01 oct 2020

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tú y yo somos tres

Okupas de risa en la guerra civil

Ferran Monegal

Con una audiencia muy notable (20% de share), ha estrenado TVE--1 la comedia Plaza de España, una producción de Hill Valley, factoría especializada en programas despendolados y surrealistas, muy creativos en los caminos de la astracanada, o sea, del disparate escénico -en el más fértil sentido de este género desgajado, evolucionado, del concepto de sainete- y que ya conocíamos bien por anteriores trabajos televisivos, como La hora de José Mota o Muchachada Nui. Lo que nos plantean ahora es en realidad una sitcom, con apenas dos o tres escenarios -la crisis es la crisis- y mucho ritmo de entradas y salidas de personajes que ejecutan el gag largo, es decir el sketch, para provocar la hilaridad. Ambientada en agosto de 1936, han construido una burbuja en plena guerra civil, un pueblo aislado y fuera de contexto llamado Peñaseca, en donde los escasos habitantes okupan la casa del marqués justo en el momento en que llega un destacamento de militares del recién sublevado general Franco. El papel del teniente (Gorka Otxoa), el del coronel (Enrique Villán) y el del falso marqués (Javivi) son las tres columnas sobre las que descansa la trama de esta despendolada situación. Interpretan eficazmente su disparatado y humorístico rol. Y conforman un clima que podría parecer heredero, o deudor, de los mundos delirantes que tan bien supo construir Berlanga. Discrepo de esta asimilación. Berlanga siempre incrustaba en sus sarcásticos trabajos pinceladas de mala leche, lúcidas en su acidez, que añadían el vitriolo necesario para que la espuma no quedase en simple vol-au-vent superficial y volátil.

Aquí, en esta circense burbuja de okupas enclavados en plena guerra civil, hay mucho sifón. Les redimen esos golpes de bárbaro surrealismo que intercalan, dislocados, jocosos, cuya máxima expresión son las conversaciónes telefónicas del teniente con su madre, magnificamente interpretada por Soledad Mallol. O sea: «¿Qué tal la guerra, hijo? ¡Vamos ganando mamá! Olé mi niño, pero no fusiles a nadie del pueblo que vamos a quedar fatal y nos van a poner de vuelta y media. Menudos son. ¡No perdonan nada!». ¡Ah! Un clarísimo homenaje a Gila y a sus diálogos con el teléfono («¿Es la guerra? ¿Está el enemigo? Que se ponga»). Este personaje de Soledad Mallol no deberían desaprovecharlo. Extrañamente, en el segundo capítulo emitido, nos lo han escatimado. Error que espero que subsanen.