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IGUALDAD DE GÉNERO

La tecnología, casi solo para hombres

Los grados universitarios y las profesiones tecnológicas presentan un claro déficit de mujeres

Las causas que provocan este fenómeno son claramente sociales

CRISTINA MARTÍN VALBUENA / BARCELONA

Una clase de coding ofrecida por la academia Ironhack, donde la mayoría de estudiantes son hombres.

Una clase de coding ofrecida por la academia Ironhack, donde la mayoría de estudiantes son hombres. / joan puig

Las profesiones continúan teniendo un género asignado. "En las carreras científicas y tecnológicas predominan los hombres, mientras que en las sociales y humanísticas las mujeres", explica Juana Gallego, directora del Observatorio de Igualdad de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). "La sociedad arrastra expectativas para las personas y estas dependen de si naces chica o chico. Desde que somos pequeños recibimos una formación muy enfocada a los papeles que se esperan de nosotros. Ellos son educados para que experimenten y se les dan aparatos para construir. Ellas para que se encarguen de las necesidades de los demás y les tocan las cocinitas", cuenta Gallego. "Obviamente, esto acaba determinando nuestra elección sobre los estudios universitarios", agrega.

Las cifras hablan por sí solas. En las principales universidades catalanas (la Universitat de Barcelona, la Universitat Pompeu Fabra, la Universitat Autònoma de Barcelona y la Universitat Politècnica de Catalunya), los grados técnicos, sobre todo las ingenierías, tienen una presencia abrumadora de hombres, frente a una presencia minoritaria de mujeres.

La vicerrectora de Relaciones Internacionales y responsable de la política de igualdad de oportunidades de la UPC , Lourdes Reig, reconoce que la suya se trata de una universidad "muy masculinizada", puesto que "no solo la mayoría de los estudiantes son hombres, sino que también la mayoría de los profesores lo son". Es por ello que la UPC apuesta por "sensibilizar a los miembros de su comunidad sobre esta brecha de género", aunque Reig reconoce que "aún queda mucho por hacer".

En concreto, la vicerrectora admite que muchos de sus compañeros "no son conscientes de que haya un problema de desigualdad en la universidad, a pesar de la proporción de mujeres y hombres que la forman". Además, para la vicerrectora, esta concienciación no solo tiene que hacerse dentro de la universidad y que también tiene que ocurrir antes de llegar a ella. "Cuando vamos a las clases del bachillerato científico o tecnológico y vemos que hay tan pocas chicas, nos damos cuenta que hemos llegado tarde y que hay empezar antes", confiesa.

Fuera de la universidad, los centros de formación profesional de ámbito tecnológico también repiten estos patrones. Ironhack es una academia de coding en Barcelona, en la que se enseña a programar y diseñar páginas web o aplicaciones móvil. Tahira Farid y Amanda Honkanen son dos alumnas de uno de los cursos que se imparten. Su clase está formada por 18 personas y solo cinco son chicas. Ante esta ratio, Farid y Honkanen reconocen que se muestran "sorprendidas", ya que "esperaban que serían menos".

Ambas alumnas destacan que la única diferencia que han podido observar con sus compañeros es que, en general, ellos ya cuentan con una experiencia previa en el sector. "O han estudiado o han trabajado en algo relacionado con la tecnología", cuenta Farid, mientras que "para las chicas de clase, estos cursos acostumbran a ser nuestro primer contacto con el sector". En su caso, después de estudiar Literatura, ahora ha decidido optar por este sector. "Según nuestro género, cuando crecemos, tenemos marcados caminos profesionales específicos. Pero siempre se puede cambiar", concluye Farid.

EXCLUSIVIDAD FEMENINA

Ante la escasa presencia femenina, algunos de estos centros formativos se focalizan en el estudiantado femenino. Un ejemplo de ello es la academia madrileña Adalab, que solo ofrece cursos a mujeres. Sus fundadoras Inés Vázquez Rosario Ortiz explican que lo hacen porque creen que "con iniciativas que sean solo para mujeres, se conseguirá que realmente haya más en e l sector y que, además, se crea un entorno cómodo para ellas, a diferencia del más masculino que suele haber".

Vázquez y Ortiz señalan que "la falta de referentes femeninos hace que las niñas no se decanten por las profesiones más técnicas", ya que "cuando hay que decidir qué carrera tomar, nos basamos en personas que tenemos alrededor y quienes se dedican a la tecnología son hombres" por lo que desde su centro promueven programas de mentoría para animar a sus alumnas. "Traémos a profesionales digitales, que les sirven de modelo. Una vez acaban el curso y empiezan a trabajar, la intención es que ellas mismas se conviertan en mentoras".

PREDOMINIO MASCULINO

Estas tendencias educativas se reflejan en las empresas, donde también predominan los hombres. "Tan solo el 30% de las personas que trabajan en el sector tecnológico son mujeres", concreta Cèlia Díaz-Pardo, fundadora de la organización Women in Mobile. A esto se le suma, según Díaz-Pardo, el hecho que "solo 1 de cada 4 puestos de dirección en las grandes empresas tecnológicas, como Google, Facebook, Twitter, LinkedIn, eBay o Apple, está en manos de mujeres".

A esta cifra, se añaden otras. Según la Comisión Europea, pocas son las mujeres que mantienen una posición técnica a lo largo de su carrera profesional. En concreto, el 20% de las mujeres que han estudiado grados técnicos trabajan en el sector a los 30 años, pero, tan solo el 9% lo hace cuando tienen 45 años.

Díaz-Pardo justifica estos datos con que "existen barreras tanto para que las mujeres se incorporen al sector como para mantenerlas en él" y señala, por ejemplo, "a las dificultades para conciliar la vida personal y la laboral o para ser promocionadas".