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TECNOLOGÍA | DATA SPACE FORUM II

Los datos ya no quieren vivir solos: la revolución invisible que puede cambiarlo todo

De un hotel que detecta una estafa antes de que llegue a sus clientes a un polígono industrial que aprende a ahorrar energía… compartir información con reglas claras abre una nueva economía. El reto ya no es acumular datos, sino convertirlos en soluciones que sirvan.

Participantes DataSpace Forum II

Participantes DataSpace Forum II / Ángel de Antonio

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Atala Martín

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Imagine que un hotel descubre una web falsa que imita su nombre. Pues bien, antes de que un huésped introduzca su tarjeta bancaria, esa señal de alarma puede llegar a otras empresas. O imagine que las fábricas de un polígono industrial, sin revelar sus secretos, comparan consumos y descubren cómo gastar menos electricidad. O que una pequeña compañía pueda saber si su publicidad funciona mejor o peor que la de negocios similares sin conocer sus cifras individuales. Son algunas de las aplicaciones que se pusieron sobre la mesa en el segundo Data Space Forum, celebrado en Madrid el pasado 27 de octubre.

La expresión “espacio de datos” puede sonar a una sala llena de servidores, pero no lo es. Se trata de un entorno de colaboración en el que organizaciones distintas acuerdan qué información compartir, con quién, para qué y bajo qué condiciones. No implica necesariamente depositar todo en una gran base común: cada participante puede mantener sus datos en sus propios sistemas y conservar el control.

Lo decisivo son las reglas de confianza y la posibilidad de que los sistemas se entiendan. Alicia García de Blas, jefa de la Unidad de Apoyo de la Dirección General del Dato del Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública, lo explicó desde la apertura institucional: la tecnología permite conectar, pero no basta. Hace falta que los datos tengan calidad, contexto y significado compartido. Un mismo concepto puede interpretarse de manera diferente en dos empresas; si eso ocurre, la información circula, pero el conocimiento no. De ahí la importancia de los estándares, la seguridad y la llamada interoperabilidad semántica: hablar el mismo idioma, incluso cuando las máquinas hablan entre sí.

Alicia García de Blas, jefa de la Unidad de Apoyo de la Dirección General del Dato del Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública

Alicia García de Blas, jefa de la Unidad de Apoyo de la Dirección General del Dato del Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública / Ángel de Antonio

Una idea sencilla, una transformación enorme

Durante años se repitió que los datos eran el petróleo del siglo XXI. La comparación se queda corta: el petróleo se consume, mientras que una información bien utilizada puede generar nuevos aprendizajes una y otra vez. La diferencia entre guardar datos y aprovecharlos se aprecia en una pregunta cotidiana: ¿de qué sirve conocer las ventas de una tienda si no podemos relacionarlas con lo que sucede en su sector, su entorno o sus clientes? La Dirección General del Dato, creada en 2024, sitúa estos entornos dentro de la estrategia europea para avanzar hacia un mercado único de datos. El objetivo es que iniciativas locales o sectoriales puedan conectarse progresivamente. García de Blas destacó aplicaciones en salud, con el uso secundario de información clínica anonimizada para mejorar el conocimiento y los tratamientos, y en movilidad, donde combinar datos de transportes e infraestructuras puede facilitar desplazamientos más eficientes. Pero también señaló tres barreras: la falta de lenguajes comunes, la necesidad de confianza y la fragmentación entre países y sistemas.

