Efectos de la crisis climática

¿Un futuro sin golondrinas?: la sequía complica su llegada

La falta de agua en los humedales y acuíferos limita la cantidad de barro, un material esencial para sus nidos

Golondrinas y vencejos, que reducen la cantidad de mosquitos, siguen en declive en España

golon ok

golon ok / SEO BirdLife

Guillem Costa

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Acaban de llegar y ya se puede disfrutar de sus vuelos ágiles y acrobáticos. Como cada marzo, la llegada de golondrinas, aviones y vencejos es la señal inequívoca de que nos acercamos al cambio de estación. Hace tiempo que nuestro comportamiento y la crisis climática les complican el aterrizaje. Pero este año, el paisaje que las espera es especialmente hostil.

Una mujer observa aves en Madrid.

Una mujer observa aves en Madrid. / SEO BirdLife

Los humedales están secos y dos de estas especies (golondrinas y aviones) lo van a tener difícil para encontrar barro. Sin fango, les llevará más trabajo de lo normal construir sus nidos, por lo que les puede costar sacar adelante sus crías. Algunas encuentran soluciones quedándose cerca de la costa o aprovechando el agua de algunas obras.

Otro obstáculo lo interpone la gente que tira sus nidos al suelo: "Está prohibido por ley, pero algunas personas, en invierno, mientras las casas de estas aves están abandonadas, aprovechan para destrozarlos, y es un problemón porque les cuesta mucho recolectar el barro bocado a bocado", se lamenta Luis Martínez, portavoz de la Sociedad Española de Ornitología. La presión, en este tipo de especies, es todavía peor cuando se trata de especies adaptadas a pueblos y ciudades: el grueso de su población cría en edificios.

Compañeras de Emilia

“Es importante que la gente conozca a estos pajarillos de 20 gramos: son fascinantes, vienen de África, donde han pasado nuestro invierno. Tras recorrer 5.000 kilómetros, vuelven cada año al lugar donde nacieron: por ejemplo en el porche de Emilia y Joan, en su casa de Cadaqués. Cada primavera sufren: "Ay que no vendrán, este año", se temen. Pero siempre acaban llegando: "Son como de la familia", celebra Emilia.

Pajaritos

El nido de golondrinas en casa de Emilia y Joan / Júlia Guzmán

Emilia y Joan ponen papel de diario en el suelo para que los excrementos no ensucien: "Disfrutamos de ellas todo el verano, arman un follón increíble, pero son monísimas, tienen mucha gracia". Emilia da una advertencia a los que se planteen derrumbar un nido: "Yo digo que si maltratas sus casas, te tocan siete u ocho años de mala suerte. A ver si la gente se lo piensa dos veces".

El ornitólogo Enric Pàmies lo vive de forma más profesional pero con la misma pasión: "Desde finales de febrero ya voy mirando a ver si aparece alguna de estas aves, porque empieza la migración de muchos pájaros, también de los rapaces". Golondrinas, aviones y vencejos le dan una alegría cada primavera: "La gracia de la afición a las aves es el cambio, y cuando aparecen estos individuos estivales ya sabes que cambia la época". Hace una semana, Pàmies ya avistó cuatro de estas especies.

Las tres mosquiteras

Mucha gente confunde tres clases de aves distintas: las golondrinas (construyen nidos de barro en alturas bajas), los aviones (se instalan en cornisas de edificios) y los vencejos (crían en grietas huecas, aunque cada vez hay menos por las rehabilitaciones). Los tres tipos tienen en común la alimentación: en pocos meses, engullen cientos de miles de mosquitos y pulgones. "Son insectívoras y, por lo tanto, muy beneficiosas para nosotros. Pero están en declive", avisa Martínez. Hay altibajos en la población. Sin embargo, las subidas no compensan las bajadas: se han reducido un 40%.

No solo la acción humana y la sequía —el maltrato a los humedales es muy mala noticia según Blas Molina del programa Aves y Cima de SEO— condicionan su viaje desde el sur de áfrica o el Sahel. Muchas de las zonas que atraviesan sufren incendios y quemas de vegetación. Además, cada vez hay menos insectos en el mundo.

Una golondrina común en vuelo.

Una golondrina común en vuelo. / SEO BirdLife

Esto, asegura Molina, también empeora la situación. Y la última traba son los vientos fuertes en la zona del estrecho, que cada vez soplan con más fuerza por el cambio global: "Estos vientos son la llave de paso que les abre la puerta a Europa". Este 2023, el acceso se ha abierto un año más, pero todos los expertos coinciden. El futuro es incierto y poco esperanzador: cada vez llegarán menos golondrinas y vencejos.