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y cierre

Los sueldos de la tele

Juan Fernández

Acabamos de enterarnos de que Hugh Laurie, el actor que da vida al doctor House, cobra 400.000 dólares por episodio (unos 310.000 euros), sueldo similar al que reciben las cuatro actrices principales de Mujeres desesperadas y próximo al salario medio de los principales investigadores de CSI (287.000 euros). Echando cuentas, una temporada de 25 capítulos les sale por unos 10 millones de euros, cifra que no incluye lo que obtienen de marcas de refrescos y productos de cosmética por prestarles apoyo publicitario. Vista desde esta provincia del imperio, la cantidad provoca cierta sensación de irrealidad. ¿No es mucha pasta? Ahora ves a Horatio deshaciendo entuertos por Miami y no puedes evitar oír a una puñetera vocecilla que te dice: «Nen, con lo que ha ganado este tipo esta noche te quitabas tú la hipoteca en un pispás y eras el tío más feliz del mundo».

La comparación con América es ociosa, aquella es otra liga. Y otra forma de relacionarse con el dinero. Allí abundan las listas Forbes y a la gente no le produce rubor revelar su salario. En España –quizá porque habitamos un país de envidiosos y tememos que nos paralice descubrir que el vecino gana más que nosotros–, preguntar por el sueldo equivale a tocar los temas de alcoba. De eso no se habla; es de mal gusto. Sin embargo, sería un ejercicio sanísimo saber, por ejemplo, cuánto ganan las estrellas nacionales de la tele por colarse a diario en nuestro cuarto de estar. Ya que les pagamos con nuestra devoción, ¿qué reverso pecuniario tiene esa adoración? ¿Se imaginan que al acabar cada capítulo de Cuéntame cómo pasó nos pasaran la factura, tras los títulos de crédito, indicando cuánto se han embolsado esa noche Imanol Arias y Ana Duato, por ejemplo?

A muchos telespectadores les ayudaría a entender por qué los actores españoles sueñan con una llamada de sus representantes ofreciéndoles una teleserie, aunque en las entrevistas declaren que lo chachi es el cine. También comprenderían por qué a los chicos de la prensa se nos queda cara de tontos cuando nos enteramos de lo que cobran nuestros colegas de la tele.

Aunque lo democrático de veras sería hacer extensivo este juego al resto de gremios. Ahora que se habla de subidas de impuestos es una ocasión de perlas. Ya sabemos lo que ganan los controladores aéreos: 200.000 euros anuales. ¿Nos retratamos todos?

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