La clave, insistió, no es construir tecnología por construirla. Es identificar primero un problema real, quién debe colaborar y qué valor obtiene cada participante. Las ponencias posteriores ofrecieron respuestas muy concretas en esta línea. Veamos:

Alberto Manchado, director de IT y Sistemas de Recursos en la Red

Alberto Manchado, director de IT y Sistemas de Recursos en la Red / Ángel de Antonio

Cuando una empresa avisa, las demás pueden protegerse

Alberto Manchado, director de IT y Sistemas de Recursos en la Red, la empresa tecnológica de Prensa Ibérica, presentó Scutum, un espacio de datos demostrador dedicado a la ciberseguridad. Su planteamiento parte de algo tan evidente como poco aprovechado: las amenazas saltan de sector en sector, pero las señales de alerta suelen quedarse encerradas en cada organización. Un medio de comunicación detecta patrones de tráfico automatizado; un hotel reconoce dominios falsos; una industria observa intentos de ransomware; un banco identifica indicios de fraude. Juntas, esas piezas pueden anticipar ataques.

Pongamos el caso de un alojamiento turístico. Alguien registra un dominio casi idéntico al de su web oficial y envía mensajes engañosos a huéspedes para robarles datos de pago. Si esa similitud se detecta y se comparte como indicador de riesgo, otras organizaciones pueden configurar alertas o reforzar sus controles antes de sufrir un intento parecido. No se trata de publicar información sensible de clientes, sino de intercambiar señales útiles bajo condiciones de acceso, anonimización y trazabilidad.

Manchado explicó además que Scutum busca incorporar a empresas a partir de un reto concreto: detectar una amenaza, identificar las fuentes de información necesarias y convertir esa información en un servicio práctico. El espacio normaliza los indicadores para que distintos participantes puedan interpretarlos y utilizarlos. Su ambición es pasar de defensas aisladas a una inteligencia colectiva: cada nueva experiencia puede ayudar a proteger a los demás. También apuntó a otro frente para los medios, el seguimiento del uso de sus contenidos por sistemas de inteligencia artificial, donde la colaboración podría reforzar la capacidad de respuesta del sector.

Alexander Seoane, Head of Data, Lin3s

Alexander Seoane, Head of Data, Lin3s / Ángel de Antonio

El laberinto de la publicidad tiene un hilo de salida

El segundo caso de uso trasladó el debate del riesgo al negocio. Alexander Seoane, Head of Data de Lin3s, recurrió al mito de Ariadna y su ovillo para explicar Ariadne, un espacio pensado para orientarse en el laberinto de la actividad digital. Las empresas generan información en plataformas de analítica y publicidad, pero muchas veces no consiguen convertirla en un activo propio, comparable y aprovechable. Ariadne propone facilitar la recuperación, preparación y compartición gobernada de esos datos. El proyecto cuenta, según Seoane, con alrededor de un centenar de empresas adheridas. Una primera aplicación permite comparar indicadores propios con referencias agregadas de compañías similares, sin revelar los resultados individuales de cada competidor. Es una respuesta a una duda frecuente: ¿mi negocio está creciendo poco o está evolucionando como el resto del mercado? Conocer la posición relativa puede orientar decisiones comerciales y de marketing.

El siguiente paso es Esferion, un caso de uso que explora cómo recomendar la distribución del presupuesto publicitario entre campañas y plataformas a partir de información compartida. En vez de decidir exclusivamente por ensayo y error, una empresa podría recibir sugerencias apoyadas en patrones observados en negocios de su sector, tamaño o madurez digital. Seoane fue prudente: las pruebas ofrecen resultados interesantes, pero la base actual aún debe crecer para que las recomendaciones ganen solidez. La enseñanza es clara: compartir datos no equivale solo a vender información; también puede significar tomar mejores decisiones con ella.

El amor y los datos son probablemente las únicas cosas que aumentan su valor cuando se comparten

Alexander Seoane

— Head of Data de Lin3s

Javier Sordo y Rafael Ispizua, de beXReal, presentaron Twin Parks

Javier Sordo y Rafael Ispizua, de beXReal, presentaron Twin Parks / Ángel de Antonio

