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y cierre

El tertuliano sabelotodo

Juan Fernández

María Antonia Iglesias, tertuliana habitual de programas como La noria y La mirada crítica (Tele 5), lamentó públicamente el martes que los periodistas hablen de todo, muchas veces sin saber. Lo dijo en los cursos de verano que la Universidad Internacional de Andalucía imparte en Baeza (Jaén), en esos foros (y esta época del año) en los que se cuentan las verdades verdaderas sin que tengan mayores consecuencias. En nada llegará septiembre cargado de tertulias políticas y por radios y teles se iniciará de nuevo el desfile de comentaristas habituales sentando cátedra sobre lo divino y lo humano con aplomo desde el alba a la madrugada. Volveremos a escuchar las mismas voces despellejando al Gobierno o alabándolo con el previsible criterio (y a veces acento sectario) de temporadas pasadas. Y el mismo presunto experto en materia fiscal que oiremos decir misa sobre impuestos en la radio mientras desayunamos, nos ilustrará sobre el cambio climático en una cadena de la TDT a la hora de la cena, tras ponernos al día en geopolítica mundial en una tele local a media tarde. En breve comienza el curso, en nada llegan de nuevo… ¡los tertulianos sabelotodo!

El tertuliano sabelotodo es ese animal mediático que comparte con las ondas radioeléctricas el don de la ubicuidad. Los hay que tienen contratos con media docena de emisoras, lo que en ocasiones les lleva a estar en el mismo instante en dos lugares a la vez, despreciando las leyes de la mecánica cuántica. No importa. Si le dejas, te convencerá de que esas leyes están equivocadas. A Madrid le viene de maravilla que exista este tipo de caimanes del sermón, porque se dejan una pasta gansa en taxis y comida rápida, que degluten en los mismos taxis yendo de emisora en emisora. Sus vacaciones son sosegadas. Hay quien piensa que se pasan el verano estudiando para así poder hablar de todo en invierno. Error. El tertuliano sabelotodo no necesita conocer para opinar. Adicto a esa masilla de cultura de mesa-camilla que lo cubre todo, a él le basta con saber lo que otro tertuliano ha dicho sobre un tema para darle un nuevo reboce y presentarlo como un análisis formado. No hay anclaje en la realidad, no hay conocimiento de causa; solo hay barniz y una densa atmósfera de chismorreo. Prevenido, el ciudadano que buscaba entendimiento, los escucha como quien asiste a una representación teatral. Que empiece el espectáculo.

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