Ir a contenido

ENTREVISTA

Òscar Dalmau: "En 'El gran dictat' estoy haciendo un máster en catalán'

El comunicador habla de su experiencia en el concurso 'El gran dictat' de TV-3

El jueves, 26, se celebra un programa especial que celebra los 1.000 programas

Inés Álvarez

El Gran Dictat cumple 1000 programas / ALBERT BERTRÁN / VÍDEO: ULISES IZQUIERDO

De niño, Òscar Dalmau (Barcelona, 1974) sufría cuando le sacaban a la pizarra. Superada la timidez con los años, y tras trabajar sin tener que dar la cara, como guionista (lo fue de 'Polònia' y 'Crackòvia')y en la radio, desde hace seis se asoma cada tarde a los hogares con el 'El gran dictat' (TV-3), que el jueves, 26 (20.20), celebra 1.000 programas. Su peculiar voz y su 'look sesentero', presidido por unas enormes gafas, forman parte ya del sello del programa.
 
–Seis años en 'El gran dictat'. A ver si va a acabar siendo el Jordi Hurtado de la tele pública catalana.
–[Ríe]Eso es difícil, porque, así como Jordi no ha cambiado, si ve los vídeos de los primeros programas de mi concurso, comprobará mi transformación personal. Siempre he llevado el pelo largo, barba y gafas grandes, pero me he hecho mayor, y me han crecido el pelo y las gafas. 

La celebración

En el especial de los 1.000 programas se enfrentarán tres ganadores míticos, Pau Sabaté, Marcel Arias y Jenny Suk

–Esos cambios se verán en el especial de los 1.000 programas, que se emite el jueves, 26.
–Sí. Y también se enfrentarán los tres concursantes míticos: Pau Sabaté, Marcel Arias y Jenny Suk. Es la primera vez que se ven las caras y tienen ganas de jugar.  Porque son muy competitivos, que es lo bueno.

¿El mayor cambio del concurso fue pasar a ser diario?
–Quizá. Pero siempre hemos sido teloneros de los 'Telenotícies'. Lo que ha cambiado es la dinámica. En la prueba 'Lletra a lletra' deletreaban siete palabras al minuto. Ahora, Jenny Suk, la última ganadora del bote, estableció el récord en 22.

–Eso es mucho.
–Muchísimo. Va como una ametralladora. Para ella es dificilísimo, sí, pero imagine el pobre que tiene que dictar las palabras a esa velocidad y, además, debe hacerlo bien, porque si no ella lo deletreará mal .

–Se presenta como 'El gran dictador'.
–Sí, porque soy el que dicta todas las palabras. Y hay una preparación previa que la gente debería conocer: antes de comenzar la grabación de cada programa, con mi lingüista de cabecera, Jordi Quiles, repaso todas las palabras y definiciones en voz alta y él me va marcando. Me dice: «Este acento en la e abierto no lo pronuncies cerrado, porque te la escribirán así y el error será tuyo».

'Crackòvia' y 'Polònia'

Antes de comenzar la grabación de cada programa, repaso todas las palabras y definiciones en voz alta con mi lingüista de cabecera

–¡Menuda  responsabilidad!
–Sí, me siento como un profe delante de sus alumnos, que  son los concursantes. Yo ya sufría con los dictados en el cole, pero sufro aún más con el catalán oral que con el escrito, porque este lo puedes revisar, pero  el oral... Y, claro, yo soy de Barcelona, tengo un catalán xava, con lo que, a veces, no puedo evitar que se me escape un «buenu».

–Lo suyo es un máster en catalán.
–Y tanto. Y en seis años he aprendido que hablamos muy mal. Una de las cosas que más me marca el lingüista es que, al repasar los marcadores, no diga: «Anem a veure...». Es un calco del castellano. Debo decir: «Vegem...», «comprovem...».  Estás un poco acojonado...

–Y en la vida real, se relaja, ¿no?
–No crea, porque siempre tengo presente una frase que nos dejó Joaquim Maria Puyal en una charla, cuando estudiaba Comunicación Audiovisual en la Pompeu Fabra: «Si  os queréis dedicar a la comunicación, intentad hablar bien siempre, aunque no tengáis un micro delante; buscad la palabra exacta, pulid barbarismos, porque eso os servirá para que cuando os pongáis delante del micro os salga de manera natural». Es un consejo que he aplicado y me ha ido bien.

