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La crítica de Monegal: La tele, la edad y el síndrome de abstinencia

Monegal La plaza

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Ferran Monegal
Ferran Monegal

Crítico de televisión

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Acaba de estrenar Jordi González en La 1 de TVE, el programa de tarde ‘La plaza’. Es un ejercicio que, de entrada, tiene la virtud de intentar diferenciarse. Las ‘matinées’ y el ‘pomeriggio’ –como dicen en Italia–, en casi todas las cadenas son iguales. Cambian las criaturas que presentan, cambia el decorado, cambian algunas caras de los invitados, pero los temas son los mismos, que van rulando, de la mañana a la tarde, hasta agotarlos. Y agotarnos.

‘La plaza’ se ha diseñado de una forma más inteligente. Parece que van a desarrollar temas propios, no mimetizados de las ‘matinées’. Eso es relevante. En este arranque han abordado un contenido socialmente fundamental: el edadismo, es decir, el rechazo a quienes superan una cierta edad. Terelu Campos, por ejemplo, habló del dolor y la tristeza de su madre, María Teresa: la tele la echó por considerarla anciana. «A mi madre se le paró la vida el día que dejó de pisar un plató. No fue el público quien la retiró, fue una empresa». Me gustó esta Terelu, hablando sin aspavientos seudosentimentales, con sobriedad y a la vez delicadeza, sobre cómo se fue consumiendo su madre al ser rechazada.

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Era una Terelu distinta de la que hemos visto tantos años en la basurilla de los ‘Deluxe’ y ‘Sálvame’. «Moriré joven, no importa a qué edad», canta Nacha Guevara, a sus 83 años, en el disco ‘80 y cantando’ que acaba de lanzar. Lo comentaban esa misma noche en ‘Cuentos chinos’ (T5) cuando entrevistaban a Manuela Carmena, otra señora en perfecto estado de revista, fisica y neuronal, a sus 79 años. El otro día ‘El foraster’ Quim Masferrer (TV3) estuvo en Xerta y se encontró con Ricardo, de 90 años. Le dijo que jamás había soplado las velas de una tarta de aniversario. Entiendo perfectamente a Ricardo: déjenme cumplir años a mi aire y guárdense las velas para cuando oficien mi funeral.

Es muy arborescente este asunto de la tele y de la edad. Celia Villalobos, que tiene 74, desde que la jubilaron de diputada cree haber encontrado en los platós su resurrección existencial. Ahora también está en ‘La plaza’. En general, la necesidad de salir en pantalla puede ser muy adictiva. Una droga. Se están dando casos graves. Los que sufren este síndrome nunca se preguntan: ¿ir a la tele para hacer qué? Se pirran por salir. Por mostrarse. Que les vean. No les importan las pamplinas que tienen que ejecutar. Y no me refiero a esta gran profesional que fue Maria Teresa Campos.