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ENTREVISTA

Jorge Luengo: «Mi ceja blanca la causó el estrés, y ahora es mi seña de identidad»

El mentalista tiene en DMax el programa 'Desafío mental', en el que somete, a famosos y anónimos, a experiencias increíbles

Inés Álvarez

El mentalista Jorge Luengo, en Desafío mental (DMax).

El mentalista Jorge Luengo, en Desafío mental (DMax).

Ha estudiado tres ingenierías, psicología y neuropsicología, además de dominar la magia, para poder controlar la mente e influir sobre las decisiones. Y lo que acaba haciendo Jorge Luengo (Cáceres, 1984) es tan inquietante como fascinante. Tras el éxito de su primer especial, ha vuelto a DMax con cuatro nuevos programas de 'Desafío mental' (sábado, 22.00). Dice que todo es 100% real y, además, explica cómo lo hace. Aunque no todo. Si no, dejaría de ser magia. 

La última vez que hablamos, por el especial de junio, decía que a ver qué pasa. Y ha pasado: DMax está emitiendo cuatro programas más. Sí. Por una parte estoy muy contento, porque es un proyecto ambicioso y un desafío, nunca mejor dicho, a nivel personal. Pero, por otro, siento la incertidumbre de si gustará a los profesionales, a la gente de la calle, a los famosos... Bien,a estos sí: he recibido sus mensajes.

Tras aquel primer programa, le lloverían los voluntarios... Sí, ha sido más fácil. No tiene que ver que tú llames a que te llamen para participar.

En el primer capítulo de esta entrega hemos visto al dúo Gemeliers, al chef Paco Roncero y a la actriz Elena Furiase. En el segundo, a Paula Echevarría... Un amor de mujer, guapísima, encantadora... Todo lo que le diga de ella es poco. No me extraña que David Bustamante se enamorara de ella. También a Adriana Abenia y Leo Harlem. En el tercero, aparecen Sergio Llull, del Real Madrid de básquet, que es una megamáquina y un encanto de chaval;  Francis Lorenzo, un privilegio, porque es un tío que lleva  20 o 30 años en la tele, y Patricia Conde, que lleva 18 años haciendo tele. Que te diga: «He hecho muchos programas y nunca había visto algo igual» no tiene precio.

DMAX

Luengo, con Paula Echevarría.

¿Y quiénes serán sus víctimas en el último? El actor Jorge Sanz; las chicas de Sweet California, que son tres niñas encantadoras, y luego una pedazo de actriz como es Lydia Bosch, que me dijo: «Yo sí quiero que me sorprendas, pero no lo lograrás». Y al minuto 0.5 ya estaba disfrutando.

¿Quién se sorprendió más? Todos. Porque el de Paula Echevarría se podría pensar que solo es un número de magia más, sin embargo, se fue diciendo: «Porque lo tengo delante, porque me lo has regalado y me lo llevo, pero si no, sería imposible». O como exclamaba Bosch:  «¡No tiene lógica!».  O Lorenzo, que creía que nadie puede cambiar un recuerdo,y le borro un trozo de su  memoria y se lo grabo en su teléfono. «¡No puede ser!», repetía. Y lo que hicimos con los Gemeliers: unos experimentos que demuestran que un gemelo puede sentir y pensar lo que el otro. «¡No sabía que podía hacerlo!», decían.

Ya tiene un perfil muy  televisivo: los domingos, 'Desafío mental', y los lunes colabora en el magacín 'Tips', de La 2. ¿Le apetecía esta faceta? Me lo habían ofrecido hace tiempo y siempre había dicho que no. Ahora ha llegado el momento. Siempre es una oportunidad poder elegir. Y un privilegio entrar en una cadena en la que la magia está potenciada con los grandes.

¿Para usted, quiénes son? Siempre he tenido dos referentes. Uno es Juan Tamariz: por el trato con el público, la cercanía, la manera de hacer y por lo que ha hecho por la magia. Y de pequeño me gustaba mucho David Copperfield por la puesta en escena, por la manera de transmitir, de acercarse en un escenario...

¿Y alguno de los actuales? El que más me gusta, con diferencia, es David Blaine, que lleva la magia a las calles. Para mí  es un privilegio conocer a alguien como él y también tener a gente en mi equipo con quienes trabaja.

Usted se les acerca: por lo pronto ya tiene programa propio. Sí. Había trabajado en 'Qué tiempo tan feliz', 'Todo va bien', 'Pasapalabra',  'Hermano mayor', 'Buenafuente'..., pero no en un programa propio en el que una única persona es la que lo presenta, lo dirige y hace el guion y parte del montaje.

¿Y cómo definiría a su criatura? Es un programa que lo que pretende es mostrar la parte emocional de cómo recordamos, por qué mentimos y cómo nos influyen las cosas de afuera. Está basado en el mundo de la ilusión, pero desde una parte más personal. Asimismo, los anónimos que aparecen no son actores, son 100% personas de la calle; no hay trucos de cámara ni cromas ni engaño… Ya se dice al  principio del programa: todo es 100% real y la gente, de verdad.  

¿100% real? Difícil, en la tele... Sí. Es que la parte de edición es muy diferente. No es un programa al uso en donde el espectador ve que ha habido un corte de cámara y se he perdido algo, sino que aquí hay dos  o tres cámaras grabando en todo momento y, en ciertos lugares, hay un plano secuencia para verlo todo; en otro, el detalle, y, en otro, la reacción de la persona. La  pantalla se parte en tres y se ve todo a la vez  para mostrar que no le engañamos. Y también hay cámara lenta para que ver una reacción de alguien o cómo ha querido engañar. Esa parte de aprendizaje también está ahí.