–Ya sé quién le hará los deberes de catalán a su hija...
–Yo no. Se los pasaré a mi amigo Jordi, el lingüista. Que se los haga él. Sí, porque muchas veces encuentro a gente por la calle que me pregunta cómo se dice algo en catalán y yo les digo que solo soy el presentador, no el lingüista. Eso tiene que ver con que la gente  se cree todo lo que sale por la tele. Piensan, por ejemplo,  que Eduard Punset es un científico, que ha descubierto la penicilina, cuando es un divulgador de la ciencia.  Por eso, cuando a mí me preguntan algo, les digo que ya se lo buscaré en internet.

–¿Por qué triunfa 'El gran dictat'?
–Como todos los concursos, te engancha si tú puedes jugar desde casa. En este sentido, hemos hecho un esfuerzo de trasladarlo a las nuevas tecnologías, desarrollando una aplicación para móviles y tabletas donde la gente puede jugar la prueba final. De hecho, muchos de los concursantes practican con ella. Eso es gran parte del éxito: poder jugar desde casa. Lo que me sorprende mucho es que nos ven niños de 3 o 4 años. Siguen las letras, los colores, tus pintas... y se quedan allá. Yo, que soy padre de una niña de 8 meses, veo a niños que me miran por la calle acojonados, porque me han visto en la tele, y  les doy la mano. Los padres te dicen que les hacen poner el concurso para cenar. Me hace mucha gracia.

¿Y la competencia?

–¿Mira la competencia?

–Sí, para ver por dónde van los tiros: Pasapalabra, Boom!, Ahora caigo, Saber y ganar... Todos son concursos, pero cada uno es diferente. Hay algunos más dirigidos al espectáculo, como Ahora caigo, donde hacen más el burro, cuentan chistes, hay más acción... En El gran dictat no caes en este tipo de espectáculo, sino que vas más al grano y los concursantes dominan la lengua. Se parece más a Pasapalabra, aunque ellos juegan con la carta de los famosos y nosotros, no.

–Solo en 'El gran gran dictat'.

–Es cierto, hemos hecho algunas ediciones con caras conocidas para la noche del sábado, pero estaban dirigidas a otro tipo de público, porque era un prime time.

–Decía que se habla muy mal.

–Cualquier persona que se dirige a un público debería ser cuidadosa con el catalán: los comunicadores lo debemos tener en cuenta. Igual que un mecánico sabe utilizar la llave inglesa, porque es su herramienta diaria, para quienes nos dedicamos a la comunicación la lengua es la nuestra. Y lo mismos pasa con los vendedores. Cuanto mejor te sepas expresar, más poder de convicción o de seducción tendrás.

–Y los políticos. Muchos no saben vender bien el país.
–Otra profesión en la que deberían estar todo el tiempo hablando correctamente, dominar el arte de la oratoria. Echo de menos una asignatura de oratoria como en EEUU: enseñar a los alumnos a hablar en público. Yo, de pequeño era muy tímido, y sufría mucho cuando salía a la pizarra a explicar la lección. Me ponía rojo. Lo pasaba mal. Con el paso del tiempo yo he ido perdiendo la vergüenza, pero este punto de trabajar mucho la lengua oral aquí falla. 

¿Qué palabra le ha sorprendido más en el programa?
–Por ejemplo, que algo que había comido con pasión durante años, ya estaba normalizado en catalán: x-a-u-a-r-m-a. Yo lo habría escrito con sh o w, como en las pizarras...

¿Y cuál es su preferida? Por su sonoridad, no por su significado.
–Me gusta cómo suena 'moixaina'. 'Fer moixaines', hacer caricias. El significado también es muy chulo.

–Sé cuál odia. 'Sang'. Y sangre.
–Sí. No siga. Soy bastante hemofóbico. La sangre me hace sufrir. Para hacer un análisis, me debo tumbar en una litera, porque puedo caer redondo. Me mareo hasta echado.

–En su currículo figura que ha sido guionista de 'Polònia' y  'Crackòvia'. 
–Sí, siempre me ha interesado la parodia, el mundo del humor para poder añadir un punto de opinión. Empecé estudiando Periodismo, pero lo dejé al primer curso, porque no me atraía explicar qué pasaba. En Polònia o la radio puedes añadir opinión, mala leche. Me sentiría incómodo, tras un Consejo de Ministros del Gobierno español, salir a explicar desde la Moncloa que se ha aprobado una ley con la que no estoy de acuerdo. Escribiendo guiones de humor puedes denunciarlo y darles collejas a los políticos . 

