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TÚ Y YO SOMOS TRES

Comedia Pantoja, tragedia Open Arms

Ferran Monegal

Isabel Pantoja actuando en Supervivientes. 

Hay noches de tele muy cafres. La del martes, 7, fue una de ellas. Y no me refiero a la vergüenza que pasamos con el Liverpool-Barça. Me refiero a que con solo dos clics en el mando a distancia, con solo ir apretando dos botones, e ir pasando de uno a otro canal, el golpe, el contraste, era brutal. En La Sexta (El intermedio) apareció Òscar Camps. ¡Ah! Cada vez que Camps sale en algún programa no es porque le pirre salir en pantalla. Cada vez que aparece es porque quiere lanzar un SOS, una llamada de auxilio, a todas las conciencias de los seres humanos. Acababa de llegar de Lesbos, donde el Open Arms está varado, anclado en alta mar. A este barco, cargado de ayuda para los más 5.000 refugiados que malviven bajo plásticos, en barracas o tiendas de campaña improvisadas sobre los pedregales; a este barco, les decía, no le dejan entrar. Decía Camps, con una contundencia que nos retumbaba en el alma: «El puerto está vacío, pero para nosotros no hay ni un amarre. Somos molestos. Llevamos material sanitario, ropa para los niños, para las madres, para los ancianos, y 4.000 kilos de gel para que puedan lavarse. Pero nos tienen bloqueados. Parece que nos consideran el barco más peligroso del Mediterráneo». ¡Ah! El mensaje, la llamada de socorro, era como una daga que salía desde el interior de la pantalla: 5.000 personas no pueden sobrevivir sin esa ayuda humanitaria que lleva el Open Arms, y las autoridades lo mantienen bloqueado.

Dándole entonces al otro botón del mando a distancia pasabamos a otro canal, pongamos T-5, pongamos Cuatro –lo mismo da–, en donde nos enseñaban otra isla. También habia allí unos llamados Supervivientes. Pero hacían cosas raras. En lugar de estar en el más absoluto desamparo, hacian comedia por contrato remunerado. La más principal de estas criaturas, a 80.000 euros por semana, llamada Isabel Pantoja, gritaba refiriéndose a otro que se llama Carlos Lozano«Nos tiene psicologicamente martirizadas. Yo me marcho. Me voy porque, gracias a Dios, ¡tengo p’a vivir!». Y entonces apareció una chalupa, y hacian ver que se la llevaban. Pero al cabo de un rato volvía fresca y aseada, asegurando: «No abandono. Me quedo», y conseguían un repunte de audiencia muy grande. ¡Ah! Como les decía al principio, hay noches que la tele nos ofrece contrastes muy cafres.