Menos gasto en calefacción

Casas que consumen menos energía: claves para ser más eficientes

El consumo por climatización del parque de viviendas puede reducirse construyendo bajo criterios bioclimáticos o llevando a cabo una rehabilitación energética

Los fondos Europeos Next Generation subvencionan las reformas que consiguen un ahorro de energía, a la vez que BBVA cuenta con el Préstamo Eficiencia Energética

El 25% de la calefacción que se gasta en una casa se debe a la pérdida de calor por las ventanas

El 25% de la calefacción que se gasta en una casa se debe a la pérdida de calor por las ventanas / Shutterstock

Víctor Fúser

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La ciencia ficción siempre ha intentado imaginar cómo serán las casas del futuro: gestionadas por robots, con comunicaciones vía hologramas, sensores por todos los lados o, directamente, convertidas en naves espaciales. Pero, en realidad, si hay un parámetro que deberán cumplir todas las viviendas futuras es que sean climáticamente responsables y, de paso, permitir a sus habitantes ahorrar en la factura energética. De hecho, esta es ya una cuestión de presente, dada la necesidad imperiosa de reducir las emisiones contaminantes para evitar el incremento de la temperatura media del planeta por encima de los 1’5 grados.

En España, el 20% del gasto energético total proviene del parque de viviendas. Y dentro de este porcentaje, el 47% del consumo de energía en un hogar corresponde a la calefacción, según los datos del Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía (IDAE). Se trata, por lo tanto, de un ámbito que puede y debe mejorar, especialmente ahora que se acerca el invierno. Un gesto que, además, supondría un ahorro para las familias en sus facturas. Por suerte, existen diversas estrategias para reducir el consumo energético que necesita una vivienda para calentarse. Algunas incluso comienzan en el mismo momento de su construcción, como es el caso de la casa bioclimática. En este vídeo se explican sus características principales:

La casa bioclimática, por lo tanto, es aquella que está diseñada expresamente para aprovechar los recursos naturales para su climatización, reduciendo al máximo la necesidad de energía. Y no se trata solo de innovar, sino también de recuperar técnicas de construcción tradicionales. Lo explica con claridad el arquitecto Juli Capella en el artículo ‘La casa del futuro: como las buenas del pasado’ con motivo de la celebración de los 45 años de El Periódico: “La nueva casa será ecológica necesariamente, como la arquitectura popular de siempre, que tenía en cuenta la orientación, la ventilación cruzada, el asoleo, vistas. […].Toda vivienda deberá adoptar el concepto de casa pasiva, más eficiente, de energía cero, o incluso mejor, generadora de excedente energético”.

Rehabilitar con criterios energéticos

Obviamente, no es posible derruir y construir todo el parque de viviendas de nuevo, así que los conceptos asociados a la casa bioclimática deben alcanzarse sobre todo mediante una herramienta que ha sido definida como clave para alcanzar los objetivos de reducción de emisiones: la rehabilitación energética. En este sentido, de las 19 millones de primeras residencias que existen en España, la mitad de ellas fueron construidas antes de 1980 y necesitarían una actualización, según explica Capella. Por eso, los fondos europeos Next Generation han puesto en foco en esta práctica y entidades como BBVA ponen a disposición de sus clientes productos como el Préstamo Eficiencia Energética, para abordar aquellas reformas que permitan reducir el consumo energético. Por ejemplo, el aislamiento de fachadas y la sustitución de ventanas, entre otras actuaciones.

Inmuebles en Barcelona.

Rehabilitación de un edificio de Barcelona. / RICARD CUGAT

De hecho, alrededor del 25% de la calefacción que se gasta en una casa se debe a la pérdida de calor por las ventanas. Por eso, instalar unas más eficientes que conserven el calor y aíslen del frío será una inversión que saldrá a cuenta en todas las estaciones y que, en un plazo de menos de 10 años, permitirá ahorrar más de 1.500 euros en energía. Además de suponer una reducción significativa de emisiones contaminantes. Por otro lado, un correcto aislamiento de las fachadas permite contrarrestar los consumos excesivos de climatización debido a una mala construcción. Puede llevarse a cabo de diversas formas: con un panel aislante en el exterior, con una cámara de aire en el interior del muro o con revestimientos interiores.

Paneles solares y aerotermia

Otro elemento habitual de una rehabilitación energética consiste en la incorporación de paneles solares fotovoltaicos en la cubierta del edificio. Estos pueden ser de dos tipos. Por un lado, están las placas solares térmicas, que tienen como objetivo usar la energía del sol para el agua caliente sanitaria o alimentar la calefacción. Por el otro, las placas fotovoltaicas pensadas para el autoconsumo eléctrico tanto de las zonas comunes en las comunidades de propietarios como en las viviendas. Otras actuaciones habituales son la renovación de la caldera central por otra de origen sostenible, como la biomasa; o el cambio de los antiguos sistemas de climatización por un sistema de alta eficiencia, como la aerotermia, también conocida como bomba de calor.

Una casa unifamiliar con instalación de placas fotovoltaicas.

Una casa unifamiliar con instalación de placas fotovoltaicas. / Unsplash

Se trata de una energía limpia, ya que transforma la energía almacenada en forma de calor en el exterior para proporcionar agua caliente sanitaria, calefacción y refrigeración con una elevada eficiencia. Y es que por cada kWh hora que un sistema de aerotermia consume de electricidad aporta 4 kWh de calor. Otro sistema que va ganando adeptos es la geotermia, que aprovecha las altas temperaturas del subsuelo terrestre para generar en una vivienda tanto frío como calor.

Pequeños gestos de sostenibilidad

Finalmente, hay una estrategia que no requiere ningún tipo de obra ni actuación externa para reducir el consumo de energía procedente de la climatización: poner en práctica pequeños hábitos sostenibles. Algo que incluye desde purgar los radiadores de agua –los más comunes en los hogares españoles– para que la presencia de aire no merme su eficacia o vestir la vivienda en invierno con elementos aislantes como alfombras y cortinas gruesas.

La calefacción en el hogar debería estar ajustada a unos 21 grados, según los expertos.

La calefacción en el hogar debería estar ajustada a unos 21 grados, según los expertos. / Unsplash

Otra de las medidas más eficaces, y fáciles, pasa por reducir la temperatura en el termostato. El IDAE recomienda, siempre que sea posible, ajustar el termostato a 20-21 grados y utilizar ropa de abrigo para estar en casa, bajar las persianas por las noches para que no se fugue el calor y correr las cortinas para evitar el frío desde los cristales. Por la noche, se debería apagar o, en zonas muy frías o casas mal aisladas, ajustar el termostato a los 15-17 grados.

Tal y como recuerda el organismo público, por cada grado centígrado en que se incrementa la temperatura de un edificio o vivienda, el consumo energético aumenta en un 7%, al igual que el gasto en calefacción y las emisiones de CO2. Y está en nuestras manos evitarlo.