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JAQUE A LA RED DE LOS 140 CARACTERES

¿Hay vida fuera de Twitter?

Entre los dogmas de la vida contemporánea asentados hoy en día con mayor fuerza, hay uno que brilla con luz propia: «Si no estás en Twitter, no existes». La fiebre con la que nuestra cultura ha adoptado esta herramienta de comunicación ha convertido en cuestión de vida o muerte la presencia en el nido del pajarito azul para marcas, celebrities, políticos y particulares. Sin embargo, no todos los que aparecen continuamente en los papeles y las pantallas desean figurar en los timeline de los usuarios. Y tienen sus razones.

Si mañana decidiera abrirse un perfil en Twitter, el Gran Wyoming no tardaría en encabezar el ránking de seguidores. Sin embargo, el presentador de El Intermedio tiene claro cuál es su sitio: «El famoso, lo que tiene que hacer cuando está en su vida privada, es meterse en un rincón. No quiero que la gente esté pendiente de lo que pienso. Por otro lado, soy muy sanguíneo y sé que Twitter me iba a crear muchos problemas. Además, tengo otras cosas que hacer», alega el comunicador.

Iñaki Gabilondo sabe que le bastarían pocas horas para convertirse en un auténtico influencer -usuario con multitud de seguidores-. Lo sabe porque se lo dijeron. «Un día me llamó un amigo felicitándome por haberme apuntado a Twitter. Yo no había hecho nada, pero alguien me había usurpado la identidad y en una hora tenía más de 5.000 seguidores», cuenta entre risas. El periodista prefiere mantener esta herramienta a distancia. «Es un invento excelente, pero prefiero dedicar mi tiempo a leer o escuchar música», argumenta.

Para muchos futbolistas, Twitter se ha convertido en una prolongación de sí mismos -Iniesta es el segundo usuario español con más seguidores, tras Alejandro Sanz, y Piqué el tercero- pero no busquen en esta red social a figuras adoradas como Messi, Xavi Hernández o Pep Guardiola. Situación parecida ocurre en el cine y la tele. Para muchos actores y presentadores, disponer de una lista larga de followers es el mejor argumento para pelear un buen caché, pero figuras como Ricardo Darín, Barbara Lenine, Mercedes Milá o Sara Carbonero han declarado abiertamente su oposición a tener un perfil propio en Twitter.

Autocensura y alergia«Me doy miedo. Si tuviera Twitter, podría acabar con mi carrera», argumenta Maribel Verdú. En Hollywood la entienden perfectamente estrellas como George Clooney, Brad Pitt, Angelina Jolie, Catherine Zeta-Jones, Michael Douglas o Jennifer Aniston, todos sin perfil en Twitter. «No hay nada que prefiera menos que estar compartiendo a todas horas detalles de mi vida cotidiana», ha declarado Scarlett Johanson.

Entre la intelectualidad tampoco hace furor esta plataforma. Al contrario, es frecuente oír argumentos en contra, como el que daba recientemente Mario Vargas Llosa: «Hay información que no se puede dar en 140 caracteres», señalaba el Nobel. Más contundente es el escritor y semiólogo Umberto Eco, quien el mes pasado, al recoger el diploma honoris causa de la Universidad de Turín, declaró: «El drama de internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad». Tampoco tiene Twitter, claro, ni le ve ninguna gracia a tenerlo.