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ENTREVISTA

Roberto Leal: "En un programa como 'OT', o te sumerges hasta el fondo o estás perdido"

El periodista, que se ha convertido en la gran baza de RTVE, asegura que en su carrera 'OT' es lo más grande que le ha pasado, pero espera que su naturalidad le permita seguir muchos años en la tele

Inés Álvarez

El periodista Roberto Leal, en una de las galas de ’OT 2018’.

El periodista Roberto Leal, en una de las galas de ’OT 2018’. / JOSÉ IRÚN

La pasada edición de OT, la de la vuelta del formato a TVE, la de «la magia», la disfrutó tanto como los 16 chicos que vivieron esa experiencia, porque para él también era algo nuevo, excitante. Un regalo que le había dado la profesión. Y eso que Roberto Leal (Sevilla, 1979) lleva a sus espaldas 17 años de televisión. Ahora se ha embarcado en otra edición del talent y está feliz. Lo suyo, demostrado está, es el directo: en él se mueve sin perder ni un ápice de naturalidad. Su gran baza. La que le ha hecho triunfar. 

¿Este año el  reto es mayor: hacer olvidar a los chicos de OT 2017?

Sin duda. Jugamos con el recuerdo tan presente aún de una edición exitosa en la que todos hablábamos de magia. Porque nos salió una gran edición. Pero, ahora, cada semana salimos a jugar y a pelear, porque este es un formato de largo recorrido. No nos podemos confiar, porque nadie nos ha regalado nada.

¿Los concursantes de esta edición tienen quizá menos frescura y saben que deben ser graciosos?

Aún es pronto para juzgarlos. Está claro que muchos ya saben lo que es OT, porque lo vieron el año pasado. Los del 2017 también lo sabían, pero les quedaba más lejos. Aunque algunos de esta dicen que no habían visto el concurso el año pasado. No sé si tienen el discurso aprendido, si actúan... Pero cuando uno entra en un lugar cerrado, acaba olvidando la cámara. Lo que pasa es que hay cuatro perfiles muy bromistas. Aunque si les han seleccionado entre 16.000 es que son buenos en la música. Para hacer bromas ya me tienen a mí.

Saber quién concursaría hizo que la gente les buscara antes en las redes. ¿Eso le perjudicó a Luis?

Yo creo que no, porque quien te nomina dentro de la gala 0 o te pone ahí es el jurado. Si para el jurado Luis hubiese hecho una grandísima actuación, el tema de las redes no habría influido en absoluto. Sin embargo, la campaña que se ha lanzado, OT no es odio, es real. Yo siempre relativizo: esto es un concurso de televisión y hay una vida detrás y delante de esto. No hay que tomarse las cosas tan a pecho. Ni lo bueno ni lo malo. Es verdad que, con los perfiles de los concursantes del año pasado tan recientes, los fans de unos y otros comparan. Y son libres de decir lo que quieran, pero siempre dentro del respeto. Cuando alguien amenaza e incita al odio, incluso con comentarios de tono  racista, que se le bloquee. A aquellos que no participan de esta fiesta, que es de buen rollo y para pasar un buen rato. Para amargarnos, ya tenemos la vida.

Está como niño con plató nuevo. Pero casi 1.000 personas son difíciles de controlar. Este año se está poniendo más Rottenmeier...

El público ya conoce a los chicos y se ha enamorado de uno u otro, con lo que las emociones están servidas. Y está bien, ya que este programa también es eso. Lo que pasa es que en el plató se viven las cosas de forma diferente. Si la gente grita, no se oye: ni los concursantes a mí ni yo a ellos. Y tampoco el jurado. Aunque la gente en Twitter me dice: «Roberto, en casa se oye perfectamente». Tengo que aprender a gestionar eso.

Sobre todo en la desastrosa gala segunda, tras funcionar la 0 como un reloj. ¿No se puede uno confiar?

Tienes que estar alerta en todo el programa, porque es un directo complicado. Pero, si le soy sincero, yo no me di cuenta de los problemas de sonido hasta que no había acabado. Sí me di cuenta de que algo no iba bien, cuando tuve que llevar micros.  A mí no se me informó de eso, porque yo poco podía hacer para solucionar esa parte técnica. De hecho, el micro lo tengo cerca por si pasa más, que espero que no. Con lo que debo hacer de azafato y animador del público. En este programa debes estar atento, porque en el momento en que te relajas, trasciende rápido, ya que hay mucha gente viéndolo.