'Desafío mental' lucha contra la magia televisiva de engaño. Aquí no hay cortes ni cromas".

¿Sin trampa ni cartón? El objetivo es luchar contra toda la magia televisiva de engaño, la de  un actor que hace de mago,  que es muy bueno,  pero que no tendría por qué serlo. Aquí lo que se pretende demostrar es que lo que se ve es 100% real, que la gente lo ve y lo toca y lo siente y es diferente. Porque, además, se juega con la emoción y con esa parte del cerebro en el que solo puede entrar esa persona. Y eso nadie me lo puede tocar ni retocar, ni haber cortes ni cambio de plano que tee haga pensar que te han engañado. Este programa  pretende una serie de desafíos y uno final en el que la gente consigue cosas increíbles que de otro modo no lograría, y que el espectador se sienta partícipe y protagonista de esa acción. Esta es una de las claves que marcan la diferencia.

No le gusta hablar de manipular, sino de influir. Es que queda más bonito.  A veces, pensamos que nos manipulan, pero en realidad nos influyen para que tomemos una decisión u otra.

¿Por qué explica cómo funciona? Queremos que el telespectador sepa cómo se logran esas cosas. Eso ayuda, al contrario de lo que se piensa, a que se sienta más cerca de lo que está viendo, a que al famoso lo sienta más cercano o al anónimo le coja más cariño. Porque eso me podría haber pasado a mí y yo tampoco me he dado cuenta de qué ha ocurrido. Si no te puedes creer lo que ves, si te lo explican, te sorprendes aún más.

Pero no todo, claro... No, porque entonces perderíamos la curiosidad. Solo ciertos conceptos. Con lo que no solo se queda en el entretenimiento, sino que el telespectador también disfruta,porque al final ha aprendido dos cositas y se siente mejor. Una inyección de energía positiva al 100%. Se va con las pilas cargadas.

¿Todo esto tiene una base científica, pues? Sí. Porque yo he estudiado tres ingenierías (informática, técnica de sistemas y técnicas de gestión), psicología y neuropsicología. Y de Matemáticas saqué la oposición de profesor. La parte de la ingeniería ayuda a colocar los problemas, a enfocarlos, despiezarlos, saber cómo meterte en ellos y resolver algo. La neuropsicología, a cómo funciona el cerebro, sus diferentes partes, y cómo debes atacarlo para conseguir unos objetivos u otros.

¿Y las matemáticas? Son una herramienta para lograr un fin;  una navaja suiza que te permite hacer de todo. Cuantas más cosas puedas abrir, más feliz te sentirás. Entender nuestro cerebro ayuda a disfutar y pasárselo genial, pero también a mejorar nuestra vida.

¿Usted ha visto 'Numbers', la serie en la que un matemático ayuda a resolver crímenes? 'Numbers' tiene una parte ficcionada. Tiene cosas buenas y otras irreales. Porque los modelos de trabajo ahí se construyen demasiado rápido; en la realidad se tarda más.

"Entender nuestro cerebro ayuda a disfrutar, a pasárselo genial, y a que mejore nuestra vida"

¿Y qué hay de magia en 'Desafío..'.? La magia es el arte supremo que bebe de todas las artes y que logra lo que todas las demás pretenden: emocionar. Pero mientras que una melodía cada vez te gusta más y un cuadro lo quieres ver más y más, la magia, la primera vez te sorprende; la segunda, ya lo sabes, y la tercera, te marchas. Necesitas el factor sorpresa. Hay que hacer las cosas de una manera un poco diferente. Porque, si no, habrá grandes clásicos, como la paloma o la chica que se corta en dos, que a día de hoy no conectan tanto como debieran.

¿Y cómo logra innovar? Yo escucho mucho al público, qué le gusta, qué le gustaría ver y cómo conseguirlo. Cuando fui al Mundial de Magia, que gané, fue porque, en un bar, un chico me dijo: «Que adivines lo que pienso está bien, pero si hicieras que yo adivinara lo que piensa mi novia, sería magnífico». Eso me inspiró. ¿Y si una persona del público adivina lo que otro está pensando? La mayor fuente de inspiración que tenemos es la gente. Cuando tengo que innovar, pienso primero en la emoción que quiero lograr y luego ya veré cómo.

DMAX

Cristina Pedroche, con Luengo.

¿Invierte el orden? Sí. El objetivo no es el número en sí, sino la emoción. Quiero que, por ejemplo, primero le dé algo mucho asco y que luego le guste mucho. ¿Qué da asco? Esto y esto, y para sorprender, aquí y aquí. ¿Y cómo le doy forma? Por aquí.

¿Le preguntan mucho cosas del tipo: quién ganará las elecciones? Sí, y hay una parte que se puede estimar, pero otra no se puede asegurar al 100%. No es lo mismo que lo piense una persona a que lo piensen muchas. Si le pido a alguien que piense algo, sí lo sacaré; si no, no lo voy a tener tan claro.

¿Algún galardón más a añadir,  entre otros, el Premio Mundial de Magia, especie de oro olímpico? No, no me da tiempo con esta agenda de locura.

¿Y qué proyectos le esperan? Que salga esta temporada de Desafío mental y que a la gente le guste. Y, luego, tengo muchos proyectos con empresas privadas... y otro,  muy importante, familiar, entre manos, que espero que llegue...

¿Una boda? ¿Un nacimiento? Podría ir por ahí.

No tengo futuro como mentalista. Oiga, aún no le he preguntado por el origen de su ceja blanca... En prinicipio, se debe al estrés, de cuando dormía solo dos horas para poder sacarme las carreras. Es una cosa que te ocurre como algo malo,  pero a la que le he dado la vuelta y  he convertido en mi seña de identidad.

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