Un polígono industrial que aprende a ahorrar

El tercer ejemplo llevó a los asistentes hasta los polígonos industriales. Javier Sordo y Rafael Ispizua, de beXReal, presentaron Twin Parks, una iniciativa que combina datos compartidos con gemelos digitales: representaciones virtuales de instalaciones reales sobre las que visualizar información de consumo energético, residuos, seguridad o gestión ambiental. La propuesta parte de una realidad habitual: empresas vecinas afrontan problemas comunes, pero cada una analiza únicamente su parcela. Al reunir información de forma controlada se pueden estudiar balances energéticos conjuntos, detectar oportunidades de eficiencia y planificar medidas de descarbonización. Una visualización tridimensional del polígono de Muskiz, en el País Vasco, mostró cómo los datos pueden dejar de ser tablas difíciles de interpretar para convertirse en una imagen útil para responsables empresariales y gestores públicos. La representación no sustituye a las decisiones: ayuda a comprenderlas.

Ispizua subrayó, además, que la barrera más difícil no siempre es técnica. Convencer a las compañías para compartir y construir un modelo de negocio sostenible puede ser más complejo que desarrollar un conector informático. Por eso Twin Parks explora otras aplicaciones muy terrenales: comprobar automáticamente certificados de proveedores, simplificar documentación de cadenas de suministro y avanzar en el cálculo de huellas de carbono. Según explicó, el proyecto reunía en torno a 60 o 70 usuarios en el momento del foro, una escala todavía en crecimiento.

Alberto Mera, director de Desarrollo de Recursos en la Red, modera la mesa "Sostenibilidad de la Economía del dato" con Donia Razazi (Ayming), Mariola Navarro (MindDen), Alejandro García (BitBan) y Verónica Bas (Google Cloud)

Alberto Mera, director de Desarrollo de Recursos en la Red, modera la mesa "Sostenibilidad de la Economía del dato" con Donia Razazi (Ayming), Mariola Navarro (MindDen), Alejandro García (BitBan) y Verónica Bas (Google Cloud) / Ángel de Antonio

La pregunta decisiva: ¿quién paga todo esto?

Tras las demostraciones llegó la cuestión crematística: cómo mantener estos espacios cuando se agota el impulso inicial. Alberto Mera, director de Desarrollo de Recursos en la Red, moderó una mesa con Donia Razazi (Ayming), Mariola Navarro (MindDen), Alejandro García (BitBan) y Verónica Bas (Google Cloud). Todos coincidieron, con distintos matices, en que la tecnología ha avanzado más deprisa que los modelos de negocio capaces de sostenerla.

Razazi recordó que se habían financiado 185 iniciativas de espacios de datos en los dos últimos años. La cifra ilustra la movilización pública, pero abre una duda: ¿cuántas podrán mantenerse y conectarse entre sí? Defendió el papel de las ayudas, las deducciones fiscales por I+D+i y otras fórmulas de financiación, especialmente para pymes que todavía están resolviendo etapas básicas de digitalización. La financiación puede impulsar el arranque, pero no reemplaza una propuesta de valor.

Desde Google Cloud, Verónica Bas situó la discusión en la cuenta de resultados: una vez resuelta la arquitectura, cada empresa necesita entender qué obtiene a cambio de compartir. Navarro puso el foco en la pedagogía. No sirve acumular enormes volúmenes de información si nadie sabe qué pregunta quiere responder, cómo medir la mejora o cómo incorporar los resultados al trabajo diario. El retorno puede llegar como menos tareas repetitivas, procesos más ágiles, mejor productividad o decisiones mejor fundamentadas, no siempre como una venta inmediata.

Alejandro García llevó esa reflexión a los medios de comunicación. Los datos de navegación y consumo permiten entender mejor las preferencias de los lectores, mejorar la retención y explorar servicios. Pero el avance de la inteligencia artificial introduce una tensión adicional: los contenidos periodísticos alimentan sistemas externos y los editores aún buscan mecanismos adecuados para capturar parte de ese valor. Para los participantes, las reglas compartidas y la capacidad de negociar o colaborar serán cada vez más relevantes.

