Confinamiento municipal

Controles policiales en el acceso a la Carretera de les Aigües de Collserola

  • Aluvión de coches, corredores, ciclistas y familias para alcanzar el tramo verde más famoso de Barcelona

  • Ni el viento ni las restricciones sanitarias han resultado disuasorios y el camino era un hormiguero

Embotellamiento por un control policial que corta el acceso a la Carretera de les Aigües.

Embotellamiento por un control policial que corta el acceso a la Carretera de les Aigües. / GUILLEM SÁNCHEZ

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La Carretera de les Aigües presentaba este domingo al mediodía una gran afluencia. Ciclistas, corredores, paseantes y perros han llenado el tramo verde más famoso de Barcelona, el que une el barrio de Penitents con Esplugues de Llobregat, nueve kilómetros de llano que recortan la sierra lateralmente, un mirador con vistas al mar con la ciudad desplegada en su totalidad como una alfombra urbana. Ni siquiera el miedo a ser sorprendidos por controles policiales o la presencia de un viento hostil han disuadido a ciudadanos en busca de sol y de aire descontaminado. Llenar pulmones horas antes del lunes.

Los Mossos d'Esquadra han situado una patrulla al inicio de la calle de Ferrer i Bassa de Esplugues, la que en tiempos prepandémicos usaban los coches para alcanzar la plaça Mireia y comenzar ahí el recorrido de las Aigües. La capacidad intimidatoria de la presencia policial era relativa. Muchos conductores han aparcado antes de superarlo y han seguido a pie. Otros han tratado de sortearlo saliendo a la misma calle desde afluentes posteriores. Esta segunda estrategia también se ha visto cortocircuitada por una segunda patrulla de la policía local de Esplugues cuyo control ha provocado que varios de los turismos se vieran atrapados. "Ya era hora que alguien pusiera sentido común", protestaba una ciclista que tenía que escalar por el carril de sentido opuesto porque el suyo estaba bloqueado por el embotellamiento.

El confinamiento municipal prohíbe salir del término de la población en el que se está empadronado. Sin embargo, las restricciones sanitarias sí dejan cruzar la frontera imaginaria entre pueblos si se hace durante una actividad deportiva. Es decir, los vecinos de Barcelona podían trepar hasta la Carretera de les Aigües desde el acceso de Esplugues si habían llegado corriendo o en bicicleta. Cuesta de imaginar que todos los que estaban allí –por motivos obvios– hubieran alcanzado esa cima por sus propios medios y no gracias a un motor. Y cuesta todavía más de imaginar que fueran todos de Esplugues. Lo más probable es que la mayoría fueran vecinos de Barcelona que saben que cada vez resulta más complicado entrar a las Aigües desde el acceso opuesto, el de la avenida Tibidabo.

La carretera de les Aigües, este domingo al mediodía.

/ GUILLEM SÁNCHEZ

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Quebrantadores o no de límites municipales, en la Carretera quienes paseaban llevaban mascarilla y no había grupos que parecieran desbordar las burbujas familiares. Para los corredores no era fácil mantener el ritmo y para las bicicletas tampoco lo era mantener el equilibrio a tan poca velocidad. Los perros iban a lo suyo. Y el viento, por ingrato que resultara, también había despejado el cielo.

No es una fotografía extraña en las últimas semanas. Lugares como las Aigües, la montaña de Montjuïc, las playas del litoral barcelonés –donde han proliferado los campos de voley playa) o avenidas como La Diagonal o como la que resigue el río Besòs se convierten en hormigueros los días festivos.