–No hay un 'Polònia' fuera de aquí. 
–Es cierto. Y es muy sano que una cadena pública tenga manga ancha para emitir un programa así. Porque en los medios públicos, partidos y gobiernos siempre quieren meter mano. Desde arriba deben de recibir críticas, pero, como guionista, nunca he recibido instrucciones.

–Hacía guiones, trabajaba en la radio... Lo suyo no era dar la cara.
–Empecé a ganarme las habichuelas en el programa de  Antoni Bassas de Catalunya Ràdio, después continué haciendo radio con Manel Fuentes y luego pasé a RAC-1. Yo he podido pagar el alquiler de casa gracias a la radio. La tele ha sido un 'bonus track', como dicen en música, pero no me lo había planteado. Eso de no hacerme expectativas está muy bien, porque luego no te frustras.

–También es fiel a Òscar Andreu.
–Nos conocimos cuando quedamos colgados para hacer un trabajo de fin de carrera, y trabajamos muy bien juntos. Los guiones de Polònia y Crackòvia pasaban por las cuatro manos y los dos cerebros.

 –Y recopila música de los 70.
–Sí. He sacado  el cuarto volumen de pop catalán. Porque de los años 70 siempre se habla de los cantautores, pero había otra música, para pasárselo bien, que quedó enterrada. 

–¿Cómo se ve en seis años?
–No me lo planteo. En El gran dictat estaremos hasta julio. En la radio, dos temporadas más. Seguiré recopilando música y con un abecedario para adultos, donde la a es la de adulterio; la b, de bollera; la c de cocaína... ilustrado por Pilarín Bayés. Para  ella es un reto, porque estaba centrada en el mundo infantil. 

–¿Con el millón de euros que ha repartido, dejaría de trabajar o lleva la profesión en la sangre? Y perdón por lo de sangre.
–Al final, caeré redondo. Yo lo que llevo de nacimiento es el gusto por rascarme el escroto, más que trabajar. Y eso que se lo dice alguien que penca mucho... 

Un tímido con gafas XXL

–¿Cómo lleva la fama?
–Afortunadamente, la gente se acerca siempre con educación. Lo que pasa es que, como tengo ese punto de timidez, me gustaba más mi vida cotidiana antes de salir por la tele. Porque, al ser guionista, me gusta observar, coger expresiones de aquí y allá... Pero, ahora, el observado soy yo, y no puedo mirar a la gente. Eso me molesta.

–Lo de las gafas XL es señal de la casa. Su pareja, Thaïs Villas ('El intermedio'), también las luce.
–Es que somos miopes. Yo estas las encontré en una óptica en París, y me divirtieron mucho. Ya en Barcelona, mi mujer me las regaló para Navidad. Luego, en Los Ángeles, en una óptica vintage, me dijeron que las mías eran calcadas de unas de los años 70.  Me las compré y son las que llevo. Lo siguiente serán las de los payasos del circo Raluy.

–Actualmente vive a caballo entre Madrid y Barcelona.
–Sí, media semana en Madrid y media, en Barcelona. Por motivos familiares voy arriba y abajo en el AVE.

–Verá en él a muchos actores.
–No lo sé, no me entero mucho, porque en los trenes sufro como una narcolepsia. Me duermo en Barcelona y aparezco en Madrid. Me teletransporto, como en Star Trek. 

–Es muy fiel a su look sesentero.
–Me gusta mucho la estética de los años 60 a nivel de moda, arquitectura, diseño gráfico, mobiliario...  Esta  estética la llevaba incorporada cuando me llamaron para presentar El gran dictat. Y, como ya tenía trabajo, les dije que si me iban a disfrazar, que lo dejáramos, que yo ya venía disfrazado de casa. Pero me lo respetaron y lo agradecí.

Para darle la mejor experiencia posible estamos cambiando nuestro sistema de comentarios, que pasa a ser Disqus, que gestiona 50 millones de comentarios en medios de todo el mundo todos los meses. Nos disculpamos si estos primeros días hay algún proceso extra de 'login' o el servicio no funciona al 100%.