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en la sexta

Busquets, en 'Salvados' sobre la tragedia del Liceu: "El día del incendio les dije: yo me callaré, pero vosotros reconstruidlo"

El directivo del teatro que dimitió porque las administraciones rechazaron reformar el espacio antes del incendio rompe su silencio

Manuel Vilaseró

El exgerente del Liceu Josep Maria Busquets en ’Salvados’.

El exgerente del Liceu Josep Maria Busquets en ’Salvados’. / 'SALVADOS'

Josep Maria Busquets, el directivo del Liceu que dimitió porque las administraciones rechazaron  cerrar y reformarlo antes del incendio, ha roto su silencio de 22 años en el 'Salvados' de este domingo. "El día del incendio les dije: yo no diré nada, reconstruid este teatro, por favor, no me oiréis quejarme, pero reconstruidlo". Hasta este domingo.

Busquets ha contado cómo llevaba mucho tiempo insistiendo a las administraciones que el Liceu no podía seguir abierto con el mal estado en el que se encontraba. "Pasaba muchos noches en vela pensando en lo que podía pasar. Si se caía el techo y mataba a alguien yo iba a la cárcel, aunque luego igual me sacarían…". Los bomberos iban a cada función y sacaban las mangueras por si acaso, ha contado con media sonrisa.

También ha recordado como en el 1993 anunció a los medios que el teatro cerraba para abordar la reforma. Era una manera de forzar a las administraciones, pero estas no cedieron. "Me desautorizaron y me echaron", recuerda.

EL DÍA DE LA CATASTROFE

El exgerente cuenta sin tapujos lo que pensó  cuando llegó a la Rambla la mañana de la tragedia. "Había mucha comedia, abrazos de la Caballé y todo el mundo por ahí, y ninguno de estos estuvo cuando tenía que estar para cerrar el teatro y hacer la reforma", lamenta. "No sentí alivio sino pena de no me hubieran escuchado", responde a Jordi Évole cuando le pregunta que sintió.

Busquets admite que, de facto, el también se sumó a lo que se denominaría el ‘pacto del capó’ por analogía a lo ocurrido el 23F. En esa ocasión, los responsables del golpe de Estado acordaron que se entregarían a cambio de que no hubiera represalias. El pacto se selló junto al Congreso, encima del capó de un coche. En el caso del Liceu no hubo coche, sino una reunión celebrada en el despacho de la arquitecta Beth Galí, esposa de Oriol Bohigas, un tótem de la arquitectura y urbanismo barcelonés. Allí los hombres de Maragall y Pujol sellaron el pacto de silencio y no agresión a cambio de que la Generalitat diera luz verde y dinero para la reconstrucción.

El exgerente cuenta sin asomo de arrrepentimiento que él no le cogió el teléfono ni a la prensa ni al fiscal, a pesar de que “lo sabía todo”. Otro momento que ilustra como funcionaba la sociedad catalana y la adhesión que suscitaba Jordi Pujol. Este era el presidente del consorcio del Liceu y le recibió tras su dimisión. Le dijo que lo entendía pero que "el president no podía desautorizar a los suyos". "Yo siempre me pondré a disposición suya porque siempre he pensado que fue quien levantó este país, aunque ahora se digan las cosas que se dicen. Para mi siempre será quien es"  

TUVO QUE IMPLORAR ENTRADAS

El pago que recibió Busquets a cambio de su silencio fue agridulce. Pujol le recompensó poco después con la dirección del Teatre Nacional de Catalunya pero pasada la marejada ni siquiera le tuvieron en cuenta para el flamante estreno del nuevo Liceu. Con evidente amargura, le cuenta a Évole que consiguió “dos entradas llorando casi y me las dieron en el quinto piso, lejos de todo el mundo.” Como espectador no era mal sitio, pero "socialmente...", se queja. Había quedado fuera de la élite. Quizás porque sabía demasiado se había bajado del barco antes de tiempo.

Busquets le admite a Évole al final de la entrevista que aún le quedan muchas cosas por contar y que las tiene escritas en “un libro que aún no se puede publicar porque aún hay personas vivas que saldrían malparadas”. Seguro que este lunes habrá recibido varias llamadas. De alguna editorial o de algunas de los protagonistas del futuro libro.