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TÚ Y YO SOMOS TRES

Fuera informativos, pongamos a Risto

Ferran Monegal

Risto y Paula Echevarría (’Todo es mentira’). / Cuatro

Ha coincidido el estreno de Todo es mentira con el anuncio de que Mediaset va a eliminar todos los informativos de la cadena Cuatro. O sea, dado que no pueden con La Sexta –su competidora del otro imperio, Atresmedia–, han decidido seguir aquella sabia advertencia de Napoleón cuando decía: «Hay batallas que solo se ganan huyendo». Efectivamente. En realidad, Bonaparte se refería a lo insensato que resulta guerrear contra señoras, en concreto contra su esposa la tremenda Josefina que, cada vez que discutían, él siempre tenía que huir y salir por piernas. Pero la cita es extrapolable y pertinente. Paolo Vasile, gran padrino de Mediaset España, es un hombre pragmático. Es muy consciente de la televisión que sabe hacer, y la que no sabe hacer. Su terreno, en el que es imbatible desde hace 25 años, son los realities, las ratomaquias, los docu-soaps o sopicaldos de realidad alterada sobre criaturas a sueldo; y el canibalismo entre colaboradores. Este es su campo, y su negocio. De ahí su decisión sobre Cuatro: dejémonos de información, de periodismo, y de comunicación con pretensiones, y metamos ahí las papillas que no caben en T-5, ya sean tróspidos o Gipsy Kings. Y en este clima le han dicho a Risto Mejide que se meta en la hora de la sobremesa con Todo es mentira.

Hombre, el título es bueno. Es eso. No es un programa estrictamente sobre las tramposas fake news, como podría parecer. Es un conglomerado espumoso que a veces recuerda el zapeando o los vídeos de primera, también los cara a cara con atril como aquellos Moros y cristianos de finales de los 90, también un debate quizá inspirado en la difunta La noria, y concluye con entrevista tipo Chester. Cuidado: la suma de ingredientes está bien hecha. El cuadro de colaboradores tiene ingenio. La incorporación de Itziar Castro, por ejemplo, es un acierto. Y la solución que ha encontrado Elsa Ruíz para la exhumación del dictador, o sea, sacar su estatua de cera del Museo de Cera y meter en su lugar la momia auténtica, me parece una idea a tener en cuenta.

Lamentablemente, el estreno tuvo una audiencia enclenque (4% de share). Siendo un programa diario, démosle tiempo. Aquí lo maravilloso es que Risto, acostumbrado a programa semanal, haya aceptado bajar a diario a la obra. ¡Ahh! La tele es tremenda. Tira una barbaridad. En un publicista, raya la obsesión.