¿En OT está haciendo un máster en improvisación?

Pero eso no lo he aprendido aquí. Llevo 17 años en la tele y ocho como reportero ligado a España directo. A mis alumnos les digo que cuando pasa algo así, hay que normalizarlo. No puedes estar diciendo todo el tiempo: «Perdón, tenemos un problema. Vamos a solucionarlo». Porque eso te pone nervioso a ti, a los espectadores y a los compañeros que están arreglándolo. 

¿Sus alumnos? ¿De qué da clases?

Doy dos o tres posgrados o másteres al año en universidades privadas. Cursos de tres o cuatro semanas de ponerte delante de la cámara y  perderle miedo al directo. Tengo muchos chavales a los que les aconsejo ser ellos mismos y no intentar engañarse, porque la gente no se lo compra.

Alguna vez ha pensado en un directo: ¿qué hago yo aquí?

Nunca. Yo sigo viviendo esto como un regalo. En mi vida profesional es lo más grande que me ha pasado. En ningún momento he dicho: «¡Tierra, trágame!». Ojalá esto dure muchos años. Aunque, desde que ha nacido mi hija, intento vivir el día. Y no es una frase de Pablo Coelho. No, jamás lo he dicho. Eso solo me pasa cuando corro los maratones, que pienso: ¡quién me habrá mandado a mí metermo en esto!

No para. Es el Jesús Vázquez de TVE.

¿Porque estoy en todos los lados? Debo seguir pagando facturas, tengo una niña y eso lo tengo claro: cuando me llega una oportunidad como esta, adelante. Pero no me quiero volver loco, y de cada proyecto que llegue, habrá algunos que podré hacer y otros, no. Por ejemplo, mientras he podido compatibilizarlo he seguido con España directo y había quien me preguntaba que por qué. Pero es que era mi formato, donde nací... 

En el programa 'España directo', de TVE-1. / RTVE

Está que se sale, pero no siempre ha sido así. Se chupó todas las susituciones de Navidades y Semana Santa en Espejo público entre el 2010 y el 2014. Y el 2012, el espacio Te lo mereces saltó a los tres días. ¿Qué lección sacó?

De todo se aprende. Al final, lo que me he llevado son grandes compañeros de los que he aprendido cosas y algunos con los que me ha quedado una gran amistad, como Paula Vázquez. En Te lo mereces  yo era un azafato con un perfil casi perdido. El programa no funcionó y me fui para mi casa. Pero te das cuenta de que ni el fracaso es tal fracaso ni el éxito es tal éxito. A mis alumnos les digo: «Aquí, al día siguiente de algo muy bueno, reseteas y empiezas de cero. No te vale lo que hiciste ayer».  La primera edición de OT fue un éxito (esperemos que lo sea esta) y me he llevado la a gloria de esta profesión. Pero te tienes que quedar en el medio. Espero que pueda vivir quizá no en la cresta de la ola, pero sí navegando durante mucho tiempo.

Esa incertidumbre les humaniza.

Sí. Tienes que relativizar. Tengo mis errores y si me equivoco, lo cuento. Debes normalizar y no ponerte una impostura, un  corsé. No hay que marcar esa distancia que a veces nos imponemos cuando hay una cámara de por medio.

¿Es ese el secreto de Jesús Vázquez?

Sí. Jesús Vázquez, que es uno de los grandes de este país, del que tengo mucho que aprender, es alguien así. Y Jorge Javier Vázquez. Y Mercedes Milá. Grandísimos comunicadores que dicen por el pinganillo si algo les molesta: «Director, me quito esto porque no oigo». O: «Tengo que ir al baño». Han roto ese discurso políticamente correcto de la tele y ese es para mí el camino. No sé hacer las cosas de otra manera.

Y no le ha ido nada mal...

Afortunadamente, la gente te quiere y te compra así. Si hubiera intentado ser alguien que no soy, no me habría salido ni la mitad de bien. Porque si te relajas un día, dicen: «Este no es el mismo». Con el acento pasa igual, si lo intento esconder [habla sin acento andaluz] y en un momento me sale una z, dirían: «¿Qué le pasa ahora a este?».

¿Realmente hay para usted un antes y después de OT?

Sí. Personal,  porque te conoce más gente y te paran más, lo que agradezco, pero sobre todo profesional, porque estoy haciendo lo que me gusta, que es entretenimiento

¿Y cómo lleva salir en las revistas?

