Océano Pacífico

Punto Nemo: así es el vertedero en el que tirarán la Estación Espacial Internacional

El final del proyecto de exploración cósmica se acerca y, con él, también lo hace "el entierro" de la gran plataforma

Imagen del exterior de la Estación Espacial Internacional (ISS)

Imagen del exterior de la Estación Espacial Internacional (ISS) / NASA

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Jordi Muñoz

Tras más de dos décadas en constante funcionamiento, la Estación Espacial Internacional comienza a vislumbrar el final de su vida útil. Así lo han confirmado tanto la NASA como el resto de socios que forman parte del proyecto, que han marcado el año 2031 como el momento clave para llevar a cabo el cese de actividades.

Su destino, después de mantenerse en órbita desde su lanzamiento en 1998, será el fondo del océano. Según explica la agencia espacial estadounidense, dirigir la plataforma hacia el mar es la decisión más adecuada para "reducir la basura espacial" y así evitar que pueda convertirse en un elemento de peligro que caiga a la Tierra de forma incontrolada.

El fin de una era

Pese a que las operaciones continúan -y continuarán- con total normalidad en la EEI, lo cierto es que los acontecimientos que han tenido lugar durante los últimos años muestran señales claras de agotamiento en la organización.

La muestra más clara de ello se dio hace apenas unas semanas, cuando el jefe de Rocosmos anunció que Moscú abandonará la Estación Espacial Internacional después de 2024. La tensión entre Rusia y Estados Unidos precipitó la decisión, aunque en anteriores ocasiones habían alertado de que la infraestructura se estaba quedando obsoleta.

Si bien es cierto que han asegurado que cumplirán con sus obligaciones hasta esa fecha, como ya mostraron cuando transportaron a un astronauta estadounidense en pleno conflicto con Ucrania, la marcha de Rusia significa el punto y final a la historia de cooperación que ha marcado la exploración cósmica desde que terminaron la Guerra Fría y sus alocadas carreras espaciales.

Ahora, llega un futuro incierto con varios interrogantes aún por resolver. Rocosmos ya ha comunicado que construirá una estación espacial propia, la NASA apunta a la implantación de futuras estaciones comerciales y potencias incipientes como China se posicionan como actores principales en el nuevo escenario de la investigación extraplanetaria.

El Punto Nemo, hogar de la basura espacial

Dejando la geopolítica a un lado, los socios de la Estación Espacial Internacional se enfrentan a un problema práctico a largo plazo: dónde desechar una enorme plataforma que ocupa el espacio equivalente a un campo de fútbol y cuyo peso en la Tierra se calcula que es de unas 450 toneladas.

Abandonarla en el espacio no es una solución posible, así que la opción escogida ha sido tirar la EEI en el Punto Nemo, el lugar más remoto de todo el planeta Tierra con respecto a cualquier superficie terrestre. Se trata de un lugar inhóspito en medio del Océano Pacífico que ha servido históricamente de vertedero espacial.

Su historia se remonta al año 1992, cuando el científico Hrvoje Lukatela calculó la ubicación exacta de lo que técnicamente se conoce como “el polo oceánico de inaccesibilidad”. Las islas más cercanas, la Isla Ducie (de las islas Pitcairn), al noreste la de Motu Nui (islote de la Isla de Pascua) y la Isla Maher, se encuentran a unos 2.700 kilómetros de distancia.

Ubicación del Punto Nemo

/ Google Maps

Debido a la escasa actividad biológica de la zona, su profundidad -unos 3.700 metros- y la situación geográfica del Punto Nemo, las agencias espaciales eligen estas coordenadas para tirar su su "basura cósmica". Cabe destacar, eso sí, que la mayoría de objetos de las misiones se destruyen nada más entrar en la atmósfera.

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En este sentido, Stijn Lemmens, experto en desechos espaciales de la Agencia Espacial Europea, explicó que se han enviado entre 250 y 300 objetos espaciales hacia el Punto Nemo desde 1971. El más importante hasta el momento, la antigua estación espacial soviética MIR en el año 2001.

El objetivo para el futuro, según explicó Lemmens, es que los cohetes y plataformas se diseñen para desaparecer sin dejar rastro, consiguiendo que no sean necesarios "los entierros" en el cementerio espacial.

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