tú y yo somos tres

El pacto de la letrina

El Papa Alejandro VI evacuando  en el váter del Vaticano (’Els Borja’).

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Ferran Monegal
Ferran Monegal

Crítico de televisión

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Hermosísima, luminosa, fantástica escena -a pesar de escatológica- la que acaba de ofrecernos la serieEls Borjade TV-3. Estamos en 1493. El rey francésCarlos VIIIaspira a conquistar el reino de Nápoles, y se alía con los poderososSforzade Milán. Pero el papaAlejandro VI (Rodrigo Borgia) contraataca formando una imbatible coalición con losReyes Católicosde España, más Venecia, Mántua, Siena y el Sacro Imperio Romano Germánico. Y claro, ante ese fenomenal bloque, a losSforzano les queda más remedio que abandonar al rey francés y hacer unapprocheal Vaticano para no quedarse fuera del reparto del pastel napolitano. Aquí lo interesante, lo iridiscente, es cómo, de qué manera, de qué forma, nos pinta esta teleserie elpacto de losSforzacon el Vaticano. ¡Ahh! El papaAlejandro VIacepta entrevistarse conAscanio Sforza. Le concede audiencia. Accede a una entrevista. Pero le recibe... ¡en el váter! ¡Ahh! ¡Colosal instante! El Papa evacuando, sentado sobre uno de los agujeros de la letrina vaticana, y el cardenalAscanio Sforza, vestido de domingo, o sea, enjalbegado con su mejor y más exquisita púrpura cardenalicia, aguantando de pie las ventosidades que lanza Su Santidad sobre la marcha. Tremenda humillación. Formidable retrato de lo que son capaces de aguantar, de digerir, de soportar, los ilustres personajes de las clases dominantes a condición de seguir llevándose su parte, su mordida, su corrupto porcentaje. Gran metáfora, sí señores.

LA CEGUERA CORTICAL.-Esta semana,Eduard Punset(Redes, La 2) ha entrevistado a la profesoraBeatrice Gelder, de la Universidad de Tilburg. Le ha contado esta científica que están brotando casos, muy a menudo últimamente, de una enfermedad llamada ceguera cortical. Los pacientes aquejados de esta dolencia experimentan una mutación en sus ojos, y cerebro, muy curiosa. Resulta que sus ojos ven, pero su cerebro se niega a reconocer muchas de las imágenes que recibe. Las desecha. Como si no existieran. O sea, que el enfermo ve solo lo que su cerebro quiere ver, y es ciego frente a todo aquello que no le interesa. ¡Ah! Es una enfermedad muy singular. Pero no es nueva.Baltasar Gracián, en sus volúmenes deEl Criticón, ya nos advierte: «No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír, ni peor desentendido que el que no quiere entender». Otra gran metáfora. Y muy actual, efectivamente.