A eso no me acostumbro. No porque me incomode realmente, porque yo tengo poco que contar más allá de mi familia, sino porque me asusta. Una vez me encontré con un hombre en la estación de Santa Justa escondido detrás de un árbol. Pero como era un poquito más grueso que el árbol, se le veía la barriguita. Y entonces le dije: «¡Oye, que yo me hago la foto!». Aunque sí que me he visto en alguna postura en la playa, que dices: yo, que he estado cuidándome tanto y salgo con barriguita .

Con lo que se debió de machacar para la revista Men’s Wealth.

Pues sí. Estuve dos meses entrenando, aunque lo más sacrificado es la dieta, que rompe la rutina de una persona de andar por casa. Pero, claro, como a  todo hijo de vecino, según cómo te agachas, te sale la barriguita... y te sacan la foto ¿Tengo que estar todo el tiempo aguantando la respiración? [ríe] A día de hoy solo he cogido un kilo después del reto. Tendrá algo que ver con el trajín que traigo. No paro.

El periodista, portada de la revista 'Men's Health'. / 'MEN's HEALTH'

Aparte, es un bailón empedernido, como ha demostrado en  OT  y en Bailando con las estrellas. ¿Qué programa mejor le podían dar?

Es que a mí me gusta la música y , el cante, y me sale OT. Me encanta  bailar, y me dan Bailando con las estrellas. Voy a dejar de decir cosas que me gustan [ríe]. He tenido suerte, porque son pasiones mías que, además, me divierten. Lo de Bailando con las estrellas también ha sido una oportunidad muy chula. Empezamos ahí compitiendo contra  los compañeros de Supervivientes, y fue complicado en cuanto a audiencia. Pero, poco a poco, nos fuimos soltando y acabamos las tres últimas galas siendo líderes. Era un programa que necesitaba crecer. A ver qué pasa. Si se renueva o no.

¿Y si se renueva y le llaman?

Me daría una gran alegría. Porque me divertí y porque aprendí a bailar algunas cositas que me han venido muy bien para las bodas [ríe].

¿Y qué tal en Cuéntame?

Eso sí que ha sido otro regalo. Porque querían hacer un documental sobre los 17 años, y en lugar de llamar a otro actor, pensaron en mí. Me encantó, porque nunca había estado en esos platós. Yo nací en 1979 y me crié en los años 80, y la serie está en esa década. Y, encima, como el guion era por pautas, se ve muy natural. 

¿Le entró el gusanillo de actuar?

No, a eso yo le tengo muchísimo respeto. Yo participo en lo que sea, porque no tengo vergüenza y porque de toda la vida he estado ligado al mundo del Carnaval y del teatro. Me refiero a que me subo a muchos teatros, no que haga teatro clásico. Pero esa profesión es muy difícil. Cuando hablaba fuera de cámara con los actores de Cuéntame y me explicaban las horas que le echan y lo sacrificado que es... Además, me he sacado la carrera para algo...

Ha sido como el hermano mayor de los triunfitos del 2017. ¿Sigue teniendo contacto con ellos?

Sí. Con Roi tengo muy buena amistad. Coincidimos en actos y hemos seguido manteniendo ese contacto bastante cercano. No hablo con los 16 cada día, pero sigo teniéndoles el mismo cariño, porque soy su tito,  y  sufro cuando no me gusta algo que les hace o dice la gente y me alegro cuando les va bien.

¿Sufre por Aiteda? ¿Quizá están pagando por tanta exposición?

Creo que todos lo gestionan bastante bien. En el caso de Cepeda y Aitana, son adultos y saben lo que hacen. Cuando anuncian en las redes su ruptura es porque les preguntan y es una manera de poner punto y aparte y seguir con sus carreras, que bastante bien les va. Los veo muy bien.

¿Con lo atrevido que es, se presentaría a un reality o a un concurso?

Un reality no es mi sitio. Y ya me presenté en su día al casting de la segunda edición de OT, pero, como canto fatal, fue abrir la boca y me mandaron para casa. Podía haber dicho: «Os acordaréis de mí. ¡Algún día presentaré OT» [ríe].

Y, mire por dónde, ha acabado siendo un triunfito más...

Sí. Es que cuando te metes en un programa así, en el que hay tantas emociones −también para los que trabajamos aquí−, sobre todo en las redes sociales, o te sumerges hasta el fondo, y estás ahí para lo bueno y para lo malo, o, si no, estás perdido. No serías parte y seguro que habría otros que lo harían mejor que tú.