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Explicación científica

¿Por qué los meteorólogos no siempre coinciden en sus predicciones y a veces vaticinan lluvias de distinta intensidad?

Los expertos explican que detrás de cada predicción hay modelos matemáticos extremadamente complejos, interpretaciones probabilísticas y una dosis de incertidumbre que no siempre es fácil de sortear

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Una mujer se protege con un paraguas de las fuertes lluvias en Shangái.

Una mujer se protege con un paraguas de las fuertes lluvias en Shangái. / HÉCTOR RETAMAL / AFP

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Valentina Raffio

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En momentos como ahora, mientras los cielos se van encapotando y se preparan para la llegada de una tormenta, todas las miradas se dirigen a los meteorólogos en busca de una predicción más o menos certera sobre cuándo, cómo y durante cuánto lloverá y si el episodio puede causar incidencias o suponer un peligro para la población. Y es ahí cuando, en ocasiones, los expertos pueden arrojar respuestas distintas a un mismo dilema. Como cuando la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) y el Servei Meteorològic de Catalunya (Meteocat) pueden ofrecer estimaciones diferentes sobre la evolución de un episodio y, a su vez, emiten niveles distintos de avisos en relación a las lluvias. ¿Pero por qué ocurre esto? ¿Por qué los meteorólogos no siempre coinciden en sus predicciones y a veces vaticinan lluvias de distinta intensidad? ¿Por qué los modelos sobre lluvias resultan tan extremadamente complejos de interpretar y, a veces, generan resultados tan confusos?

Según explica Joan Bech Rustullet, catedrático de Física de la Atmósfera de la Universidad de Barcelona (UB), las predicciones meteorológicas que arrojan los expertos no son oráculos infalibles sino una interpretación de "complejos modelos físico-matemáticos" que intentan representar el comportamiento de la atmósfera en determinados contextos. Cada uno de estos modelos, afirma el experto, utiliza grandes cantidades de datos observados de temperatura, humedad, presión o viento para realizar cálculos y estimar cómo evolucionará el tiempo durante las próximas horas o días. Y es ahí, a partir de esta información, que los expertos deben interpretar los resultados de los distintos modelos y elaborar su predicción final. Todo ello teniendo en cuenta la incertidumbre inherente a la atmósfera, un sistema complejo en el que intervienen numerosos factores y donde pequeñas variaciones en las condiciones iniciales pueden modificar la evolución prevista.

Las predicciones meteorológicas no son oráculos infalibles sino una interpretación de "complejos modelos físico-matemáticos" que intentan representar el comportamiento de la atmósfera

"La diferencia entre un pronóstico y otro puede depender de factores técnicos como el modelo utilizado, la frecuencia de actualización o la metodología empleada para transformar las salidas numéricas en un pronóstico final o un conjunto de escenarios asociados a una probabilidad", afirma Bech en una conversación con EL PERIÓDICO. Otro factor a tener en cuenta, explica el científico, es que las predicciones no se expresan en términos de certeza sino en umbrales de probabilidad. "Un modelo puede avistar la llegada de unas lluvias extremas pero con una probabilidad muy baja. Ahí la clave está en saber transmitir tanto el riesgo inherente a este escenario como la probabilidad de que se produzca", recalca el especialista.

"La diferencia entre un pronóstico y otro puede depender de factores técnicos como el modelo utilizado, la frecuencia de actualización o la metodología empleada para transformar las salidas numéricas en un pronóstico final"

Joan Bech Rustullet

— Catedrático de la UB

¿Pero por qué a veces se emiten avisos de distinta intensidad ante la llegada de un mismo episodio de lluvias? Como cuando la Agencia Estatal de Meteorología activa avisos de nivel amarillo y el Servei Meteorològic de Catalunya enciende los de nivel naranja ante un mismo temporal. En ese caso, Bech afirma que esta aparente divergencia se debe a que cada organismo utiliza diferentes criterios o umbrales para decidir cuándo una situación merece un determinado nivel de alerta. Por ejemplo, un organismo puede establecer un determinado nivel de aviso a partir de la cantidad de precipitación acumulada en 30 minutos, mientras que otro puede valorar la lluvia acumulada durante varias horas. En ocasiones, además, las entidades pueden introducir también distintos umbrales de riesgo en función de características propias del terreno por lo que los avisos por lluvia en algunas ciudades habituadas a una menor acumulación de agua podrían activarse antes que en otros parajes tradicionalmente más lluviosos.

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