Caso resuelto

Veinte años por matar al profesor de la calle de Trajà de Barcelona, un crimen de 2007

  • La unidad central de homicidios de los Mossos d'Esquadra ha aclarado un asesinato que llevaba atascado más de una década

Calle de Trajà, donde vivía el profesor asesinado en 2007.

Calle de Trajà, donde vivía el profesor asesinado en 2007. / Guillem Sánchez

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Guillem Sánchez
Guillem Sánchez

Redactor

Especialista en Sucesos, tribunales, asuntos policiales y de cuerpos de emergencias

Escribe desde Barcelona

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El cuerpo de Benito, un profesor de instituto de 52 años, fue hallado por su compañero de piso el 18 de octubre de 2007. Estaba amordazado, tumbado entre la cocina y el comedor del piso que ambos compartían, en la calle de Trajà de Barcelona. Había sido brutalmente apaleado y tenía las manos y los pies atados. En la boca tenía unos calzoncillos que le habían metido a la fuerza y que sujetaban varias vueltas de cinta adhesiva que envolvían su cabeza como si fuera una serpiente que constreñía su cabeza. El examen forense concluyó que Benito fue atacado por sorpresa y que murió por asfixia. Los Mossos d’Esquadra, que se habían desplegado a finales de 2005 en la capital catalana, no supieron averiguar quién había matado al profesor Benito.

El piso estaba destrozado. Quienes habían hecho eso con Benito lo habían revuelto todo. Habían arrancado cortinas, volcado cajones enteros. El suelo estaba infestado de papeles y del relleno de cojines que habían acuchillado y vaciado sin miramientos. Los investigadores de Barcelona escudriñaron el domicilio, tomaron fotografías, buscaron huellas dactilares e interrogaron al entorno del profesor. Sin suerte.

Con el paso de los años, las cajas del 'caso Trajà', así lo bautizaron, comenzaron a coger polvo, almacenando en su interior, perfectamente aisladas del paso del tiempo, todas las pruebas que recogieron en aquella escena de un crimen que no sabían aclarar.

Diez años después

La unidad central de homicidios, un grupo al que investigadores de los Mossos derivan casos que se atascan, recibió el encargo de reabrir las pesquisas del asesinato de Benito más de una década después. Comenzaron por rescatar aquellas cajas, leer el informe forense de su autopsia y repasar las fotografías. "Nos llamaron la atención los cojines", recuerda el subinspector Manel, a cargo de la unidad. Que los hubieran vaciado y rajado parecía indicar que los asesinos estaban buscando algo en concreto, que no habían entrado simplemente a robar a un desconocido.

A partir de ese nuevo enfoque, se sumergieron otra vez, con ojos frescos, en la vida de Benito. Observaron que acababa de cobrar una herencia y que una parte de ese legado el profesor lo había recibido en metálico y lo guardaba en casa. ¿Podían conocer ese detalle los asesinos? ¿Rajaron y vaciaron cojines buscando billetes?

Los policías pusieron el foco sobre su entorno de confianza. Benito era homosexual y tenía un novio mucho más joven que él, un veinteañero de origen brasileño. La relación entre ambos era de confianza. El chico vivía en un apartamento que Benito tenía en Sitges. Era razonable que a él le hubiera contado lo de la herencia. Revisando los registros de llamadas, a los investigadores les llamó la atención que el joven tenía una tía que vivía en Tarragona. No porque la tía pudiera estar detrás de algo así sino porque la mujer conocía a delincuentes que sí podían: ladrones chilenos con antecedentes por robos violentos en casas.

El grupo del subinspector Manel revisó robos violentos en domicilios cometidos en esa época. Vieron que ese mismo año, 2007, un vecino también homosexual como Benito había muerto en su casa de Badalona tras sufrir un violento asalto parecido al del profesor. "Los ladrones habían usado contra la víctima una violencia extrema" y, como había ocurrido con Benito, cuadraba que hubiera muerto por el enorme desprecio que habían mostrado por su vida los agresores más que porque hubieran allanado su morada con la intención de matarlo. Entre las personas investigadas en aquel crimen, había ladrones de la batería chilena en contacto con la tía del novio brasileño.

Las cajas

Los policías enviaron algunas de las pruebas que habían conservado las cajas de los investigadores de 2007 –trozos de cinta adhesiva, papeles de facturas o cartas o envíos publicitarios– y las enviaron otra vez a la policía científica, que más de diez años después del crimen disponía de reactivos más potentes. Al usarlos aparecieron muchas huellas dactilares que no habían sido capaces de encontrar en 2007. Al subinspector Manel le interesaban sobre todo dos huellas. Ambas pertenecían a dos integrantes de la batería chilena, dos hermanos.

Meses después de reabrir el caso, los Mossos acudieron al domicilio de Cambrils en el que residían los sospechosos. Los arrestaron a ambos. Y durante el registro los agentes dieron con un ‘kit de robos’ que contenía instrumentos que seguían usando para asaltar viviendas. Con la experiencia se habían vuelto más profesionales y menos violentos. Pero continuaban robando, a pesar de que ya habían sido arrestados con anterioridad, y de que constaban como sospechosos habituales, también para la Policía Nacional y la Guardia Civil.

El pasado mes de marzo, 15 años después, los dos hermanos fueron juzgados por un jurado de la Audiencia de Barcelona que consideró probado que el 18 de octubre de 2007 entraron en el piso de Benito, se encontraron con él y lo golpearon sin piedad. Lo ataron y amordazaron, sin importarles que pudiera morir asfixiado, como terminó sucediendo.

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Los asesinos del profesor han sido condenados a 20 años de cárcel, 17 por asesinato y 3 por robo con violencia. No ha resultado posible probar que la tía del novio brasileño había traslado la información de la herencia con el propósito de animar a los dos hermanos a robar a Benito.

Transcurrieron 12 años entre que el profesor murió en un violento asalto que sigue provocando pesadillas en el edificio de la calle de Trajà y la llamada que el subinspector hizo a sus familiares para citarlos en comisaría y explicarles que el caso estaba cerrado, que los asesinos de Benito estaban detenidos. “Es la parte más reconfortante de nuestro trabajo, ver que se emocionan, que pueden comenzar a cerrar el duelo”, explica el subinspector Manel. Esta unidad ha aclarado seis crímenes no resueltos desde su creación.