Incendios forestales

El 40% del suelo quemado en Europa es español: estas son las causas

El 40% del suelo quemado en Europa es español: estas son las causas

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Violeta Molina Gallardo / Nacho García

Más de 280.000 hectáreas han ardido en España en lo que va de año: es más del triple de la superficie calcinada en 2021 y supera en más de 70.000 hectáreas el terreno quemado en los últimos tres años. El 43% de la tierra quemada en la Unión Europea este año ha ardido en nuestro país. ¿Qué está pasando? ¿Por qué 2022 está siendo el peor año de los últimos lustros?

La despoblación y el abandono de la España rural, que inciden en el estado de los bosques; las condiciones meteorológicas, una deficiente gestión forestal y el cambio climático han propiciado un escenario inflamable que ha convertido a 2022 en un año tristemente histórico por la virulencia de sus incendios: apenas superada la mitad de agosto, 283.306 hectáreas han ardido, según el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS, por sus sigas en inglés).

No hay un único factor al que atribuir la gravedad de los incendios en este 2022, es un fenómeno complejo, como explican el doctor en Biología e investigador del CSIC Fernando Valladares y el decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes, Eduardo Rojas.

"Este año se han juntado varios factores. El cambio climático está de fondo, empujando estas olas de calor tan intensas que favorecen indudablemente los incendios, al secar los bosques y la vegetación, que prenden fuego muy fácil. También trae consigo tormentas secas, sin lluvia pero con impacto eléctrico y riesgo de chispas que puedan empezar nuevos incendios. Además, hay que añadir cómo pillan estas condiciones climáticas al monte, al prado, a los matorrales y a los bosques. El abandono rural ha hecho que en muchos lugares se acumule combustible que se vuelve muy peligroso", indica Fernando Valladares.

No hay un único factor al que atribuir la gravedad de los incendios en este 2022, es un fenómeno complejo, como explican el doctor en Biología e investigador del CSIC Fernando Valladares y el decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes, Eduardo Rojas.

"Este año se han juntado varios factores. El cambio climático está de fondo, empujando estas olas de calor tan intensas que favorecen indudablemente los incendios, al secar los bosques y la vegetación, que prenden fuego muy fácil. También trae consigo tormentas secas, sin lluvia pero con impacto eléctrico y riesgo de chispas que puedan empezar nuevos incendios. Además, hay que añadir cómo pillan estas condiciones climáticas al monte, al prado, a los matorrales y a los bosques. El abandono rural ha hecho que en muchos lugares se acumule combustible que se vuelve muy peligroso", indica Fernando Valladares.

Rojas precisa que el año ha sido muy seco en la España interior, lo que tiene consecuencias en la vegetación. A esto hay que sumarles unas condiciones meteorológicas de elevado calor, poco viento y aire muy seco. Las olas de calor han provocado temperaturas excepcionalmente altas en el interior y valores ínfimos de humedad. La existencia de viento del sur constante en el interior impide que refresque por las noches.

"Se han producido tormentas secas, con rayos que generan incendios. Sobre la vegetación normal no hay problema, pero si ésta se seca, arde. Los rayos caen en sitios más inhóspitos, de difícil acceso. Pueden llegar a estar latentes 15 días. (...) Este año, el porcentaje de superficie afectada por rayos ha sido alto, entre el 30 y el 40 %, algo que nunca hemos tenido", sostiene el decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes.

El cambio climático refuerza el problema de los incendios, de por sí grave por la situación geográfica de España, la zona europea más cercana al Sáhara y donde la época más cálida es también la más seca.

"¿Hay ahora más riesgo? Sí, básicamente porque la meteorología es más extrema, con veranos más inestables que forman tormentas con más facilidad y olas de calor más intensas incluso fuera de tiempo. Las nevadas como Filomena dejan el monte lleno de árboles muertos, la biomasa muerta quema horrorosamente", afirma Rojas.

El experto también apunta a que los bosques están menos sanos porque hay plagas de insectos invasivos que hacen más estragos. Ahora bien, el ingeniero hace hincapié en que el cambio climático es un elemento que influye en los incendios, "pero sería irresponsable echar la culpa al cambio climático".

¿A qué se refiere Rojas? Al abandono del campo y a la falta de gestión del territorio forestal.

La raíz del problema

"España, por muchas razones, se ha urbanizado de forma precipitada y caótica y ha abandonado el mundo rural, especialmente el de montaña. El hundimiento ha sido brutal. Esta es la raíz del problema, hemos dejado a la mitad del territorio en un agujero al que no dedicamos atención", lamenta el ingeniero.

El paisaje se ha llenado de vegetación por el abandono agrícola y de la ganadería extensiva (el ganado es un gran consumidor de biomasa), una vegetación que es "extremadamente combustible", arbusto y matorral.

"Si hay un punto de ignición y no se puede parar al comienzo, el recorrido para el fuego es brutal. Necesitamos generar interrupción en las masas forestales", añade.

Los bosques jóvenes y de mediana edad, de robles y encinas, han crecido sin orden ni control y tienen muchos árboles por hectárea, que luchan por el agua existente y están muy secos. El ingeniero es partidario de retirar algunos y dejar los mejores árboles, que resistirán mejor las plagas y las sequías, mientras que la biomasa sobrante se puede utilizar para la generación de energía en un momento de crisis energética.

En este sentido, Valladares señala que hace 60 u 80 años se plantaron bosques de una única especie, principalmente pinos y eucaliptos, para producir madera. Se hizo "con otra mentalidad, otro clima y otro conocimiento": "Esos bosques que se plantaron con esa visión ahora lo que están produciendo son problemas ambientales por la pérdida de diversidad, pero también riesgo de incendios porque son bosques muy inflamables".

Gestionar el territorio

El investigador del CSIC aboga por buscar una nueva estructura y configuración de los bosques en "amplias zonas del territorio" que permitan que haya vías de acceso, en caso de incendio, pero también una heterogeneidad del paisaje con parcelas distintas, algo que ya favorecían en tiempos del Imperio Romano. Es el paisaje en mosaico que combina bosque, pastizal, terreno para la agricultura... Esto impide que el fuego se extienda con rapidez, pero es difícil de mantener si la España vaciada no se empieza a llenar de gente y de actividad.

No se trata de llenar el bosque de cortafuegos, matiza Rojas, sino de recuperar campos de cultivo y zonas de pastoreo. El ingeniero destaca que hoy los sistemas informáticos de modelización permiten prever cómo se desarrollaría un fuego en una determinada orografía, lo que puede ayudar a detectar en qué puntos críticos se deberían establecer puntos estratégicos de agricultura, de dónde se debería retirar la biomasa. "La vid es el mejor cortafuegos que tenemos", asegura el experto, que pide ayudas de la PAC para agricultura y ganadería extensiva.

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El decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes reconoce que esta gestión forestal es compleja y requiere "decenas de miles de pasos", mientras que es "mucho más fácil comprar aviones" para apagar fuegos.

España ya cuenta con un avanzado sistema de extinción de incendios, el problema radica en la prevención.