneo sobre la telaraña podría provocar que la hembra mate y degluta al macho. Un nuevo estudio realizado por investigadores del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal (MPI-AB) ha descubierto que para lograr su propósito la araña macho debe seguir las mismas leyes de la física que hacen posible el comportamiento de los electrones que orbitan un núcleo, o de los planetas que orbitan alrededor de una estrella.

La araña Trichonephila, también conocida como de seda de oro o de tela dorada, presenta una notable diferencia de tamaño entre machos y hembras: es macho es cerca de un quinto del tamaño de la araña hembra. Además de este detalle, es una especie llamativa por otras cuestiones: por ejemplo, la hembra reconstruye la mitad de su tela cada mañana, en tanto que los ejemplares jóvenes muestran un movimiento vibratorio cuando necesitan escapar de un depredador.

Pero quizás el aspecto más extraño de su comportamiento tiene que ver con la peligrosa “danza” que deben realizar los machos sobre las telarañas para atraer a las hembras y aparearse. Si se acercan demasiado rápido a la enorme hembra o realizan acciones que puedan entenderse como agresivas, el final puede ser fatal para el infortunado macho.

Como planetas o electrones

De acuerdo a una nota de prensa, si pensamos en una estrella masiva en el espacio, de dimensiones suficientes como para generar su propio campo gravitacional atrayendo objetos más pequeños a su alrededor, como por ejemplo planetas, podemos relacionarla directamente con la araña hembra “caníbal” y gigante que atrae a los diminutos machos a su tela. La figura también es similar a la que puede darse entre los electrones orbitando un núcleo atómico.

Sin embargo, en el nuevo estudio publicado recientemente en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), los científicos han descubierto que las similitudes entre estos procesos son más profundas de aquello que podría pensarse en una mirada superficial. Los investigadores comprobaron que las reglas físicas de interacción, que equivalen a atracción y repulsión entre los participantes y que gobiernan su movimiento, pueden explicar la dinámica en tiempo real que se produce durante el proceso.

Esto explica por qué las arañas, que disponen de un pequeño y limitado cerebro, pueden realizar movimientos tan precisos. En otras palabras, las decisiones aparentemente complejas que toman los machos, en un delicado equilibrio entre el riesgo y la recompensa o la vida y la muerte, no requieren de una inteligencia avanzada: se pueden lograr las mismas soluciones detectando vibraciones en la red y respondiendo a las fuerzas físicas de atracción y repulsión.

Tema relacionado: Crean música a partir de las vibraciones de las telarañas.

Atracción y rechazo

Del mismo modo que los planetas más pequeños tienen su propia atracción gravitacional, las arañas machos también se atraen entre sí, en un movimiento de acercamiento y repulsión que se intensifica a medida que se integran más profundamente. Es lo mismo que sucede entre los electrones alrededor de un núcleo.

También es el mismo “juego” que afrontan los planetas: en un principio, se repelen y chocan entre ellos por el efecto de la gravedad, hasta que aquellos que “sobreviven” a las colisiones pueden acoplarse a la órbita de su estrella. Al momento de “seducir” a la hembra, las arañas también compiten en la telaraña: los machos más hábiles lograrán acercarse en el momento exacto y recibir la recompensa del apareamiento.

Referencia

Noticias relacionadas

Spatio-temporal dynamics of animal contests arise from effective forces between contestants. Amir Haluts, Sylvia F. Garza Reyes, Dan Gorbonos, Robert Ian Etheredge, Alex Jordan and Nir S. Gov. PNAS (2021). DOI:https://dx.doi.org/10.1073/pnas.2106269118

Foto: una araña Trichonephila hembra (izquierda) junto con el macho mucho más pequeño (derecha). Crédito: Alex Jordan / Max Planck Institute of Animal Behavior.