18.000 en un fin de semana

Los compostelanos piden cambiar el modelo turístico de la ciudad: "Santiago no es para los peregrinos"

El crecimiento de la afluencia de estos visitantes provoca cortes en calles y carreteras, suciedad en el casco viejo y falta de descanso entre los vecinos

Los compostelanos piden cambiar el modelo turístico de la ciudad: "Santiago no es para los peregrinos"

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Silvia Cano

Santiago de Compostela, el sanctasantorum de la peregrinación, está estos días 'invadida' por mareas de personas que llegan tras haber completado el camino. Sin embargo, no siempre son bien recibidos por los habitantes de la ciudad: la marabunta que transita estos días por la capital gallega ha causado disgusto entre numerosos vecinos, que ven como muchos de los peregrinos terminan provocando molestias con cortes de carreteras y comportamientos incívicos. La ciudad recibe cada día a más de 3.000 peregrinos -en total, repartió más de 50.000 compostelas en agosto-, pero esta semana han llegado 12.000 de golpe; 12.000 turistas que han colmado el vaso de la tolerancia y el acogimiento de varios santiagueses.

Coincide con la llegada de los participantes en la Peregrinación Europea de Jóvenes (PEJ) organizada por la Iglesia católica que, tras salir desde más de 10 rutas diferentes, se reúnen en Santiago de Compostela entre el 3 y el 7 de agosto. "Es el gran evento que tenemos después de la pandemia a nivel de Iglesia en España, un momento de esperanza y alegría", dijo el pasado viernes el director del secretariado de la Subcomisión Episcopal para la Juventud y la Infancia, Raúl Tinajero en rueda de prensa.

Pero algunos vecinos lo que ven son mareas de gente cortando calles y carreteras, enarbolando cruces y banderas de España, entre gritos y cantos. Como todos los años se repiten más o menos las mismas imágenes surgen voces que plantean el siguiente debate: ¿hay que repensar el modelo turístico de Santiago?

Falta de descanso

Entre las quejas más frecuentes está el hecho de que los peregrinos entran en la ciudad por la Rúa de San Pedro o por la Porta Faxeira, las vías más populares para llegar a la Plaza del Obradoiro y la Catedral de Santiago. Antes, los peregrinos viajaban en pequeños grupos y sin molestar. Ahora, denuncian los vecinos, entran en grupos de cientos, incluso miles de personas, entonando cánticos a pleno pulmón desde primera hora de la mañana.

Hay quien se queja de que recorran calles emblemáticas de Santiago en bicicleta y a toda velocidad incluso en calles como la Rúa de San Pedro, donde está prohibido hacerlo.

Una vez que los peregrinos llegan a Santiago, aseguran los vecinos, parece que "la ciudad es suya". "Se mueven en grandes grupos, cortando calles y carreteras sin previo aviso. Ni los coches ni los peatones tienen por dónde moverse", dicen, preguntándose si no hay ningún control policial que ponga ciertos límites.

La basura y las enormes pilas de mochilas en plena Plaza del Obradoiro o el potencial daño a monumentos Patrimonio de la Humanidad son otros de los motivos de preocupación alegados por los santiagueses, como atestiguan las fotos publicadas en las redes sociales de varios caballos amarrados a la verja de la iglesia de Santa María de Salomé, un edificio del Siglo XII que podría verse afectado si los animales tiran de las verjas.

Mantener lo convivencia

"No debemos ni podemos permitir que hordas con banderas, gritando y ocupando todos los espacios públicos de Santiago impidan la convivencia, la paz y la vida ordinaria en Compostela, sus barrios y sus parroquias. Las personas que viven permanentemente aquí tienen derechos que hay que respetar y garantizar. Y si llega una peregrinación masiva... para eso está el monte do Gozo...", denuncia la Asociación Vecinal Plataforma de Galeras.

Otros colectivos, como A Xuntanta y la Asociación Empresarial de la misma zona llegaron a colocar un enorme cartel con un decálogo de buenas prácticas para los peregrinos con normas tan simples como no gritar, no saltarse los semáforos o no tirar basura al suelo.

Ante la presión de los compostelanos, el alcalde de la ciudad, Xosé Sánchez Bugallo (PSdeG), tuvo que salir al paso tras la Junta de Gobierno admitiendo que la afluencia de peregrinos podía causar molestias a los vecinos o hacerles sentir "un poco agobiados" pero, aún así, les pidió un "esfuerzo de acogimiento" para hacer sentir a gusto a los visitantes. Eso sí, también incidió en que los peregrinos deben responder con civismo y con "el mejor comportamiento posible".

El presidente de la Xunta alega motivos ideológicos

Por su parte, Alfonso Rueda, presidente de la Xunta de Galicia, ha desestimado las críticas de santiagueses tanto dentro como fuera de las redes. A preguntas de la prensa tras la reunión semanal de su gabinete ha alegado que las quejas de estos vecinos se deben a "posiciones ideológicas".

El debate sobre el modelo de turismo no es nuevo y está en todas las posiciones políticas, pero el presidente ha vinculado las quejas con la Peregrinación Europea de Jóvenes, insinuando que si los jóvenes molestan a algunos compostelanos es porque portan banderas de España y entonan cantos católicos.

“Lo que se escucha estos días de no estar de acuerdo con que determinadas personas acudan durante días concretos en un número muy importante como peregrinos a Santiago es mezclar la ideología con datos objetivos. Dependiendo de quien venga se juzga su actitud de una manera o de otra", alegó Rueda.

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Entre 2004 y 2018, ambos años Jacobeos, el número de peregrinos creció en Santiago un 84%. Este año, también santo ya que el Vaticano prolongó los jubileos 12 meses por las limitaciones de movilidad que existían en 2021 a causa del covid, el número sigue creciendo. Si en todo 2021 se contabilizaron 178.913 compostelas entregadas, solo en lo que va de 2022 se han entregado ya 198.000.

Por lo tanto, lo que antes eran grupos dispersos de peregrinos, son ahora grandes mareas que no ocupan solo el Casco Viejo de la ciudad, sino que se extienden a zonas residenciales más alejadas que no están acostumbradas a la 'turistificación'. Desde las redes sociales arrecian las peticiones a la Administración Pública para que se replantee el modelo turístico de la ciudad e incluso que se limite el número de peregrinos que pueden llegar a Santiago para garantizar la calidad de vida de sus habitantes.

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