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La crítica de Monegal: La ‘espardenya’ de Jill Biden y la ministra sin voz

Reportera mostrando la ‘espardenya’ (T-5).

Reportera mostrando la ‘espardenya’ (T-5).

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Ferran Monegal
Ferran Monegal

Crítico de televisión

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Nos ha extrañado en casa que TV-3 no haya resaltado en sus informativos la compra que hizo ayer tarde la señora Jill Biden por las calles de Madrid, barrio de Salamanca. Ha sido un momento muy hermoso, de gran catalanidad. Hemos tenido que recurrir a ‘El programa de Ana Rosa’ para informarnos.

Una reportera ha investigado la compra de la primera dama estadounidense, y nos la ha enseñado: unas ‘espardenyes’ de la acreditada industria Castañer, de Banyoles, de la colección 2022 Tierra, Mar y Aire. ¡Ah! Una compra tan ‘nostrada’, los 'TN' de TV-3 no deberían haberla pasado por alto. Estas imágenes ponen a Catalunya en el epicentro mundial por la vía del zapato. Y lo más maravilloso: la reportera, después de hablar con Víctor, el encargado de la tienda, ha certificado que la señora Biden ha pagado las alpargatas. Es un dato históricamente reconfortante. Cuenta la leyenda que otra primera dama, llamada Carmen Polo de Franco, se paseaba por las joyerías de ese mismo barrio de Salamanca, se llevaba alguna pieza que le gustase, y dicen que no pagaba.

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LA MINISTRA SIN VOZ .– Otra imagen de actualidad que está excitando a los teleanalistas políticos es la que han protagonizado las ministras Rodríguez y Montero. Los periodistas preguntaban a la señora Montero por el tema de Marruecos, y contestaba la ministra Rodríguez mientras la Montero permanecía callada. Vista la secuencia, la estampa resultaba bastante surrealista, la verdad. Dicen que lo tenían ensayado, pero les ha faltado arte. Deberían haber recurrido a un buen ventrílocuo, tipo ‘los muñecos de Mari Carmen’. Si la ministra Montero hubiera sido bien adiestrada en ventriloquía, a cada pregunta que le hacían podía haber respondido moviendo los labios, como si hablase, pero en realidad la voz la pondría su compañera, la ministra Rodríguez. Habrían conseguido lo mismo, es verdad, pero al menos hubiesen protagonizado una velada de notable valor teatral.

Decía Albert Om el lunes en ‘Els matins’ (TV-3) que si finalmente Dèmbelé se marcha será el primer jugador que, después de vivir cinco años aquí, se irá sin que le hayamos escuchado nunca hablar. Y advertía: «Yo, del Barça, me lo quedaría, con la esperanza de escucharle la voz alguna vez». El 'caso Dèmbelé' es un ejemplo de ventriloquía clásica: habla por él Moussa Sissoko, su tremendo mánager.