La inteligencia artificial necesita datos que se entiendan

La IA apareció una y otra vez en el debate, pero no como una varita mágica. Bas explicó que el cambio de los últimos años consiste en que muchas organizaciones ya no ordenan sus datos por una aspiración abstracta, sino porque tienen un caso concreto de IA que los necesita. Navarro recordó el riesgo de alimentar un modelo con términos ambiguos o registros desordenados: una respuesta muy rápida puede seguir siendo equivocada si la información carece de contexto.

El futuro imaginado en la mesa va un paso más allá. Bas planteó que los intercambios podrían producirse crecientemente entre agentes de inteligencia artificial de distintas organizaciones, siempre bajo reglas de protección y gobierno. García reclamó protocolos más claros para que los propios espacios de datos se comuniquen; Navarro insistió en los estándares comunes. No son promesas ya cumplidas, sino retos que decidirán si los proyectos actuales se convierten en una red útil.

Roberto Álvarez Vázquez, director general de Recursos en la Red

Roberto Álvarez Vázquez, director general de Recursos en la Red / Ángel de Antonio

El verdadero éxito no se contará en servidores

En el cierre institucional, Roberto Álvarez Vázquez, director general de Recursos en la Red, puso el foco en una paradoja: las empresas llevan años reuniendo, ordenando y analizando información, pero a menudo ese conocimiento no sale de sus propias paredes. No siempre ha faltado tecnología. También han pesado las barreras legales, las dificultades organizativas y, sobre todo, la desconfianza a la hora de colaborar con otras compañías, clientes o incluso competidores. Los espacios de datos, defendió, ofrecen una forma de superar esos obstáculos mediante reglas compartidas, interoperabilidad y garantías para que cada participante conserve el control sobre su información.

Su mensaje tuvo un destinatario especial: las pequeñas y medianas empresas. Una pyme sin grandes presupuestos tecnológicos puede encontrar en estos entornos capacidades de análisis y oportunidades de colaboración que antes le resultaban inaccesibles. Pero Roberto fue un paso más allá: no se trata solo de que los negocios pequeños consulten información ajena. También pueden aportar su experiencia, ofrecer servicios y generar ingresos a partir de lo que saben. Democratizar el dato significa, en ese sentido, democratizar la posibilidad de hacer negocio con él. Para que esa promesa no se quede en un discurso, reclamó un cambio de prioridades: pasar de construir infraestructuras a demostrar casos de uso reales; de las posibilidades técnicas a los resultados que una empresa pueda reconocer. El éxito, vino a decir, no debería contarse por el número de espacios de datos inaugurados, sino por las compañías que consiguen conectarse, el valor que generan y las oportunidades que nacen de esa colaboración. Compartir, por tanto, no equivale a perder el control: significa establecer un marco de confianza para lograr juntos lo que cada organización difícilmente conseguiría por separado.

La jornada dejó una conclusión que cabe en una frase: compartir no significa regalar. Significa pactar reglas para que información antes aislada pueda servir para resolver problemas comunes. Si una alerta evita una estafa, si una fábrica reduce su factura energética o si un pequeño comercio decide mejor dónde invertir, el espacio de datos habrá demostrado su utilidad. El desafío ya no consiste en explicar que los datos tienen valor. Consiste en lograr que ese valor se note fuera de las pantallas.

Actividad vinculada a proyectos financiados por el Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública. Financiado por la Unión Europea-Next Generation EU.

SCUTUM: Accesibilidad y Colaboración en Ciberseguridad, Detección y Respuesta. Espacio de datos para la cooperación en ciberseguridad

Número de expediente: TSI-100122-2024-4

«Financiado por la Unión Europea-Next Generation EU. Sin embargo, los puntos de vista y las opiniones expresadas son únicamente los del autor o autores y no reflejan necesariamente los de la Unión Europea o la Comisión Europea. Ni la Unión Europea ni la Comisión Europea pueden ser consideradas responsables de las mismas».

Fuente: Información